Monasterio de Santa María de Bonaval
Este monasterio olvidado de Castilla-La Mancha es uno de los lugares más sobrecogedores que puedes visitar hoy
Escondido en un valle junto al río, lleva más de 850 años en silencio y casi nadie conoce su historia
En el fondo de un valle frondoso, húmedo y sorprendentemente verde, el paisaje se repliega como si quisiera proteger un secreto antiguo. Junto al curso tranquilo del río Jarama, rodeado de bosques y pastos, aparece el Monasterio de Santa María de Bonaval. No se impone al viajero: se deja descubrir. Y cuando lo hace, conmueve.
El origen de una expansión cisterciense hacia el sur
El monasterio fue fundado en la segunda mitad del siglo XII por un grupo de frailes procedentes del monasterio de Valbuena, en Valladolid. Su objetivo era claro y ambicioso: extender la Orden del Císter por las tierras situadas al sur del Sistema Central. Tras once años de estancia en la zona, el proyecto recibió un respaldo decisivo. En 1175, el rey Alfonso VIII confirmó la propiedad de las tierras a los monjes, asegurando la consolidación del cenobio.
Un enclave elegido con precisión
Bonaval no se levantó aquí por casualidad. El lugar ofrecía todo lo que los cistercienses buscaban para una vida de oración y trabajo. Un valle fértil regado por el Jarama, abundantes bosques y pastos para alimentar al ganado y proporcionar madera y carbón, y canteras cercanas de piedra de Tamajón, con la que se construyeron los muros del monasterio. Todo respondía a una lógica de autosuficiencia y armonía con el entorno.
Las piedras que han llegado hasta nosotros
Los restos que hoy pueden visitarse datan, en su mayor parte, del siglo XIII, cuando el monasterio alcanzó su mayor desarrollo. Del conjunto monacal se conservan el ábside, la sacristía, el crucero y la nave meridional de la iglesia, además de algunos muros de otras dependencias que permiten intuir la vida cotidiana de la comunidad. Son vestigios suficientes para comprender la sobriedad y la belleza austera propias del Císter.
Monasterio de Bonaval
Reformas, abandono y silencio
Con el paso de los siglos, el monasterio fue adaptándose a nuevas necesidades. Se realizaron varias reformas en el siglo XVII, aunque el declive llegó a comienzos del XIX. En 1821, los monjes abandonaron definitivamente Bonaval, que pasó a manos privadas. Desde entonces, el silencio se hizo dueño del lugar, mientras la naturaleza comenzaba a envolver lentamente las piedras.
Un patrimonio recuperado
Lejos de quedar en el olvido, el monasterio fue reconocido oficialmente en 1992, cuando fue declarado Bien de Interés Cultural. Años después, en 2018, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha acometió su restauración y acondicionamiento para la visita pública. Gracias a ello, hoy es posible recorrer el recinto con respeto y comprender la dimensión histórica y espiritual del conjunto.
Naturaleza y arquitectura en equilibrio
Uno de los grandes valores de Bonaval es la fusión casi perfecta entre ruina y paisaje. La vegetación rodea los muros sin ocultarlos, el sonido del río acompaña cada paso y la luz se filtra entre los restos de la iglesia creando una atmósfera sobrecogedora. Aquí, la arquitectura medieval no compite con la naturaleza: dialoga con ella.
Un lugar para descubrir sin prisas
Visitar el Monasterio de Santa María de Bonaval es una experiencia que pide calma. Forma parte de rutas de senderismo cultural y se disfruta mejor despacio, escuchando el entorno y dejando que la historia se revele poco a poco. No es un destino de masas ni lo pretende.
En una época marcada por el turismo rápido, Bonaval ofrece justo lo contrario: ocho siglos de historia, un paisaje intacto y un silencio que impresiona. Un rincón escondido de Castilla-La Mancha que ha vivido más de 850 años apartado del mundo… y que hoy, sin hacer ruido, se convierte en uno de los lugares más memorables que se pueden visitar.