Quema muñeca Alamillo

Quema muñeca AlamilloÁngel Barbacho

Los Judas de Castilla-La Mancha: el ritual en el que cada pueblo decide cómo «acabar» con lo que sobra

De Minaya a Yepes, esta tradición adopta formas distintas, pero mantiene un mismo objetivo: cerrar ciclo y empezar de nuevo

Amanece en un pueblo de Castilla-La Mancha y hay algo que llama la atención antes incluso de que empiece la procesión. Un muñeco cuelga en mitad de la calle. A veces de un balcón. A veces cruzando de lado a lado. A veces elevado en el centro de la plaza. Tiene forma humana, pero su aspecto es exagerado, casi incómodo. Puede llevar un cartel. Puede no necesitarlo. No es un adorno. Es un Judas.

Y, aunque cada pueblo lo interpreta a su manera, todos comparten una misma idea: representar aquello que sobra, lo que ha marcado el último año, lo que se quiere señalar… y, de algún modo, dejar atrás.

Un mismo símbolo, muchas formas de entenderlo

Los Judas —o peleles— se construyen con ropa vieja y materiales sencillos, normalmente rellenos de paja, papel o telas. No buscan realismo, sino expresión.

Son figuras deformadas, caricaturescas, que condensan una idea compartida: el error, la traición o aquello que ha generado malestar. Sin embargo, no existe una única forma de tratarlos. En algunos pueblos se queman. En otros se mantean hasta romperse. En otros se golpean, se arrastran o simplemente se exhiben antes de desaparecer. El rito cambia. El significado permanece.

Un origen que va más allá de la Semana Santa

Aunque hoy está vinculado al Domingo de Resurrección, este gesto es mucho más antiguo.

Durante siglos, distintas culturas utilizaron figuras humanas en rituales que simbolizaban el final de una etapa y el inicio de otra. Con el tiempo, esas prácticas evolucionaron: la figura real se sustituyó por un muñeco y el sacrificio se convirtió en representación.

Cuando el cristianismo incorporó esta tradición, la adaptó al final de la Semana Santa. Y no es casual. Ese momento —entre la muerte y la resurrección— también habla de transición, de cierre y de comienzo.

En Minaya, el Judas también opina

En esta localidad albaceteña, los Judas han evolucionado hacia una forma de expresión pública.

Peleles de Minaya, Albacete

Peleles de Minaya, AlbaceteJorge Tornero Carrasco

Los muñecos aparecen acompañados de carteles que ironizan sobre temas de actualidad, desde cuestiones nacionales hasta situaciones del propio pueblo. Son una especie de crítica expuesta en la calle, pero integrada en la tradición. Aquí, el gesto no es solo simbólico. También es comunicativo.

En Alamillo, el ritual se divide en dos tiempos

En este municipio del valle de Alcudia, la tradición distingue entre dos figuras.

Judas y Muñeca de Alamillo

Judas y Muñeca de AlamilloÁngel Barbacho

Por un lado, las muñecas, elaboradas con gran detalle y destinadas a ser quemadas la noche del Sábado de Gloria.

Por otro, los Judas, que el Domingo de Resurrección son manteados por las calles en una celebración más dinámica y participativa. Aquí, cada elemento tiene su momento. Y su forma.

En Fuencaliente, la tradición también evoluciona

En este municipio de Ciudad Real, el Judas sigue formando parte del final de la Semana Santa, con su confección, exposición y manteo tras la procesión.

Manteo del Judas

Manteo del JudasMaricarmen Fernández

Sin embargo, otras prácticas asociadas han desaparecido con el tiempo, como el conocido «coge pucheros», un juego colectivo que completaba la celebración. El rito permanece. Pero no es inmutable.

En Albalate de las Nogueras, el Judas se eleva antes de caer

Aquí, el muñeco se coloca en lo alto de un gran tronco en la plaza del pueblo. Desde ahí, preside el espacio común.

Judas de Abalate

Judas de AbalatePaco Auón

Cuando cae, el gesto deja de ser individual para convertirse en colectivo. Son los vecinos —y especialmente los más jóvenes— quienes continúan el ritual, participando en su final.

En Cañete, el Judas forma parte del movimiento

En este municipio de la Serranía de Cuenca, el Judas no permanece estático.

Cuelga de los Judas

Cuelga de los JudasAyuntamiento de Cañete

Durante la procesión, se balancea entre balcones, interactuando con quienes pasan por debajo. No es solo una figura simbólica, sino parte activa del recorrido.

Después, como en otros lugares, termina siendo destruido. Pero su papel no es solo final. También es tránsito.

En Sigüenza y Yepes, la tradición continúa

En Sigüenza, la tradición está documentada desde hace siglos y sigue presente en distintos puntos de la ciudad.

Judas colgado

Judas colgadoAyuntamiento de Sigüenza

En Yepes, el manteo del pelele continúa siendo una de las imágenes más reconocibles del Domingo de Resurrección, acompañado de cantos populares y una jornada que termina en el campo. Son formas distintas de una misma idea.

Manteo del pelele

Manteo del peleleAyuntamiento de Yepes

Un ritual que no necesita ser igual para tener sentido

No todos los Judas arden. Ni todos terminan de la misma manera. Y ahí reside precisamente la fuerza de esta tradición.

Porque no depende de una única forma, sino de un gesto compartido: el de señalar, en comunidad, aquello que ha marcado al pueblo y darle un final simbólico.

Cada Semana Santa, ese muñeco vuelve a aparecer. Y con él, una certeza que se repite en cada rincón de Castilla-La Mancha: que incluso sin palabras, hay cosas que un pueblo necesita dejar atrás.

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