Aýna bajo la nieveJuan María Coy

Este pueblo de película de Castilla-La Mancha es la Suiza Manchega y enamoró al cine español

Colgado sobre el río Mundo, entre montañas y miradores imposibles, Aýna convirtió su paisaje en escenario y su vida cotidiana en historia de cine

Hay lugares que no necesitan presentación. Basta una curva en la carretera para entenderlo todo. Aýna, en plena Sierra del Segura (Albacete), aparece de repente, suspendida entre la roca y el cielo, como si alguien hubiera decidido detener el tiempo en mitad de la montaña. No es solo uno de los pueblos más bellos de Castilla-La Mancha. Es, literalmente, un pueblo de película.

La Suiza Manchega que desafía al paisaje

El apodo no es casual. Aýna se asienta sobre un profundo cañón excavado por el río Mundo, con casas escalonadas que parecen colgar del vacío y calles que se adaptan al terreno con naturalidad. Desde cualquiera de sus miradores, la panorámica recuerda más a un paisaje alpino que a la imagen clásica de La Mancha. De ahí que desde hace décadas se le conozca como la Suiza Manchega.

Aýna. Castilla La Mancha. SpainGetty Images

El casco urbano conserva su trazado tradicional, con fachadas de piedra, cuestas imposibles y balcones abiertos al horizonte. Pasear por Aýna es hacerlo sin prisa, dejando que el paisaje marque el ritmo.

Cuando el cine encontró su escenario perfecto

A finales de los años ochenta, este entorno cautivó a José Luis Cuerda, que eligió Aýna y otros pueblos de la Sierra del Segura como escenario para Amanece, que no es poco. La película, convertida hoy en obra de culto del cine español, encontró aquí el equilibrio perfecto entre naturaleza, surrealismo y vida rural.

Lejos de transformarse para el rodaje, Aýna se mostró tal y como era. Sus calles, sus huertos y su entorno natural se integraron en una historia que acabaría formando parte del imaginario colectivo de varias generaciones. Muchos vecinos participaron como extras y aún hoy recuerdan aquellos días en los que el pueblo se llenó de cámaras, actores y frases que terminaron siendo míticas.

Un paseo por la memoria del cine español

Más de treinta años después, el vínculo entre Aýna y el cine sigue intacto. El visitante puede recorrer algunos de los escenarios más reconocibles de la película, integrados en la vida cotidiana del municipio. No hay decorados artificiales ni recreaciones forzadas: el pueblo sigue siendo el mismo que aparece en la pantalla.

Ruta Amanece que no es pocoTurismo Sierra del Segura

La antigua ermita de Nuestra Señora de los Remedios, en la calle Mayor, alberga un espacio interpretativo dedicado a Amanece, que no es poco, donde se explica el impacto del rodaje y la relación especial entre la película y el territorio.

Cartel película Amanece que no es pocoRTVE

Naturaleza, historia y silencio

Mirador del Diablo, AýnaTurismo Sierra del Segura

Más allá del cine, Aýna es también un destino para quienes buscan naturaleza y calma. El Mirador del Diablo o el Balcón de los Moros ofrecen algunas de las vistas más espectaculares de la Sierra del Segura. Senderos de montaña, rutas entre pinares y paredes de roca convierten el entorno en un paraíso para los amantes del senderismo y la escalada.

A pocos kilómetros, la Cueva del Niño recuerda que esta tierra estuvo habitada desde tiempos prehistóricos. Sus pinturas rupestres, reconocidas como Patrimonio Mundial, añaden profundidad histórica a un lugar que ya impresiona por su belleza natural.

Cueva del niñoTurismo Sierra del Segura

Un pueblo vivo, más allá del rodaje

Aýna no es un decorado congelado en el tiempo. Es un pueblo con tradiciones, fiestas, gastronomía serrana y una forma de vida que resiste al paso de los años. Aquí el viajero encuentra conversaciones tranquilas, atardeceres largos y la sensación de haber descubierto un rincón auténtico.

Quizá por eso Aýna deja huella. Porque no se limita a mostrar un paisaje o a recordar una película. Invita a formar parte de la historia, aunque solo sea durante unos días.

El recuerdo que se queda

Hay pueblos que se visitan y se olvidan. Aýna no pertenece a esa categoría. Entre montañas, cine y silencio, este rincón de Castilla-La Mancha demuestra que a veces la realidad supera al guion. Y que algunos lugares, como las buenas películas, se quedan contigo mucho después de que termine la escena. Porque, Aýna, todos somos contingentes, pero tú eres necesaria.