Agricultores de Lominchar (Toledo) intentando salvar su cosecha de coliflorASAJA Toledo

El campo de Toledo se ahoga: un 40% de la aceituna perdida y granjas aisladas por el agua

Las riadas y el viento hunden la campaña del olivar, arruinan siembras de cereal y obligan a ganaderos a enfrentarse a partos y animales enfermos sin poder acceder a sus fincas

La fotografía del campo toledano tras semanas de lluvias intensas y desembalses deja una sensación «agridulce». Así lo resume a El Debate Blanca Corroto, presidenta de ASAJA Toledo, que advierte de importantes daños en agricultura y ganadería, aunque también reconoce que, en determinadas parcelas, el agua puede convertirse en aliada.

La provincia vive días de incertidumbre. Parcelas anegadas, caminos intransitables, olivares castigados por el viento y explotaciones ganaderas con dificultades de acceso dibujan un escenario complejo que todavía no puede cuantificarse con exactitud. «Los agricultores nos están informando, pero aún no tenemos cifras cerradas», explica.

Hasta el 40% de la aceituna, en el suelo

El golpe más severo se concentra en el olivar. Aunque buena parte de la campaña estaba avanzada antes del temporal, en muchas zonas aún quedaban parcelas por varear. El resultado es contundente: pérdidas estimadas de entre el 35% y el 40% de la cosecha, especialmente en la comarca de Mora, los Montes de Toledo-Yébenes o municipios como Consuegra, Villafranca de los Caballeros, Villarrubia de Santiago o Yepes.

Olivar arrancado en Villafranca de los CaballerosASAJA Toledo

Si la previsión inicial rondaba las 160.000 toneladas de aceituna en la provincia, ahora difícilmente se superarán las 140.000.

El viento ha tirado fruto al suelo y las lluvias han retrasado el final de campaña. En Villafranca de los Caballeros, incluso, se han registrado olivos arrancados por rachas huracanadas. En el caso del olivar tradicional de secano —variedad cornicabra— la resistencia al encharcamiento es mayor, aunque las plantaciones jóvenes pueden sufrir asfixia radicular.

El cereal, con riesgo de pérdida total

Si en el olivar las pérdidas son cuantiosas, en el cereal el riesgo es aún más alarmante. En parcelas que llevan días completamente encharcadas, la cosecha se da por perdida al 100%. En otras, donde el agua va filtrando, persiste el peligro de enfermedades fúngicas como la roya o de asfixia radicular.

Además, algunas tierras no pudieron sembrarse y en otros casos las labores se hicieron de manera precipitada para no comprometer las ayudas de la PAC. El resultado es una campaña que ya nace condicionada.

«La próxima cosecha es la del cereal y creemos que no va a ser buena porque una parte ya se ha perdido», reconoce Corroto.

Cuatro granjas aisladas y ganaderos sin poder atender partos

El impacto en la ganadería, especialmente en el modelo extensivo de la comarca de Talavera, añade dramatismo al episodio. Al menos cuatro granjas quedaron completamente aisladas por el desbordamiento del arroyo Gélavo, mientras que otras muchas han sufrido dificultades de acceso.

El problema no es menor: no poder asistir un mal parto, atender a animales enfermos o suministrar alimento suplementario puede comprometer seriamente el bienestar del ganado.

Lo que más ha impactado a la presidenta de ASAJA es la desesperación trasladada por los propios ganaderos. «Algún día no han podido acceder a sus granjas y no sabían cómo estaba el ganado», explica.

Inundaciones generalizadas y cauces sin limpiar

Aunque las situaciones más graves se concentran en zonas de ribera —Tajo, Alberche, Gélavo o Algodor—, el problema no se limita a esos enclaves. Hay parcelas encharcadas por toda la provincia, especialmente en suelos con peor drenaje.

Desde ASAJA sostienen que la falta de limpieza y mantenimiento de los cauces agrava las consecuencias de lluvias y desembalses. «El agua busca caminos y, cuando los cauces no están despejados, se desborda», denuncian.

Corroto reconoce que este año se ha avisado de los desembalses, algo que no ocurrió en episodios anteriores, pero critica la dificultad para coordinar medidas con la Confederación Hidrográfica del Tajo. «No contestan a llamadas ni correos», asegura.

La otra cara del agua: pastos y leñosos con más vigor

No todo es negativo. En parcelas que no han sufrido encharcamientos prolongados, el agua puede ser muy beneficiosa. Los cultivos leñosos —viñedo, almendro, pistacho y el propio olivar ya recolectado— podrían ganar vigor si el tiempo acompaña con horas de sol.

También se espera una primavera con abundante pasto, lo que aliviaría costes en la ganadería extensiva y garantizaría reservas hídricas para el verano.

Sin embargo, el horizonte sigue abierto: heladas, tormentas u olas de calor podrían alterar cualquier previsión.

Conejos y agua: doble castigo para el agricultor

A la crisis hídrica se suma la sobrepoblación de conejo de monte. ASAJA considera insuficiente la declaración anual de emergencia cinegética, que ya afecta a 364 municipios de Castilla-La Mancha, más que el año anterior.

La organización agraria prepara una denuncia ante la Fiscalía por los daños continuados en los cultivos y exige medidas más eficaces, como ampliar modalidades de control y actuar en zonas de seguridad próximas a infraestructuras.

En algunas parcelas, el agricultor sufre ahora un doble golpe: daños previos por conejos y pérdidas actuales por el agua.

Petición de ayudas y un problema estructural

ASAJA solicitará la declaración de zona catastrófica en las áreas más perjudicadas y reclama ayudas directas y beneficios fiscales, como exenciones de cuotas o reducciones en el IBI.

Pero el diagnóstico va más allá del episodio puntual. Para Corroto, lo ocurrido refleja «un problema estructural en la gestión del agua»: falta de mantenimiento de cauces e insuficientes infraestructuras de almacenamiento en un país de sequías cíclicas.

Mientras tanto, la recomendación a agricultores y ganaderos es clara: documentar daños y comunicarlos tanto a ayuntamientos como a oficinas agrarias para que queden registrados.

Plantación de coliflores en Lominchar, ToledoASAJA Toledo

El campo toledano respira con dificultad entre el exceso de agua y la incertidumbre. La lluvia, que en otras circunstancias sería una bendición, se ha convertido esta vez en un desafío que pone a prueba la resistencia de agricultores y ganaderos en una provincia donde cada cosecha es mucho más que una estadística.