Castillo de Rochafrida, el más «raro» de Castilla-La ManchaAyuntamiento de Ossa de Montiel

El castillo más «raro» de Castilla-La Mancha: sin torres, escondido en un bosque y con una leyenda

Dicen que fue una tribu berberisca, los Masmuda, quienes construyeron la fortaleza atípica, no precisamente en una atalaya, sino entre pinos y encinas

Todos los castillos castellanomanchegos tienen una historia común que suele ser romana, visigoda, musulmana y finalmente cristiana, antes del abandono o de la resistencia.

Las lagunas de Ruidera casi lo contemplan. El Quijote debió de conocerlo cuando estuvo en la Cueva de Montesinos. Dicen que fue una tribu berberisca, los Masmuda, quienes construyeron la fortaleza atípica, no precisamente en una atalaya, sino entre pinos y encinas.

Castillo de RochafridaAyuntamiento de Ossa de Montiel

Su cronología sí parece común, pero no tanto sus circunstancias. Tras la Reconquista pasó de mano en mano, de señor en señor. Cesiones de los reyes a sus favoritos y amigos en tierra fronteriza entre los reinos cristianos y musulmanes.

Aquellos fueron los estertores de su gran época que, como la de casi todos sus «congéneres», acabó con el reinado de los Reyes Católicos, con España unida y sin bastiones que proteger, expulsados los árabes. Los castillos permanecen como recuerdo de aquellas luchas.

Castillo de RochafridaAyuntamiento de Ossa de Montiel

También el de Rochafrida, pero de una manera singular. No se yergue en medio de una planicie, sino que surge en medio del bosque. Su estado actual, sin torres, ni almenas, al contrario que otros de los que siempre se conservan estos elementos diferenciales, le dan un aire misterioso.

La vegetación crece entre sus piedras camuflándolo aún más en su particular forma poligonal, hoy casi abstracta. Podría ser la casa de Eduardo Manostijeras en su altitud y quietud casi milenaria.

Castillo de RochafridaAyuntamiento de Ossa de Montiel

No lo conoce mucha gente, apartado de cualquier referencia. Tiene una fuente a sus pies, llamada la Fonfrida, o la Fonte Frida que llenaba una suerte de laguna que hacía de foso del castillo. Hay un romance donde al castillo le llaman Roca y a la fuente Frida.

La inspiración poética y literaria fue en parte consecuencia de su abandono, como si se tratara de una ardiente historia caballeresca que hubiera leído en sus libros Alonso Quijano:

La doncella Rosaflorida lamentaba la ausencia en su pequeño y recoleto castillo de su amado caballero de Montesinos (el de la cueva próxima), al que enviaba cartas a Francia, donde le decía que la fuera a ver «para la Pascua florida;.../ darle he yo este mi cuerpo.../ que de fuego sea ardida».