Maikel Rodríguez Cortina, jefe de sumillería del restaurante Iván CerdeñoMaikel Rodríguez Cortina

Un gran sumiller revela los siete vinos de Castilla-La Mancha que mejor saben en invierno

Vinos de guarda, de territorio y de lumbre elegidos por Maikel Rodríguez Cortina, jefe de sumillería del restaurante Iván Cerdeño

El invierno en Castilla-La Mancha no solo se mide en grados. Se mide en silencios, en lumbres encendidas, en conversaciones largas al abrigo de una copa. Y si alguien sabe traducir ese invierno a vino es Maikel Rodríguez Cortina, jefe de sumillería del restaurante Iván Cerdeño, que firma una selección de siete vinos tintos —y algún guiño imprescindible— pensados no para beber con prisa, sino para quedarse.

No hay jóvenes en esta lista. No hay vinos fugaces. Aquí todo tiene tiempo, cuerpo, historia y una vocación clara de guarda. Son vinos que hablan de territorio, de variedades recuperadas, de proyectos valientes y de una Castilla-La Mancha que ya no pide permiso.

Toledo: Arrayán y el barro como punto de partida

Si hubiera que empezar por algún sitio, tendría que ser Toledo. Y dentro de Toledo, Arrayán. Concretamente su gama más premium, nacida en Finca La Verdosa, una finca recuperada por la bodega y convertida en uno de los paisajes vitícolas más bellos de la provincia.

Bodegas ArrayánRuta del Vino Méntrida-Toledo

Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot forman el corazón de estos vinos. Todas las uvas pasan por una primera fermentación en barro, un gesto casi ancestral que marca su identidad, antes de criarse durante año y medio en roble francés. Después llega la paciencia: la guarda en botella antes de salir al mercado.

El resultado no son vinos jóvenes ni inmediatos. Son vinos con cuerpo, cálidos, potentes, pensados para las noches de invierno. Vinos de chimenea, de copa lenta, de lumbre encendida.

Albacete: la Monastrell que rompe prejuicios

Desde Toledo el viaje conduce hasta Albacete, donde Alfonso Murat ha levantado uno de los proyectos más interesantes del panorama regional: Vides Caliza. Su vino Entresijos, elaborado con Monastrell de Ontur, demuestra que esta variedad puede expresarse lejos de los excesos.

Vides CalizaVides Caliza

Aquí no hay dulzor desbordado ni concentración pesada. Hay una Monastrell de 16 grados, sí, pero con un alcohol perfectamente integrado, más fresca, más vegetal, equilibrada. La madera acompaña, nunca domina, y la capacidad evolutiva del vino lo convierte en una de las grandes apuestas para el invierno.

EntresijoVides Caliza

La añada 2022 —la segunda del proyecto— marca un punto de inflexión. Cada año, mejor.

Ciudad Real: Vallegarcía y la elegancia del tiempo

Bodegas VallegarcíaBodegas Vallegarcía

Hablar de Ciudad Real es hablar de Vallegarcía. Una bodega que no solo logró su propia Denominación de Origen Protegida, sino que ha conseguido colocar sus vinos en algunas de las cartas más exigentes de España.

Entre sus referencias, Maikel se queda con un vino relativamente joven dentro de la casa, nacido hace apenas cuatro años, elaborado con Garnacha y Cariñena. La primera aporta redondez, fruta y alcohol amable; la segunda, acidez, estructura y longevidad.

VallegarcíaBodegas Vallegarcía

Es un vino que explica muy bien cómo puede ser la Garnacha en Ciudad Real: más redonda, más pulida, sostenida por una Cariñena que alarga la vida del vino en botella.

Cuenca: la Petit Verdot que desafía al tiempo

Bodegas CoronadoBodegas Coronado

En Cuenca, la mirada se eleva hasta Bodegas Coronado. Allí, Raúl —alma y propietario del proyecto— elabora algunos de los vinos de guarda con mayor expresión de Castilla-La Mancha.

La recomendación es clara: Rafael Casildo 2019. Dos años en barrica para construir un perfil de vino reserva y, después, una espera casi insólita: cinco años en botella antes de salir al mercado.

Rafael Casildo 2019Bodegas Coronado

La Petit Verdot aquí rompe su propio nombre. No es pequeña ni amarga. Es grande, voluptuosa, cálida. Lograr eso con esta variedad es extraordinariamente complejo. Y aquí se consigue.

Guadalajara: Tempranillo desde la Alcarria

Bodegas La EraBodeboca

Guadalajara guarda proyectos discretos pero profundos. En Mondéjar, la bodega La Era trabaja pequeñas parcelas, diferenciando suelos y variedades con una precisión casi artesanal.

Su vino La Era, 100% Tempranillo, es una reivindicación de la variedad centenaria de Castilla-La Mancha. Un año de barrica basta para redondear un vino afrutado, nada goloso, con un perfil balsámico y cremoso donde la maloláctica se deja notar.

La EraBodegas La Era

La evolución en botella es uno de sus grandes atractivos: divertida, viva, cambiante.

Villarrubia de Santiago: la memoria líquida

Bodegas García de LaraBodeboca

En Villarrubia de Santiago, la bodega García de Lara custodia una parte esencial de la historia vitícola de la región. Viñas prefiloxéricas de Tinta de Toledo, añadas antiguas rescatadas y una variedad casi olvidada que vuelve a hablar: la Pampana Blanca.

Pámpana BlancaBodegas García de Lara

Este vino es equilibrio, fruta, calidez. Un vino de invierno, de conversación pausada, que demuestra que el patrimonio varietal también se bebe.

Villanueva de Alcardete: vinos de hoguera

La lista se cierra en Villanueva de Alcardete, con uno de los proyectos familiares más singulares: Bodegas Jesús Recuero. Su vino de guarda de familia —actualmente en añada 2015— pasa cerca de diez años en botella antes de llegar al consumidor.

Bodegas Jesús RecueroBodegas Jesús Recuero

Garnacha, Brujidera, Tinta Velasco y Moravia conviven en un vino donde la Brujidera, una de las uvas más antiguas de la zona, tiene un peso esencial. La fermentación en damajuana aporta ese ligero enranciamiento que eleva la acidez y garantiza una evolución extraordinaria.

Vino de guarda de familiaBodegas Jesús Recuero

Son vinos de casa, de hoguera, de abrir botellas sin mirar el reloj. Vinos que no se beben: se comparten. Siete vinos —y siete territorios— que confirman que Castilla-La Mancha también se escribe en invierno, copa a copa.