La Chorrera de Horcajo de los Montes, Ciudad RealCabañeros

La cascada escondida de Ciudad Real que vuelve a rugir como nunca tras las borrascas

Las lluvias han devuelto a este rincón protegido de los Montes de Toledo una imagen excepcional, con un caudal cercano a niveles históricos

Hay paisajes que solo se dejan ver en contadas ocasiones. Estos días, la Chorrera de Horcajo de los Montes ha vuelto a ser uno de ellos. Las sucesivas borrascas que han barrido la península han transformado este enclave del entorno del Parque Nacional de Cabañeros en una estampa poderosa, con un caudal cercano a registros históricos y una fuerza sonora que se percibe mucho antes de alcanzar la caída de agua.

El agua se precipita con ímpetu por el barranco, desbordando su cauce habitual y anegando el entorno inmediato. La cascada, con una caída aproximada de quince metros, ofrece ahora una imagen poco frecuente incluso para quienes conocen bien este rincón del suroeste de la provincia de Ciudad Real.

Un rincón protegido entre los Montes de Toledo

La Chorrera se encuentra en el término municipal de Horcajo de los Montes, integrada en el sistema orográfico de los Montes de Toledo, entre los cerros de la Zarceruela y del Chorro. No es un dato menor: este enclave forma parte de un espacio catalogado como Paisaje Protegido, una de las figuras de mayor nivel de conservación ambiental en Castilla-La Mancha.

Ese grado de protección se explica por la singularidad del lugar, pero también por su fragilidad. El actual episodio de lluvias ha devuelto al paraje una dinámica hídrica poco habitual, recordando cómo debió de ser este barranco en otros tiempos, cuando el agua marcaba el pulso del paisaje durante semanas.

Un microclima casi secreto en pleno centro peninsular

Uno de los grandes valores de la Chorrera es el microclima que se genera en su interior. La orientación sur-suroeste del barranco, unida a la elevada humedad ambiental y a la escasa insolación, crea unas condiciones poco comunes en el centro de la península ibérica. El resultado es una diversidad botánica sorprendente, impropia de estas latitudes.

En este entorno húmedo prosperan especies de afinidad eurosiberiana como el abedul meridional, catalogado como vulnerable, junto al acebo o el arraclán. Los helechos tapizan las zonas más umbrías y húmedas del barranco, con especial presencia de la Osmunda regalis, una especie considerada relicto del Terciario que da idea de la antigüedad ecológica del enclave.

En el fondo del barranco dominan los sauces y los fresnos, acompañados por encinas, quejigos y madroños, mientras que las cuarcitas que afloran en las laderas albergan comunidades vegetales adaptadas a suelos rocosos y pobres, completando un mosaico natural de gran valor científico y paisajístico.

Un refugio clave para la fauna más emblemática

La riqueza vegetal encuentra su reflejo en la fauna. La Chorrera y su entorno inmediato constituyen un hábitat de interés para especies sensibles como la nutria, también catalogada como vulnerable, y para una destacada comunidad de aves rapaces. En el cielo de esta zona no es extraño observar al águila imperial ibérica, al buitre negro, al águila real, al azor o a distintas especies de milanos, que aprovechan la tranquilidad y la abundancia de recursos del área.

La actual crecida del agua refuerza el atractivo visual del enclave, pero también obliga a extremar la precaución. El aumento del caudal ha generado zonas encharcadas y accesos complicados, por lo que se recomienda prudencia a quienes se acerquen a contemplar este espectáculo natural efímero, uno de esos momentos en los que la naturaleza recuerda su fuerza y su belleza salvaje en pleno corazón de Castilla-La Mancha.