Vista de Toledo al atardecer, con la catedral en primer plano y el Alcázar al fondo
Diez frases de escritores idénticas que muestran la única impresión posible de Toledo, la ciudad eterna
Es difícil no quedar prendado de su imagen desde Castilla o desde La Mancha. Toledo emerge de su pasado y al mismo tiempo solo se sostiene en él
Hay una Toledo que vive y una Toledo que permanece, casi inmutable, en el tiempo. La Toledo de los toledanos que trabajan, que viven como alrededor de la mansión en lo alto de Eduardo Manostijeras, aquella fábula gótica y cinematográfica de Tim Burton.
El casco y la atalaya
Las casas de colores chillones de la película son, como en ella, las casas de los toledanos alrededor de su atalaya eterna: el casco histórico milenario, con el Alcázar en lo alto y la catedral y sus otras joyas innumerables. Allí arriba parece que no vive nadie, como en el cuento.
Y es así desde fuera. Solo los turistas, casi como fantasmas, parece que son los únicos que pueblan efímeramente sus calles sin interrupción. Y no se atisba una suerte de «repoblación». La Toledo histórica es como una mole eterna que los toledanos observan y ni siquiera eso, desde sus casas «de colores».
Diez frases de escritores sobre Toledo:
«Toledo, la ciudad histórica, llena de palacios y catedrales, un laberinto de calles que parecen susurrar secretos de tiempos antiguos». (Benito Pérez Galdós).
«La cuna de la España antigua, donde las tradiciones se mantienen con dignidad y fuerza» (Miguel de Unamuno).
«Toledo es un santuario donde el espíritu de la historia y la fe se entrelazan en cada rincón.» (Antonio Machado).
«Caminar por Toledo es adentrarse en un laberinto de sombras y silencios que hablan de eternidad» (Miguel de Unamuno).
«Toledo es un laberinto encantado donde cada calle, cada plaza, conserva un eco de las leyendas de antaño» (Washington Irving).
«Toledo es una fortaleza de piedra que guarda en sus muros la memoria de siglos y el susurro de las tres culturas» (Ángel Ganivet).
«Toledo es toda ella un poema, un cuadro, una historia; cada calle es un recuerdo, cada piedra una leyenda. Caminar por sus calles es entrar en un sueño que mezcla historia y misterio…» (Gustavo Adolfo Bécquer).
«Toledo es una de esas ciudades que conserva intacto el espíritu de España, donde se siente la historia viva en cada piedra». (Azorín).
«Toledo, esa ciudad de leyendas, con sus calles que serpentean entre palacios y catedrales, es un lugar donde el pasado no muere, sino que permanece vivo en el aire que se respira» (Camilo José Cela).
Es difícil no quedar prendado de su imagen desde Castilla o desde La Mancha. Toledo emerge de su pasado y al mismo tiempo solo se sostiene en él. La vida moderna está lejos de Toledo, como la vida moderna estaba lejos del Frankenstein adolescente y romántico cuyo creador no vivió lo suficiente para darle unas manos y en su lugar le dejó unas cuchillas.
La «ciudad muerta»
En el filme Eduardo vuelve a su castillo para siempre, incapaz de adaptarse a la modernidad o de que la modernidad sea incapaz de acogerle, gracias a que su amada les dice a todos que ha muerto. Eso mismo dijo de Toledo Azorín. La llamó «la ciudad muerta» por su ausencia de vitalidad, de modernidad, por su anclaje sin solución en el pasado como peso insalvable para avanzar en el tiempo.
Una referencia melancólica producto de una época, la Generación del 98 y el desastre del mismo año. También tuvo el escritor alicantino palabras hermosas para Toledo, como el resto de escritores que aquí se citan. Pero todos hacen alusión al mismo pasado quieto, a la belleza perenne, incólume desde hace siglos, donde en invierno, como en la fantasía de Burton, uno puede imaginar que su protagonista hace nevar sobre las casas «de colores» al esculpir en soledad sus figuras de hielo.