Desde la retaguardiaMiquel Segura

El poncio Rodríguez Badal abandona el Pretorio por la puerta de atrás

Si tenemos en cuenta por dónde van los tiros de la tendencia de voto y la nefasta imagen pública del señor Rodríguez Badal, la verdad es que su triunfo en una plaza tan difícil Calvià se vislumbra, como poco, incierto

Si tenemos en cuenta por dónde van los tiros de la tendencia de voto y la nefasta imagen pública del señor Rodríguez Badal, la verdad es que su triunfo en una plaza tan difícil Calvià se vislumbra, como poco, incierto

Se nos marcha el Poncio por la puerta de atrás. Rodríguez Badal dice que su dimisión -con el consiguiente abandono del Pretorio- obedece a su condición de candidato para la reconquista de Calvià, hoy en manos de la pérfida derechona.

¿Qué tendrá Calviá para merecer tanto anhelo de quien ya fue su burgomaestre? En mis tiempos de periodista de calle, cuando me pateaba Mallorca de punta a punta en busca de alguna exclusiva municipal, siempre consideré Calvià como «territorio comanche», una zona extraña para los plumillas de la Part Forana. Allí reinaba entonces el incombustible Michels, el corresponsal de Ultima Hora que todo lo sabía y en todas partes estaba, algo así como la oscuridad en versión periodística. En aquellos tiempos el pueblo -un casco urbano pequeño con un término municipal enorme y eminentemente turístico, donde el dinero corría, y sigue corriendo, como las aguas de un torrente- estaba gobernado por el padre Obrador, que de cura pasó a ser sindicalista y de ahí -gracias a una accidentada votación que aún hoy no ha sido aclarada- a casi perenne burgomaestre calvianer. Tanto llegó a durar Obrador al frente del ayuntamiento -por cierto, me han dicho que en el Obispado no se conserva documento alguno en el que conste su secularización, así que el bueno de don Francisco sigue siendo «sacerdos in aeternum según la orden de Melquisedec»- que los socialistas obreros y españoles llegaron a pensar que podría vencer al propio Cañellas. Pero, vamos, esta es otra historia cuyos pormenores, si me place, contaré en otra ocasión.

Volviendo a Rodríguez Badal un servidor piensa que ha dado este paso -el de su prematura tocata y fuga- por exigencias del guión. En realidad su posición como Delegado del Gobierno en Baleares era ya muy precaria. Baste ver el tono de las despedidas que le han dedicado desde ambas riberas del Pecos. El gobernador se llevaba muy mal tanto con el PP -las palabras que le ha dirigido Sagreras en la hora del adiós no podían ser más duras- como con los representantes de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, que le acusan de dejarlos en la estacada a raíz de los incidentes acaecidos al final de la manifestación anti turística del domingo 26 de julio del año en curso. Naturalmente, los agitadores del Más turismo, más lío, le reprochan lo contrario, afirmando que el Poncio nunca debió tomar las de Villadiego sin dar explicaciones por la tunda de palos que se llevaron el día de Santa Ana.

Si tenemos en cuenta por dónde van los tiros de la tendencia de voto y la nefasta imagen pública del señor Rodríguez Badal, la verdad es que su triunfo en una plaza tan difícil como Calvià se vislumbra, al menos, incierto. Y si es así -que lo es- por qué ha ¿dimitido? ¿No le hubiese convenido más pasar el poco tiempo que le queda refugiado en su palacio-fortaleza, rodeado por sus pretorianos? Bien mirado, el futuro político de este señor se presenta de lo más negro. Ni gobernador ni alcalde, así le veo yo, aunque tampoco tienen por qué hacerme mucho caso