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La cara oculta del boom de Illescas: empleo hay, vida digna no

Contratos parciales, alquileres imposibles y trabajadores atrapados en el municipio que sostiene la logística del centro de España

Illescas se ha consolidado como uno de los grandes polos logísticos del centro de España. Las cifras de empleo crecen, las naves se multiplican y la actividad no se detiene. Sin embargo, bajo esa imagen de prosperidad se abre paso una realidad mucho menos visible, marcada por salarios ajustados y una presión social que no deja de aumentar.

El empleo que no alcanza para vivir

Tener trabajo ya no es sinónimo de estabilidad. La extensión de contratos parciales ha normalizado ingresos que rondan los mil euros mensuales, una cifra que se queda corta frente al coste real de la vida en el municipio. El empleo existe, pero no siempre permite construir un proyecto vital mínimamente sólido.

Alquileres disparados y sueldos anclados

La llegada constante de trabajadores ha tensionado el mercado de la vivienda hasta convertirlo en el principal factor de exclusión. Los precios del alquiler han crecido a un ritmo muy superior al de los salarios, haciendo que residir en Illescas sea inalcanzable para quienes sostienen su economía diaria.

Compartir habitación o vivir lejos: las nuevas renuncias

Ante la falta de alternativas, muchos trabajadores se ven obligados a aceptar soluciones que hace unos años parecían excepcionales. Habitaciones compartidas, pisos saturados o desplazamientos diarios de decenas de kilómetros se han convertido en parte de la normalidad, con un alto coste personal y económico.

El trabajador imprescindible que nadie ve

Illescas necesita mano de obra para mantener su papel estratégico en la cadena logística. Sin embargo, esa misma mano de obra vive en una situación de fragilidad constante, atrapada entre la precariedad laboral y la imposibilidad de acceder a una vivienda digna.

Cuando el progreso deja a gente atrás

El caso de Illescas plantea un debate incómodo sobre el modelo de crecimiento. Una ciudad que genera riqueza, empleo y movimiento económico, pero que al mismo tiempo empieza a expulsar, de forma silenciosa, a quienes la hacen funcionar cada día.