Seamos honestos. La labor de oposición de un partido que en las últimas elecciones fue desalojado con contundencia del gobierno, es complicada. Es de primero de parlamentarismo. Cada vez que el portavoz del PSOE en Baleares, Iago Negueruela, se pone duro con la presidenta Prohens y le exige medidas contundentes (da igual el asunto, vivienda, masificación turística, fiscalidad…), la respuesta obvia se convierte en una pregunta: ¿por qué no lo hicieron ustedes en sus ocho años de gobierno?

El problema hoy para el PSIB radica en que esa misma pregunta no sólo se la hacen los votantes del PP y de Vox, sino también muchos votantes de la izquierda. Eso explica por qué la mayoría de travesías en el desierto de la oposición duran dos legislaturas, y no una. Porque la gente conserva algo de memoria. En cualquier caso, y a pesar del estruendo provocado por la precampaña electoral, el debate de política general que hemos vivido esta semana en el Parlamento de Baleares nos deja algunos apuntes que vale la pena destacar.

El ciudadano medio vive cada día más apretado por unos salarios modestos, una inflación desbocada y unos tipos de interés elevados que hacía años que no conocíamos. El problema angustioso del acceso a la vivienda sitúa a miles de personas en riesgo de exclusión y la clase media ve menguada su capacidad adquisitiva a un ritmo alarmante. Excepto una minoría de privilegiados, en España y en Baleares todo el mundo se ve obligado a apretarse el cinturón. ¿Y la administración pública? ¿Se están quitando algún capricho los gobiernos?

Las familias no pueden dejar de acudir al supermercado (bien es cierto que ajustando la cesta de la compra) pero muchas se ven obligadas a reducir su gasto en asuntos no esenciales, como la moda o el ocio. Un gobierno autonómico debe seguir gastando e invirtiendo en educación y sanidad públicas, pero ¿qué pasa con sus gastos superfluos? ¿En qué partidas hacen un esfuerzo de ahorro las administraciones?

Sólo existen dos vías para que una administración también se apriete el cinturón en un momento de crisis. Ofrecer ayudas directas a los más afectados o reducir la fiscalidad a una mayoría de contribuyentes. Resulta incomprensible que, en la actual coyuntura, la izquierda critique las bajadas de impuestos que viene proponiendo el gobierno del Partido Popular en Baleares. Esta semana, Prohens ha anunciado un amplio paquete de medidas fiscales para ayudar a los jóvenes a la compra de primera vivienda. En pocas palabras, se trata de que la administración autonómica renuncie a una parte de la suculenta tajada que se lleva por cada compraventa de un inmueble, para que ese dinero se lo ahorren ciudadanos que a duras penas podrían adquirir una vivienda sin esas ayudas. ¿No era esto el progresismo?

Aún más asombrosas son las críticas que se siguen deslizando desde la izquierda a la decisión del gobierno de Prohens de eliminar en la práctica el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. A mí me parece que este es uno de los ejemplos que mejor explican por qué el bloque de izquierdas anda en caída libre en las encuestas. El socialismo ha terminado por asumir una máxima del comunismo, según la cual heredar es una cosa de ricos. Baleares tiene muchos problemas, pero aún sobrevive una clase media que trabajó durante años y pudo acceder a una vivienda en propiedad, o a dos. Son bienes inmuebles que ya tributaron en su momento, y que ahora se les exime de volver a pagar a través del bien llamado «impuesto de la muerte». Por eso, decir que la supresión de un tributo que grava las herencias es un favor que se hace a los millonarios demuestra dos cosas: en primer lugar, una desconexión total con la realidad social de estas islas. Y en segundo lugar, una ignorancia supina sobre los mecanismos de elusión fiscal que están al alcance de las grandes fortunas a la hora de transmitir su patrimonio entre generaciones.

Al final, tendremos que lamentar la caída en desgracia, y parece que también en la corrupción, del expresidente Zapatero. Porque hubo un tiempo en que el «faro moral de la izquierda», antes de ponerse a contar nubes y a coleccionar joyas, proclamaba a los cuatro vientos que bajar impuestos era progresista.