Page no fue a armarla en la Conferencia de Presidentes, pero en su lugar lo hizo un desquiciado Sánchez

Los calores se le subieron al presidente del Gobierno al escuchar el discurso habitual y real o realista de la «obscenidad» que es el pacto con Junts, esa «extrema derecha», según el presidente castellanomanchego

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, tras la reunión de la Conferencia de PresidentesKike Rincon

Nunca una Conferencia de Presidentes había llegado con una situación política como la actual. La(s) legislatura (s) de Sánchez son un sumatorio de mentiras y escándalos, cada uno de los cuales oculta al anterior. Nada parece ser suficiente en una transposición de principios y realidades difíciles de aceptar y, sin embargo, fáciles de llevar a cabo a juzgar por la sonrisa del protagonista.

Un gesto evidentemente forzado y al mismo tiempo natural. La Conferencia de Presidentes traía consigo una expectación que no ha cumplido con los deseos, ni mucho menos con las ansias, salvo por el episodio final. La temperatura era alta tras el vodevil surrealista de las Díez y los Aldama chapoteando en sus alcantarillas. A este contribuyó el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, con sonoros y medidos ataques a esta realidad gubernamental y socialista.

Con semejante calentamiento dialéctico previo a una reunión de autonomías de semejante importancia, cualquiera pensaría que esta sería el escenario de la batalla planteada pero, una vez más, García-Page hizo el movimiento de la morena del Mediterráneo, el pez anguiliforme que vive entre las rocas marinas y de entre ellas sale para cazar antes de volver a su refugio.

Es cierto que una Conferencia de Presidentes está para tratar lo que compete a las regiones, unitariamente y en conjunto, así que Page hizo lo que tenía que hacer, que fue pedir, como previamente había anunciado por todos los medios posibles, una nueva financiación autonómica: ni rastro de Leires, UCOs, cloacas, hemorragias y demás personajes, objetos y metáforas que habían copado las declaraciones del presidente castellanomanchego los días previos.

Page encendió la vitrocerámica al máximo, hizo saltar la tortilla en la sartén casi de forma espectacular y cuando llegó a Barcelona se hizo morena entre las rocas mediterráneas, una morena que solo sale de su escondite para hablar de financiación autonómica y parece ser que tenía alguna expectativa de probar bocado, pero no pasó ni un pequeño pececillo por delante. Así que decidió salir no para cazar, sino para dejarse ver, enfadado por el fracaso de su intención, y volver a encender el horno.

Tanto lo encendió que los calores se le subieron al presidente del Gobierno al escuchar el discurso habitual y real o realista de la «obscenidad» que es el pacto con Junts, esa «extrema derecha», según Page.

Demasiado para un día tenso, sobre todo para Sánchez, quien a pesar de su sicalipsis (política) no pudo soportar la pornografía (política) que le retrataba y cortó (lo volvió a hacer, ya lo había hecho el año anterior) a Page, quien en principio no venía a armarla como parecía (siempre lo parece), sino a hablar de financiación, y al final terminó armándola indirectamente no por deseo propio, sino por desesperación indisimulable, aunque parezca mentira (y hasta puede que no lo sea), del presidente.