Horno de leña en Las Esparteras
El secreto gastronómico de la A-5: Las Esparteras, parada imprescindible este verano
Menú de cuchara, brasas de leña y una bodega subterránea hacen de este restaurante toledano la parada más sabrosa del verano
El verano en España huele a gasolina caliente, protector solar y esa mezcla inconfundible de libertad y hastío en los atascos. Carretera nacional, autovía interminable, el horizonte de las vacaciones esperando como un oasis detrás del parabrisas. Y ahí, en mitad del tórrido asfalto de la A-5, emerge un lugar donde el viaje se detiene para saborearse: Asador Las Esparteras.
A media hora de Madrid, pero ya lejos del ruido, se encuentra este restaurante de carretera que ha roto todos los tópicos. En su cartel se lee con sencillez: Las Esparteras, pero su interior guarda el secreto de las grandes casas de comidas: cocina de temporada, materia prima de calidad, brasas generosas y una bodega subterránea digna de restaurantes con estrella.
Si Julio Camba o Josep Pla hubieran viajado hoy hacia Extremadura o Lisboa, habrían dejado constancia escrita de este alto en el camino. Porque Las Esparteras no es solo un bar de camioneros (aunque muchos, con razón, lo bendicen como su favorito). Es la prueba viva de que en la España del viaje rápido y el bocadillo de gasolinera aún queda fe para el mantel de hilo y el servicio de oficio.
Parada de verano
El verano es tiempo de carretera. Familias cargadas de sillas de playa y maletas imposibles, parejas que discuten por la ruta más rápida, conductores en solitario soñando con llegar al sur antes de que anochezca. En la A-5, el calor reverbera sobre la calzada como un espejismo. Es fácil pasar de largo. Pero quienes conocen Las Esparteras saben que merece la pena bajar la velocidad y permitirse una comilona de las buenas. Cocina de verdad. Sin adornos innecesarios ni modernidades vacías. El buen yantar.
Y si uno tiene tiempo —porque el viaje de verano es para eso—, conviene bajar a la bodega. Más de 1.800 referencias duermen en su cava subterránea, a la temperatura exacta.
Las Esparteras
El alma del restaurante
Dicen que atienden a más de 1.000 personas al día. Podría ser un caos, pero es un ballet bien ensayado. Camareros veteranos que se saben todos los trucos, cocineros con el cuchillo afilado y la receta en la cabeza. Sus propietarios, Raúl y Carlos, no presumen: trabajan. Y eso se nota en el plato.
De ahí que haya recibido los elogios -y el sol- de la Guía Repsol y que su fama corra de boca en boca. Es el sitio donde paran camioneros, familias, turistas alemanes despistados y madrileños gourmet que huyen del atasco de La Sagra para comer bien. Es también el lugar que recuerda que la carretera española tiene alma y que el verano, con todos sus excesos, pide reposo y mesa bien puesta.
Comer viajando
Viajar por carretera es una experiencia sensorial. El olor del campo reseco, el aire acondicionado que no da abasto, la música que suena demasiado alta. Demasiado reggaetón. Pero también puede ser un viaje gastronómico si se eligen bien las paradas. Y Las Esparteras es la mejor prueba de ello: no hay mejor manera de celebrar el verano que comer con calma, brindar por el viaje y compartir un postre casero antes de volver al coche.
Las vacaciones empiezan muchas veces ahí: en la pausa. En el primer sorbo frío, en el pan recién horneado, en el camarero que recomienda un plato con orgullo. Las Esparteras no es solo un restaurante en la A-5: es un recordatorio de que moverse no significa olvidar el placer de la mesa.
Así que este verano, al volante bajo un sol de justicia, no tengas prisa. Toma la salida correcta, abre la puerta, siéntate. El viaje puede esperar. El buen comer, no.