Monseñor José M.ª Yanguas, obispo de Cuenca, durante le pregón de Semana SantaPablo Procopio

Cuenca

Mons. Yanguas llama a los nazarenos a abrir el corazón a Cristo: «La Cruz ilumina el sufrimiento humano y disipa su tiniebla»

En el pregón de Semana Santa de Cuenca, el obispo de llamaba a a vivir con la mirada puesta en el horizonte de Resurrección: «La esperanza es cierta, el final será el encuentro»

El obispo de Cuenca, Mons. José María Yanguas, invitaba a los nazarenos a vivir la Pasión más cerca de Cristo que nunca en su pregón de Semana Santa. Este Viernes de Dolores, desde el Teatro Auditorio, el prelado reclamaba que fuera la imaginería religiosa la que hablara a los cofrades.

Hacía 29 años que un obispo no era el pregonero de los días santos. En su discurso buscó interpelar el corazón del nazareno y de ponerlo ante el espejo de Cristo: «Sólo una pregunta: ¿Por cuánto lo hemos vendido tú y yo? ¿Cuántas veces? ¿Seguiremos tomando el pecado por algo sin importancia, por un error sin mayores consecuencias, por la transgresión sin más de una ley?»

Monseñor José M.ª Yanguas, durante le pregón de Semana SantaPablo Procopio

Dos momentos de emoción

Recorrió las tallas siguiendo la estructura cronológica y procesional: «¡Santísimo Cristo de la Vera Cruz! Mirada apagada, de aceptación orante, rendida a la voluntad del Padre; mirada de alma y cuerpo exhaustos después del gran combate, del grito final elevado al cielo sin obtener respuesta» lanzaba, evocando el Lunes Santo. «Aunque duelan sus palabras, nos hacen bien los 'bautistas' que nos recuerdan la verdad de nuestros pecados y no ceden a la tentación de limar su gravedad, ni admiten justificaciones fáciles», afirmaría del Martes Santo. «Mirada a lo alto del Santísimo Cristo del Ecce Homo de San Gil. [...] Aunque no fuera el Hijo amado del Padre, nadie dudaría de que su oración será acogida. Lo dice esa mirada tan llena de contenido como imposible de descifrar por entero. Solo por esa mirada, Luis Marco Pérez merecería un monumento como uno de los grandes. ¡Yo se lo levanto en mi memoria y en mi oración!», invitando con vehemencia a hacer camino con los nazarenos de Paz y Caridad.

Mons. Yanguas buscó, a través de los sentidos, su palabra, la teología y la sincera radicalidad del Evangelio, profundizar en la fe que anida en los conquenses. Dejó brotar su emoción en dos momentos: recibir cada año a la Virgen —María Santísima de la Esperanza— bajo el arco del Palacio Episcopal y en su homenaje a la Madre —refiriéndose a Ntra. Sra. de las Angustias—. «¡Qué bien, que hermoso y qué necesario que existan las madres! Al menos un Ave María cuando te retires a descansar, para agradecer que haya querido ser también madre nuestra la que es Madre de Dios», decía.

No faltó una denuncia de la fe acomodada o la tibieza espiritual, que el cristiano se esconda por miedo al qué dirán, contraponiéndolo con la Cruz como imagen de amor y entrega. A través del dolor de Cristo como depositario de todos los sufrimientos o la compasión de María, el obispo reclamaba coherencia, caridad y una fe viva que culmine —igual que la Semana Santa— en la luz de la Resurrección.

El pregonero fue introducido por Paula Latorre, directora de comunicación del obispado, quien mencionaba que ese acto era el «pistoletazo de salida del alma» que marca «el inicio de un ciclo de diez días en el que el sentimiento se hace rito para narrar el drama divino».

El Coro del Conservatorio, durante el pregón de Semana Santa de CuencaPablo Procopio

Acompañando a las palabras también se hizo presente la música, primero con el Coro del Conservatorio —dirigido por Jesús Mercado—, quienes interpretaron Northern lights, de Ola Gjeilo; Ubi Caritas, de J. Michael Trotta; el Stabat Mater de Tartini y el Miserere. Tras las voces, sonaron los instrumentos de la Asociación Musical Virgen de la Luz - Banda de Música de Cuenca. Hicieron sonar Cristo del Perdón, de José Gómez Vila; Mi Amargura, de Víctor M. Ferrer Castillo; Réquiem por un músico, de José López Calvo, y San Juan, de Nicolás Cabañas.