Finca Alacantí Vell
El legado de Alacantí Vell: una finca obligada por testamento a «erradicar el pecado y fomentar la virtud»
Esta finca mallorquina guarda en su casa principal una cláusula notarial centenaria que marcó el destino de sus tierras y de la escuela de los salesianos en Santa Margalida
Las tierras de Alacantí Vell se encuentran en el término municipal de Muro pero la finca, que actualmente tiene 54 cuarteradas de extensión, está más vinculada a Santa Margalida. Ello se percibe claramente en las palabras de su actual propietario, Francisco Miralles, quien, habiendo nacido en Montuïri, es vilero por elección y como tal vive y se siente. Él mismo explica a El Debate los detalles de una finca rural sin condes ni marqueses que tiene, sin embargo una historia que merece ser contada porque está hecha con retazos de vida de personas que allí dejaron y siguen dejando huellas de nobleza, trabajo y amor a la tierra:
-Alacantí Vell está documentada en el año 1782 aunque el término aparece desde siglos atrás, vinculado a antiguas propiedades rurales y repartido por muy extensas tierras de la comarca. No hay duda, desde luego, que en estas cases y las tierras que se extienden ante nuestros ojos radica la «capitalidad» de la possessió original. En la pequeña historia de Alacantí encontramos un nombre indisolublemente unido a la finca. El de doña Margalida Ferrà y Flux"à.
-Esta señora fue muy querida en Santa Margalida por las muchas obras que llevó a cabo en beneficio del pueblo. Era mujer de extraordinaria religiosidad que revertía su fe en obras de caridad y beneficencia. Su gran preocupación fue siempre la de los niños que no podían recibir educación escolar por la falta de medios de sus padres. Por eso en su testamento legó esta propiedad a los hermanos de la Salle con la condición de que con los beneficios de su explotación se sufragaran los gastos de la escolarización de esas criaturas".
Los Hermanos de san Juan Bautista de la Salle, más conocidos en Mallorca como frares de baverall (frailes de babero) llegaron a la Isla en 1904, expulsados de Francia por la IV República. Se establecieron en Palma y en diversos pueblos, entre ellos Santa Margalida. En la Vila, como en la práctica totalidad de la Mallorca rural de la época, el nivel de escolarización y la calidad de la enseñanza eran muy precarios. El analfabetismo campaba por sus respetos y los pocos niños que iban a la escuela no tenían ni siquiera un calendario escolar pre establecido. En 1912 tres pro hombres del pueblo, que entonces contaba con 4.000 habitantes dedicados casi exclusivamente a las labores del campo, se propusieron dar un empuje al tema educativo. Los Hermanos de la Salle estaban ya entonces establecidos en sa Pobla, donde educaron a varios generaciones no solo en las ciencias, las artes y la cultura, también en los fundamentos cristianos. Espoleados por aquel ejemplo, Sebastià March Estelrich, alcalde, Joan Tous Garau, maestro de Escuela y Bernat Ferrà Fluxà, teniente coronel del ejército, llevaron acabo las gestiones oportunas para que los hermanos salesianos se establecieran en Santa Margalida.
Pero el hada protectora de los frailes fue la citada doña Margalida, señora de Alacantí Vell. Ella aportaba puntualmente los fondos necesarios para la escolarización de los niños más necesitados. Paradojicamente, sería la propia gestión de la finca la que acabaría hundiendo la economía de aquella comunidad religiosa y, con ello, la del colegio que regentaban.
«Al comprar la possessió -cuenta Francisco Miralles- me encontré una disposición testamentaria muy curiosa, cuyo original guardo como oro en paño. Cuando legó la finca a los hermanos de la Salle aquella piadosa mujer estableció ante notario una disposición que sigue vigente: la de que quien sea el propietario de Alacantí Vell tenga por misión «erradicar el pecado y fomentar la virtud».
Cuando los frailes, agobiados por las deudas, abandonaron Santa Margalida, la propiedad que habían recibido en herencia pasó a manos del Obispado, tal como figuraba en el testamento de doña Margalida, Posteriormente, se decidió venderla a Miguel Torelló Mas, de Maria de la Salut. Dicho señor se hizo cargo de la propiedad con la manifiesta intención de vivir de su explotación agrícola y ganadera, objetivo que no pudo o no supo cumplir. Una hipoteca a la que no pudo hacer frente la puso en manos de una caja de ahorros mallorquina, quien, en la década de los 80 del siglo pasado, la vendió a Francisco Miralles.
Imagen interior de la finca
-Cuando la compré se encontraba en un estado lamentable. La casa principal, de un delicioso estilo rústico, precisó de una reforma muy importante. Luego llegó el turno del jardín, de los edificios auxiliares y de las tierras, que dediqué a la cría de ovejas y caballos.
Un paseo al atardecer
En la luz incierta del otoño mallorquín el extenso jardín de Alacantí Vell deviene mágico. Los senderos empedrados serpentean entre los árboles y arbustos. Frente a la casa principal se inicia un paseo de palmeras que se levantan, orgullosas, hacia la declinante luz solar. Puedes llegar hasta las fuente principal, hoy en obras, o sentarte en un banco frente a un bosquecillo de encinas. Un poco más allá, en terrenos algo más abruptos aunque excepcionalmente cuidados, están las cuadras de los caballos, el apartamento de su cuidador y una pista de carreras que tiene las mismas dimensiones que la de Manacor. Las nobles cabezas de los équidos asoman, curiosas, por las puertas de las caballerizas. Algunos animales se arrebujan para recibir las caricias de sus amos. La limpieza del entorno es extraordinaria.
Detrás de la edificación principal está una zona de recreo que sugiere prolongados desayunos frente al verdor del jardín, cerca de la barbacoa donde los almuerzos familiares sabatinos se alargan en tardes de invierno empapadas de lluvia. Más allá, las tierras descienden hacia un huerto de frutales asomado a las tierras de secano de Muro y Santa Margalida. Caen las horas, muere la luz y el tiempo parece permanecer quieto, envuelto en una atmósfera a medio camino entre la ensoñación y el deseo de prolongar la visita.