Parque Nacional de CabañerosSantiago García-Velasco

Cabañeros, el gran bosque mediterráneo que España logró rescatar del abismo, cumple 30 años

Tres décadas después, el Parque Nacional de Cabañeros celebra su historia de resistencia, biodiversidad y conciencia colectiva como uno de los grandes símbolos naturales de Castilla-La Mancha y de Europa

Hay aniversarios que se celebran con discursos y otros que se sienten como un suspiro largo de la tierra. Cabañeros cumple 30 años como Parque Nacional y lo hace recordándonos que este rincón de Castilla-La Mancha no solo es un espacio protegido: es una cicatriz que sanó, una victoria colectiva, un milagro verde que estuvo a punto de desaparecer.

Hoy, entre las rañas abiertas y el rumor de las jaras, se conmemora el trigésimo aniversario de la declaración oficial de este santuario natural que, en 1995, cambió para siempre su destino. Lo que iba a ser un campo de tiro militar se convirtió, gracias a la movilización ciudadana y la voluntad política, en uno de los mayores tesoros del bosque mediterráneo europeo.

Un parque que nació de la resistencia y el amor por la tierra

El acto institucional se celebraba en el Centro de Visitantes de Horcajo de los Montes, con la presencia de la consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, junto a representantes del Gobierno de España, del Organismo Autónomo de Parques Nacionales y responsables del parque. Allí, entre palabras y memoria, se recordaba que proteger Cabañeros no fue una decisión técnica, sino un compromiso histórico con la naturaleza y con la identidad de una comarca.

«Proteger Cabañeros no es solo cuidar del parque, es cuidar nuestro futuro», subrayaba Gómez, reivindicando estos 40.000 hectáreas como uno de los mejores exponentes del bosque mediterráneo y la raña ibérica, hogar del ciervo, el águila imperial, el buitre negro y la esquiva cigüeña negra.

Cumpleaños de un refugio donde aún se escucha lo primitivo

En estos 30 años, Cabañeros ha pasado de ser una promesa a convertirse en referente nacional e internacional en biodiversidad, restauración ecológica y turismo sostenible. Aquí el tiempo se mide por estaciones, por huellas en la tierra roja, por la berrea que rasga el otoño con su eco ancestral.

Porque Cabañeros no se visita: se atraviesa. Se camina. Se respira. Se entiende cuando cae la tarde y el cielo se abre limpio, infinito, como uno de los mejores escenarios de astroturismo de Europa, reconocido como Destino Starlight.

De amenaza militar a paraíso protegido: una historia que marcó a Castilla-La Mancha

El parque fue declarado oficialmente el 20 de noviembre de 1995, después de años de lucha ciudadana que lograron frenar su conversión en polígono militar. Primero fue Parque Natural y después Parque Nacional. Un camino que hoy se recuerda como ejemplo de democracia ambiental y conciencia colectiva.

Milagros Tolón, delegada del Gobierno, destacaba este proceso como símbolo de una sociedad que despertaba a un nuevo tiempo: «Lo que estuvo destinado a ser destruido se transformó en uno de los espacios protegidos más valiosos de Europa».

El alma de Cabañeros: rañas infinitas y vida que resiste

Su paisaje de llanuras abiertas, encinares, alcornocales y bosques de ribera guarda más de mil especies vegetales y ecosistemas únicos. Entre sus caminos viven grandes mamíferos, aves rapaces y especies amenazadas que encuentran aquí su último refugio silencioso.

Las rañas, esas extensiones que parecen no tener fin, son el escenario perfecto para la berrea, uno de los espectáculos más sobrecogedores del parque. El bramido del ciervo, profundo y primitivo, convierte cada otoño en una liturgia natural que conecta con lo salvaje.

Treinta años mirando al futuro: cambio climático y equilibrio rural

Pero el aniversario no solo es celebración: también es conciencia. El parque afronta nuevos retos marcados por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de compatibilizar conservación y desarrollo local.

El Gobierno regional ha reafirmado su compromiso para reforzar la resiliencia del parque, impulsar estrategias adaptativas y mantener este equilibrio delicado entre naturaleza y vida rural. Porque Cabañeros también es motor económico para los municipios que lo rodean, un eje de turismo sostenible, empleo verde y educación ambiental.

Qué siente quien pisa por primera vez Cabañeros

La primera vez que se entra en Cabañeros no se olvida. El paisaje se abre despacio, como si midiera cada paso, y la mirada se pierde en esa inmensidad de rañas donde el silencio tiene peso. Caminar aquí es entender la dimensión real del bosque mediterráneo, observar cómo la vida se despliega sin artificios, cómo la tierra habla con una calma antigua.

El visitante descubre sendas que serpentean entre encinas centenarias, rincones donde aún laten fósiles de millones de años y horizontes que, al caer la tarde, se tiñen de oro. Las rutas guiadas permiten adentrarse en zonas que conservan su pureza más intacta, mientras los centros de visitantes de Casa Palillos y Torre de Abraham actúan como portales que explican, contextualizan y emocionan.

Pero cuando llega la noche, el relato cambia. El cielo se abre como un océano de estrellas y Cabañeros revela su otra naturaleza: la cósmica, la infinita, la que conecta lo pequeño con lo eterno. Aquí, donde la contaminación lumínica apenas existe, el universo se muestra sin filtros y convierte cada mirada hacia arriba en una experiencia casi espiritual.

El latido que sigue vivo

Treinta años después, Cabañeros sigue siendo símbolo de una elección valiente: la de conservar frente a destruir, la de escuchar a la tierra cuando pide auxilio, la de cuidar lo que no nos pertenece, pero nos define.

Hoy, mientras el viento mueve las jaras y el sol cae sobre los Montes de Toledo, Cabañeros no solo celebra su aniversario. Celebra haber sobrevivido. Y con ello, nos recuerda que la naturaleza, cuando se protege, devuelve siempre el gesto convertido en belleza, futuro y memoria viva. Porque hay lugares que no entienden de fechas, pero sí de eternidad. Y Cabañeros es uno de ellos.