El Salto de Villalba de la Sierra
La obra faraónica de Cuenca que domó el Júcar y llevó la luz hasta Madrid
El Museo de las Ciencias recupera la historia del Salto de Villalba, una infraestructura centenaria que transformó la Serranía con un canal de casi 20 kilómetros, túneles, sifones, central hidroeléctrica y un poblado industrial único
Hay obras que no solo modifican un paisaje: cambian para siempre la vida de quienes lo habitan. Eso ocurrió hace un siglo en el Alto Júcar con el Salto de Villalba, una infraestructura hidroeléctrica que convirtió el agua de la Serranía de Cuenca en energía, empleo, modernidad y memoria. Una obra faraónica, levantada entre rocas, barrancos y agua, que ahora vuelve al primer plano con una exposición en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha.
La muestra, titulada ‘El Salto de Villalba, 1926-2026. Historia de una gran obra hidráulica’, ha sido organizada por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en Castilla-La Mancha con motivo del centenario de una de las infraestructuras hidroeléctricas más singulares del país. A través de fotografías, planos y documentación histórica, la exposición reconstruye cómo el Júcar y la laguna de Uña fueron integrados en un sistema capaz de generar electricidad y transformar la comarca.
Un canal colgado sobre el Alto Júcar
El Salto de Villalba no fue solo una central. Fue un complejo completo formado por la presa de La Toba, la laguna de Uña, un canal de casi veinte kilómetros, túneles, sifones, depósito de carga, tuberías forzadas, central hidroeléctrica y un poblado industrial. Su gran columna vertebral fue precisamente el canal, trazado por uno de los tramos más abruptos del Alto Júcar.
El comisario de la muestra y representante provincial del Colegio en Cuenca, Eduardo Jiménez Gismero, destaca que el valor de esta obra reside en su concepción global: ingeniería hidráulica, producción energética, arquitectura industrial y adaptación a un territorio especialmente complejo.
Salto de Villalba con el pueblo, al fondo
Uno de los puntos más singulares es el sifón de Riofrío, diseñado para salvar la depresión del arroyo sin interrumpir la continuidad hidráulica y, al mismo tiempo, respetar la tradicional flotación de maderas por el Júcar. Porque el proyecto no solo tenía que producir energía: también debía convivir con los usos históricos del río.
Alfonso XIII y la modernidad en la Serranía
La exposición recuerda también la visita de Alfonso XIII en junio de 1926, cuando el monarca recorrió la central, el depósito de carga, el canal, la laguna de Uña y las obras del embalse de La Toba. Aquella visita sirvió para presentar institucionalmente una infraestructura que situó al Salto de Villalba entre las grandes obras energéticas españolas del primer tercio del siglo XX.
El Rey Alfonso XIII de visita en «El Salto» Villalba de la Sierra (Cuenca)
Detrás de aquella empresa estuvo la figura de Juan Lázaro Urra, ingeniero director del Salto de Villalba, responsable de articular una infraestructura unitaria capaz de captar, regular y conducir el agua hasta las turbinas. Junto a él aparecen otros nombres clave, como Pedro Martí Hernández, encargado general de los trabajos, cuya labor fue decisiva para convertir los planos en realidad.
Un poblado industrial entre rocas y agua
El Salto también dejó una huella humana. En torno a la central se creó un poblado para alojar a trabajadores, técnicos y familias en un enclave aislado de la Serranía. Allí hubo viviendas, casa de dirección, capilla, talleres, oficinas, espacios auxiliares y una pequeña comunidad ligada a la explotación hidroeléctrica.
Mapa de la obra del Salto de Villalba
El entorno, junto al Júcar y bajo los roquedos que dominan Villalba de la Sierra, conserva aún ese aire de arquitectura industrial monumental. La central, con apariencia casi palaciega, forma parte de un conjunto que mezcla funcionalidad, ambición técnica y belleza paisajística.
El decano de la Demarcación de Castilla-La Mancha del Colegio, Juan Antonio Mesones, enmarca esta iniciativa en la necesidad de reivindicar el patrimonio de la ingeniería civil y acercar a la sociedad obras que fueron decisivas para el desarrollo del territorio.
Cien años después, el Salto de Villalba vuelve a contarse no solo como una instalación energética, sino como una pieza clave de la memoria conquense: la obra que domó el Júcar, abrió la Serranía a la modernidad y dejó en Villalba de la Sierra uno de los grandes monumentos hidráulicos de Castilla-La Mancha.