El procesado junto a su abogado de oficioJ.Fernandez Ortega

Juicio en Palma

El jefe de Homicidios, sobre el rumano que cosió a puñaladas a su mujer ante su bebé: «Jamás había visto semejante burrada»

Arranca el juicio con jurado popular contra el hombre acusado de asesinar a su expareja en presencia de su hija de 21 meses: la Fiscalía pide 27 años de cárcel por asesinato, quebrantamiento y maltrato

Camisa negra, pantalón negro y unas zapatillas blancas con una raya también negra y pequeñas tachuelas brillantes. George Virgiliu Teianu ha seguido la primera sesión de su juicio encorvado, con la cabeza baja y prácticamente inmóvil. Apenas ha hablado con su abogado. Sólo se le ha visto emocionarse cuando la acusación ejercida por los servicios sociales ha hablado de las dos hijas menores de la pareja y de la situación de desamparo en la que quedaron después de que él matase (presuntamente) a puñaladas a su madre, su entonces expareja. La pequeña tenía 21 meses cuando el tipo la cosió a puñaladas y, lo que es peor, la pequeña iba en el coche, en el asiento trasero. No sólo presenció la escena del crimen sino que también sufrió hematomas en cabeza y pierna por la temeridad de su padre.

Todo esto -y más- ha salido a relucir este viernes en la Audiencia Provincial de Palma, que acoge el juicio con jurado contra Teianu por el asesinato de Rosario Díaz, Chari, como se la conocía en el Arenal, su localidad de residencia. La Fiscalía sostiene que la mató de 66 puñaladas el 10 de diciembre de 2024, después de convencerla para que se vieran pese a que tenía prohibido acercarse y comunicarse con ella. El fiscal y la acusación particular, ejercida por el abogado Carlos Portalo, piden 27 años de prisión. La defensa, a cargo de Llorenç Gomila, solicita la absolución.

El primero en declarar ha sido el inspector jefe del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional. Lleva 16 años en el cuerpo, cinco de ellos como jefe del grupo, y fue el instructor de las diligencias. Ante el tribunal y el jurado, ha explicado que recibieron el aviso de un posible delito contra la vida y salieron corriendo. Al llegar, la Policía Local y los servicios sanitarios ya habían colocado un biombo para tapar el cuerpo inerte de la muerte.

—¿Cuando usted llega al lugar de los hechos qué escena se encuentra? —le ha preguntado el fiscal Jaime Guasp.

Sangre.

«El procesado estaba prácticamente todo cubierto de sangre. Tenía sangre en las manos, en la ropa y en las zapatillas. Los investigadores fotografiaron sus manos». Y esas fotos se mostraron en la sala. Eran dos manos esposadas y efectivamente, bañadas en color rojo. «En los 16 años que llevo en la Policía no había visto una burrada semejante», ha dicho.

Puñaladas por delante y por detrás

El Jefe de Homicidios hablado de «incontables» heridas de arma blanca. Muchas estaban agrupadas en la cabeza, el cuello y la espalda. Los investigadores interpretaron esa concentración de heridas como la secuencia lógica de alguien que ha recibido multitud de puñaladas por el frente y, una vez perdido el conocimiento, cae hacia delante y el agresor continúa propinando cuchillazos en la zona superior del cuerpo atado con un cinturón de seguridad.

El acusado, ha relatado, ya estaba detenido cuando Homicidios llegó. Los policías locales lo habían encontrado poco antes sentado en un banco de un parque. Cuando los vio acercarse levantó la mano. Les dijo que era el del accidente y que había matado a su mujer. También les indicó que el arma estaría en el coche. El cuchillo apareció debajo del pedal del acelerador. El fiscal se lo ha mostrado durante el interrogatorio y el policía lo ha reconocido. También a los miembros del jurado, que han podido constatar los 15 centímetros de hoja a 15 centímetros de distancia.

Buena parte de su declaración se ha dedicado a reconstruir el recorrido del coche. Los investigadores utilizaron las cámaras de seguridad de la zona, las declaraciones de los testigos y los datos del dispositivo telemático que llevaba George Virgiliu. Sobre él pesaba desde el 2 de noviembre una orden de alejamiento de 500 metros y la prohibición de comunicarse con Chari. Llevaba una tobillera del sistema de control telemático pero la alarma no saltó porque faltaba el otro dispositivo. La mujer había dejado el suyo en casa; había accedido a ir con su maltratador a por la hija pequeña de ambos a recogerla a la guardería. «Si hubiera sido él quien se la hubiese arrancado, habría saltado la alarma», ha explicado el inspector.

Las cámaras permitieron seguir después el coche por distintas calles. El inspector ha ido señalando el recorrido sobre un mapa durante su declaración. En un momento determinado el vehículo permanece parado unos cinco minutos. Después avanza unos metros en dirección contraria, muy despacio, y termina reincorporándose. La Policía sitúa en ese intervalo el inicio de la agresión.

Un conductor que se cruzó después con el vehículo explicó que no veía a nadie sentado normalmente en el asiento del copiloto y que el hombre que conducía iba ladeado. Los investigadores creen que en ese momento estaba buscando el cuchillo. La cantidad de sangre habría hecho que se le resbalara durante la agresión, y que lo buscase entre los pedales.

Hay también grabaciones hechas por vecinos. El acusado vestía entonces una camiseta amarillo fosforito, que permitió distinguirlo en algunas imágenes.

El trayecto terminó después de varios incidentes de circulación y una colisión por alcance con otro vehículo. Chari seguía dentro del coche. También la niña. El inspector ha explicado que la menor iba sin sujeción y que el impacto fue fuerte. Él no llegó a verla cuando acudió al lugar porque ya estaba siendo atendida. Teianu salió del vehículo y se marchó andando, a pesar de la multitud de gente que le increpaba por «un accidente de tráfico». Nadie imaginaba lo que había ocurrido dentro.

Una relación tortuosa y un vídeo de TikTok premonitorio

La investigación continuó con las cámaras, los teléfonos, los testimonios y las redes sociales. El inspector ha explicado que revisar estas últimas forma parte de las pesquisas porque, en determinados casos, pueden aportar información sobre los días anteriores a un crimen o sobre las intenciones de un investigado. Encontraron un vídeo en TikTok. En él aparecía George Virgiliu hablando a cámara mientras sonaba una canción en rumano. El inspector la ha calificado de «amenazante» y «reveladora».

También tomaron declaración a personas del entorno de Chari. El jefe de Homicidios ha dicho que los testigos con los que hablaron describieron una relación de sometimiento, amenazas y malos tratos y que el acusado no aceptaba la separación. Ha relatado además lo que les contó una amiga sobre un episodio ocurrido el 7 de diciembre, tres días antes de la muerte de Chari. Según esa declaración, ella viajaba con sus dos hijas cuando él habría comenzado a dar volantazos.

El inspector ha mencionado asimismo amenazas dirigidas a personas que se interpusieran en la relación y ha explicado que, según los testimonios recabados durante las diligencias, Chari había sido obligada a prostituirse para obtener dinero. Para, más concretamente, «pagar los caprichos de ese señor que está ahí».

El fiscal le ha preguntado también por el comportamiento del acusado después de su detención. «No estaba nervioso, tampoco tranquilo, pero desde luego razonaba con normalidad, para nada trastornado».

El lunes se retoma el juicio que, el abogado de la víctima, ya ha calificado como «uno de los episodios más ignominiosos de la historia reciente de esta comunidad».