El procesado junto a su abogado de oficioJ.Fernandez Ortega

Tribunales

El asesino de 'la Chari' que llevaba «el demonio dentro» (y drogas) : «Yo la quería pero ella sacó el cuchillo»

El rumano George Virgili Teinau ha dado su versión ante el jurado: reconoce que mató a su mujer pero dice que el arma homicida la sacó y empezó empleando ella: «Era buena mujer, buena mamá»

Como si ella protestase desde el cielo, un trueno ha invadido la sala tras la lacrimógena intervención de George Virgili Teinau, el acusado de asesinar a su pareja, «la Chari», como él la llama(ba). Es la primera vez que el homicida confeso habla en público y lo ha hecho para clamar, entre lágrimas, su amor por la víctima, por sus hijas, y dejar claro que «merece ser condenado» por lo ocurrido. Pero ojo, matiz, porque según su versión, el cuchillo -el arma homicida- lo portaba ella, la agresión la comenzó ella y él, simplemente, se defendió. 66 puñaladas «en legítima defensa» y en un estado de total desconexión con la realidad ya que llevaba «dos noches sin dormir y mucha cocaína, marihuana y chocolate en el cuerpo». Y ha vuelto a tronar. Ni el más milimetrado guión de crónica negra podría superar esta sesión.

Teinau ha sacado un bloc de notas ante el tribunal y ha comenzado a leer. El texto lo había escrito el día anterior, este martes, para afrontar una comparecencia especialmente esperada, ya que hasta ahora el jurado había escuchado hablar de él, de su relación con Chari y de lo sucedido aquel 10 de diciembre de 2024, pero no a él. Durante la primera mitad se ha mantenido entero. Ha leído con relativa serenidad, siguiendo sus notas y reconstruyendo las horas anteriores al crimen. Después ha empezado a quebrarse. Primero la voz, luego las lágrimas. Ha moqueado, se ha limpiado la cara y ha tenido dificultades para continuar, sobre todo al hablar de sus hijas y del daño causado a su familia.

«Yo nunca planeé matar a mi mujer», ha repetido ante los miembros del jurado. Su versión es que aquella mañana no había ningún crimen previsto, sino un viaje a Tenerife, un desayuno con su pareja, dos niñas que recoger y una tarde que pasar juntos antes de ir al aeropuerto porque él volaba a Tenerife. Según ha dicho, ella no quería que él se fuese. Horas después, Chari estaba muerta.

Él se iba a Tenerife «y ella no quería»

La víspera del crimen, el acusado le había pedido que hiciera unas gestiones relacionadas con los billetes y aquella mañana Chari, ha asegurado, le envió por WhatsApp las fotografías de la documentación. Después quedaron para desayunar. Más tarde volvieron a encontrarse para recoger a una de sus hijas. Según él, iban a pasar juntos el resto de la tarde y Chari debía llevarlo al aeropuerto.

La bronca estalló en el coche. Teinau asegura que «ella estaba muy nerviosa porque no quería que se marchara», que comenzaron los reproches y los gritos y que fue Chari quien sacó el cuchillo y lo atacó primero. «Lo que no entiendo es qué hacía con el cuchillo en su bolso». Ni siquiera en este punto ha querido decir que Chari pretendiera matarlo. «No quiero decir que ella intentó matarme. Seguro que nunca lo haría». Pero sí que ella llevaba el arma, que ella empezó y que él reaccionó. Esa es la legítima defensa que ha invocado para explicar el inicio de una agresión que terminó con 66 puñaladas.

«El demonio dentro de mí»

Para explicar todo lo que vino después ha recurrido a otra cosa: que perdió la cabeza. «Lo juro por Dios, no me acuerdo de nada». «Una cosa brutal, del demonio dentro de mí», ha dicho sobre aquellos minutos. «No lo entiendo, no lo puedo explicar. Juro por Dios que no era yo en ese momento». A eso ha añadido las drogas. Llevaba, según ha contado, dos noches sin dormir y había consumido cocaína, marihuana y «chocolate», entre otras sustancias.

Después se alejó del coche. Cien, ciento cincuenta metros, ha calculado. Paró, miró hacia atrás y vio a un montón de gente. Ya se escuchaban las sirenas de la Policía y las ambulancias. Llamó a su hermano mayor y le contó lo que había ocurrido. Su hermano lo insultó y le rogó que le dijera que no era verdad. Entonces vio un coche de la Policía Local y levantó la mano para hacerlo parar. Se acercó a los agentes y les dijo lo que había hecho. Teinau ha recordado ese momento para negar que quisiera escapar después de matar a Chari.

También ha aprovechado su turno para contestar a otra de las acusaciones que han teñido todo el juicio: los malos tratos. Los niega rotundamente y para hacerlo ha recurrido a su vida en común. Ha hablado de los años que Chari trabajó junto a su madre, de dinero, de ropa, de tratamientos dentales -«llevaba buenos dientes», ha dicho- y de los viajes familiares a Dubai, Turquía o Rumanía. Su razonamiento ha sido que una mujer maltratada durante años habría dado señales que su propia madre, con quien trabajaba a diario, habría podido advertir.

Hasta ahí, el rumano había conseguido leer el texto que llevaba preparado. Luego se ha ido deshaciendo. Ha llorado y moqueado mientras seguía agarrado al bloc de notas. «Merezco ser condenado». «No podré pagar el daño enorme que hice a mi familia». «Llevaré a Chari en mi corazón hasta el día que me muera». El arrepentimiento, sin embargo, no ha cambiado ni una coma de lo que llevaba defendiendo desde el principio. Acepta que la mató y acepta que debe ser condenado. Lo que no acepta es que aquello fuera premeditado. «Yo nunca planeé matar a mi mujer».

Eso es lo que ha venido a decirle al jurado.