Carlos, el ejemplo

Seguridad vial

Carlos tenía 25 años cuando no se puso el cinturón: «Un segundo me cambió la vida para siempre»

Una campaña de concienciación alerta sobre las distracciones al volante y recuerda que ponerse el cinturón puede evitar lesiones irreversibles, de la mano de la Asociación de Lesionados Medulares y otras Discapacidades Físicas

Carlos Martín tenía 25 años, estaba casado y era (es) padre de dos niños, uno de cuatro años y otra de apenas seis meses cuando todo cambió. Un trayecto corto, de esos en los que uno puede pensar que «no pasa nada», arrasó su vida para siempre. Hoy, a sus 47 años y después de más de dos décadas en silla de ruedas, utiliza su propia experiencia para lanzar un mensaje innegociable: el cinturón hay que ponérselo siempre. Carlos participa en una campaña de concienciación sobre seguridad vial y distracciones al volante. Lo hace desde la experiencia, sin dramatismos y con una serenidad que impresiona. «Llevo 21 años en silla de ruedas por no usar el cinturón ese día», explica.

El accidente ocurrió en un desplazamiento por carretera en Mallorca. Carlos conducía cuando sufrió un síncope y perdió el conocimiento. El vehículo salió de la vía y dio varias vueltas de campana. Según recuerda, circulaba aproximadamente a 60 kilómetros por hora. No iba a gran velocidad. Tampoco estaba haciendo una maniobra temeraria. Pero no llevaba puesto el cinturón y aquello lo cmabió todo.

Se clavó el volante

Su cuerpo golpeó violentamente contra el volante y sufrió graves lesiones vertebrales que le provocaron una lesión medular. «Quiero que quede bien claro: tuve el accidente porque sufrí un síncope, pero estoy en silla de ruedas por no llevar el cinturón», recalca.

En el coche viajaban además otros familiares. Entre ellos estaba su ahijada, de solo tres años, que salió despedida por una ventana. Afortunadamente sobrevivió sin consecuencias graves. Carlos reconoce que ese desenlace pesa especialmente en su recuerdo: saber que la pequeña estaba bien le permitió afrontar de otra manera todo lo que vino después.

La dimensión de lo ocurrido tardó en asimilarla. Fue ya en el hospital cuando empezó a comprender que aquella lesión iba a acompañarle el resto de su vida. Tenía 25 años y dos hijos muy pequeños. De repente, actividades cotidianas que había dado por hechas dejaron de serlo.

Pero Carlos decidió continuar. «Tenía que seguir siendo yo, seguir siendo feliz», resume. No pretende presentar su forma de afrontar la lesión como una receta universal y reconoce que un proceso así no resulta igual para todo el mundo. En su caso, su familia y sus hijos fueron el principal impulso. Más de veinte años después habla de la silla de ruedas con naturalidad: su vida cambió, pero no terminó.

Por ello hoy difunde la palabra con su ejemplo, desde su silla de ruedas. Se horroriza cuando ve conductores pendientes del teléfono, mensajes de WhatsApp, llamadas o pantallas. "Ningún mensaje necesita ser contestado inmediatamente. Son cinco, diez minutos, un cuarto de hora. Cuando llegues, ya contestarás. Lo primordial es la seguridad. Para ti y para los tuyos».