Hasta hoy, no existía tradición cunera en la circunscripción electoral de Baleares. Tan es así que esta semana, cuando pronuncie el palabro delante de un grupo de periodistas, alguno levantó la ceja porque ni siquiera conocía la expresión. Los cuneros son los candidatos propuestos por la dirección nacional de los partidos para que ocupen puestos de salida en las listas de provincias con las que no tienen relación. Es decir, son personas extrañas al distrito electoral por el que se presentan. Venía sucediendo así en algunas candidaturas del PP y del PSOE en provincias pequeñas cercanas a Madrid, y en otras no tan pequeñas, sobre todo en algunas de Andalucía. Esas papeletas las encabezaban normalmente políticos conocidos a nivel estatal que, o bien por su tirón electoral, o bien porque no encontraban sitio en Madrid o en sus provincias de origen, tenían que presentarse por otros lugares. Las direcciones regionales se tragaban con mansedumbre el sapo de esa imposición porque el cunero solía ser un dirigente de peso en el partido o un parlamentario con larga experiencia en el Congreso o en el Senado. Al igual que sucedió con las candidaturas unitarias de la izquierda, inauguradas en Ibiza, ahora, en Mallorca, Vox ha reinventado el «cunerismo».

La candidatura por Baleares al Congreso de los Diputados del partido que lidera Santiago Abascal la encabeza Maribel Cerezo Sánchez. El que suscribe, que lee cada día las principales cabeceras de la prensa nacional y mallorquina, y escucha y ve varios informativos de radio y televisión de ámbito estatal y autonómico, jamás había oído el nombre de esta mujer. La novedad que introduce Vox en el cunerismo es la siguiente: hasta hace un par de días, a Maribel Cerezo no la conocían ni sus propios compañeros de partido en Baleares.

Otro tanto ha sucedido en el Senado. PP y Vox negociaron un acuerdo para contrarrestar las candidaturas únicas que presenta la izquierda, y así poder optar a una mayoría cualificada en la Cámara Alta. El partido de Abascal ha renunciado a presentar listas en las cuatro islas. A cambio, el de Núñez Feijóo le cede uno de los dos puestos de salida en la de Mallorca. La elegida por Vox se llama Belén Bordils, una periodista valenciana sin relación conocida con Mallorca. Esta circunstancia resulta especialmente chocante en el Senado porque, a diferencia del Congreso, es una cámara de representación territorial.

Se ha de reconocer la coherencia de la dirección nacional de Vox a la hora de designar a ambas candidatas. Tanto Cerezo como Bordils son dos ilustres desconocidas en Baleares. Lo cual deja en una situación ciertamente insólita a su partido en las islas. ¿No había ni un solo afiliado de Vox en Mallorca, Menorca, Ibiza o Formentera apto para encabezar esas listas? ¿Ni uno solo? La dirección regional del partido llegó a proponer que repitiera Jorge Campos como número uno al Congreso. Aunque la gran mayoría de diputados actuales repite en sus puestos, en la sede madrileña de Bambú no aceptaron la continuidad de Campos por motivos que no se han explicado. Entonces, si se tratara de evitar un enfrentamiento entre las distintas familias del partido, ¿tan difícil era encontrar una persona de consenso entre ellas?

Por todo ello, resultaría razonable pensar que la decisión de Vox de nombrar a dos candidatas completamente ignotas en nuestra comunidad supone un triple salto mortal sin red de cara a las elecciones del 29 de noviembre. Una operación arriesgada por cuento sus potenciales votantes ni siquiera están seguros de que estas dos mujeres sepan ubicar Lloret de Vistalegre en el mapa de Mallorca. Sin embargo, nadie cree que el partido de Abascal vaya a perder un solo apoyo por designar a estas candidatas. Si presentaran a Vinicius Junior, obtendrían los mismos votos.

Reconozcámoslo. Pedro Sánchez ha conseguido convertir las próximas elecciones generales en un plebiscito sobre su persona. «Si queréis que siga, votad las listas del PSOE. Si no me queréis, votad las del PP o Vox». Hemos superado el bipartidismo, aquella antigualla, para instalarnos en el bibloquismo. Planteado el dilema en esos términos, nadie se preguntará si Maribel Cerezo es pariente del presidente del Atlético de Madrid, o si la familia de Belén Bordils posee una bodega cerca de Inca.