Barrancas de Burujón
¿Sabías que en Toledo hay un lugar que parece Marte? (y puedes visitarlo)
Castilla-La Mancha no solo remite a otros lugares de la Tierra, sino también a otros lugares de la galaxia
Castilla-La Mancha es un tesoro inacabable de maravillas naturales. Maravillas que asombran y que transportan a otros lugares. Hay playas paradisíacas en medio de la meseta española.
También cascadas de cuento, paisajes de película o rincones que podrían haber estado en cualquier lugar soñado y remoto del planeta y que sin embargo están ahí mismo, como le decía E.T, el extraterrestre, a Eliot, el niño protagonista de la película de Steven Spielberg.
La barrancas en el embalse de Castrejón
Precisamente, Castilla-La Mancha no solo remite a otros lugares de la Tierra, sino a otros lugares de la galaxia. Del mismo modo que se puede ver una playa de las Bahamas en Guadalajara, también se puede ver Marte en Toledo, viajar al planeta rojo en coche, por ejemplo, al llegar a las Barrancas de Burujón.
Una senda permite recorrerlas a pie y detenerse en cualquiera de sus miradores sin necesidad de un traje espacial. El típico paisaje pedregoso y rojo que se ha podido ver en filmes reproducido y también en imágenes reales transmitidas por vehículos enviados para la exploración.
Barrancas de Burujón
Las barrancas son un impresionante hábitat natural de aves, rapaces y otras, como garzas o perdices curiosamente rojas. El embalse de Castrejón es la visión cósmica definitiva. Una de las mayores expresiones del Tajo como nombre, que transcurre exactamente en un tajo, en una cuenca hendida por donde discurre el gran río español entre gargantas.
Los tonos rojizos de los acantilados son el producto de la tierra arcillosa que se oxida por su contenido en hierro, erosionada por las aguas y el viento como escultores del paisaje marciano, impresionante e imprevisto y digno de ver.
Las luces y las sombras, especialmente de la tarde, completan el hechizo, el viaje a otro planeta por cuyas crestas planean águilas y halcones y otros príncipes de los cielos terráqueos que recuerdan que para llegar allí no se ha tenido que cruzar la atmósfera.