Búnker bajo tierra

Sucesos

El clan de ‘El Pablo’ escondía la droga bajo tierra: desagües secretos, búnkeres y un aljibe lleno de cocaína

La Policía descubre en La Soledad un sistema de tuberías diseñado para eliminar las pruebas durante las redadas; los narcopisos funcionaban las 24 horas, con puertas blindadas, cámaras de vigilancia y hasta un soplete para destruir evidencias

Un simple giro de llave y la cocaína desaparecía bajo tierra. El clan de ‘El Pablo’ había ideado un sistema para deshacerse de la droga en cuestión de segundos cuando la Policía llamaba a la puerta. Grandes desagües construidos expresamente, una cisterna con miles de litros de agua y tuberías conectadas a un aljibe común formaban parte de la infraestructura descubierta en varios narcopisos del barrio de La Soledad, en Palma. Los inmuebles eran auténticos búnkeres, con puertas de hierro reforzadas, cámaras que vigilaban la calle y vendedores que atendían a los consumidores las 24 horas del día. En uno de los locales había incluso un soplete y productos acelerantes que presuntamente estaban preparados para quemar las pruebas. La última redada de la Policía Nacional contra estos puntos de venta ha permitido descubrir hasta dónde habían llegado las medidas de seguridad de la organización para proteger su negocio.

La operación se desarrolló el pasado miércoles, después de que los agentes del Grupo II de Estupefacientes de la Udyco investigaran durante un tiempo tres puntos de venta especialmente activos y una cuarta vivienda que, según las sospechas policiales, estaba siendo acondicionada para convertirse en otro lugar de distribución de estupefacientes. Los investigadores habían constatado un trasiego incesante de consumidores y unas medidas de protección que dificultaban considerablemente cualquier entrada policial. Los accesos estaban cerrados con puertas completamente blindadas y numerosos pestillos de hierro, reforzados respecto a los encontrados en anteriores intervenciones en la zona. En el interior, varias pantallas mostraban las imágenes captadas por las cámaras instaladas en el exterior, lo que permitía a los vendedores controlar los movimientos de la calle y detectar la llegada de los agentes.

Para irrumpir en los cuatro inmuebles fue necesaria la participación de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y del Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT), cuyos especialistas tuvieron que enfrentarse a las puertas bunkerizadas. Pese a la resistencia de los accesos, consiguieron abrirlos con rapidez, aunque no pudieron evitar que dos hombres que se encontraban en el interior de dos de los locales presuntamente arrojaran sustancias estupefacientes por los desagües. Fue entonces cuando los policías comprobaron que no se trataba de una instalación doméstica convencional, sino de un mecanismo preparado para hacer desaparecer la mercancía antes de que pudiera ser intervenida.

Cámaras de seguridad y vigilantes para detectar a los policías

La protección de los puntos de venta no se limitaba a las puertas blindadas y al sistema de eliminación de pruebas. La investigación también permitió identificar a dos personas, un hombre y una mujer, que presuntamente ejercían de 'aguadores' para la organización. Su cometido consistía en vigilar las inmediaciones de los narcopisos y advertir a los vendedores de la presencia de policías, tanto uniformados como de paisano. Cuando detectaban algún movimiento sospechoso, daban la voz de alarma para que quienes se encontraban dentro pudieran interrumpir las transacciones y evitar ser sorprendidos con las sustancias.

Los dos vigilantes no se encontraban en la zona cuando comenzó el operativo del miércoles, por lo que los investigadores iniciaron su búsqueda. A última hora de aquella misma tarde, agentes de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana consiguieron localizarlos y detenerlos. Con estos arrestos, la operación se saldó con cuatro detenidos, tres hombres y una mujer, y tres puntos de venta clausurados judicialmente en el barrio de La Soledad.