Montaje IA Emilio Cebrián Ruiz
La tragedia del músico de Toledo que puso banda sonora a la Semana Santa de toda España
Emilio Cebrián compuso Nuestro Padre Jesús, una de las marchas procesionales más célebres del país, y murió a los 43 años al caer de un balcón minutos antes de dirigir un concierto
Cada Semana Santa, cuando una banda interpreta los primeros compases de Nuestro Padre Jesús, vuelve a escucharse el legado de un compositor nacido en Toledo cuya música conquistó España, pero cuya vida terminó de manera abrupta cuando apenas tenía 43 años.
Este 30 de julio se cumplen 126 años del nacimiento de Emilio Cebrián Ruiz, autor de algunas de las marchas, pasodobles e himnos más populares de la música española. Su nombre permanece especialmente unido a una partitura que se ha convertido en una auténtica oración sin palabras para miles de personas.
Cebrián nació en Toledo en 1900, dentro de una familia de escasos recursos económicos. Su padre trabajaba como hojalatero, pero Emilio mostró desde niño unas extraordinarias aptitudes para la música. Comenzó a formarse en la academia del maestro José Blanco y, a pesar de la oposición inicial de sus padres, ingresó en 1915 en la Banda de Música de la Academia de Infantería de Toledo.
Poco después consiguió una plaza fija como músico de segunda en la especialidad de requinto. Continuó estudiando piano y armonía con Francisco Saizar Victoria, maestro de capilla de la Catedral de Toledo, y amplió su formación en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. También llegó a tocar el clarinete en la orquesta del Teatro de Rojas.
La batuta que transformó Talavera
En 1925 obtuvo la plaza de director de la Banda Municipal de Talavera de la Reina. Se encontró una agrupación con pocos músicos y un instrumental precario, pero consiguió revitalizarla hasta convertirla en una formación premiada y admirada.
Bajo su dirección, la banda ganó en 1931 el primer premio del Concurso Regional de Bandas de Música de Toledo. Cebrián también creó una masa coral y, cuando abandonó Talavera, se despidió de la ciudad componiendo el himno Gratitud.
Un año después ganó por oposición la dirección de la Banda Municipal de Jaén. Allí alcanzaría la plenitud de su carrera y escribiría las obras que terminaron convirtiéndolo en uno de los grandes compositores españoles para banda.
Una marcha convertida en leyenda
En 1935 compuso Nuestro Padre Jesús, dedicada a Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Abuelo de Jaén. La marcha fue estrenada en la plaza de Santa María y terminó convertida en uno de los grandes clásicos de la Semana Santa andaluza y española.
La partitura incorpora en su tramo final notas del Himno a Jaén, otra de sus grandes creaciones, y continúa interpretándose en procesiones de todo el país. El Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha recoge cerca de un centenar de composiciones originales de Cebrián, sin contar sus transcripciones y arreglos.
Entre sus obras más conocidas figuran también el popular pasodoble Churumbelerías y marchas procesionales como Macarena, Jesús Preso, Cristo de la Sangre o María. También fue autor de los himnos de Toledo, Jaén y Baeza.
La caída que terminó con todo
El 3 de octubre de 1943, Emilio Cebrián viajó hasta Llíria, en Valencia, para dirigir un concierto junto a su hermano Francisco, responsable de la Banda Primitiva de la localidad. Emilio nunca lo había visto actuar profesionalmente y aquella cita debía convertirse en un encuentro muy especial entre los dos hermanos.
Pero el concierto jamás llegó a celebrarse. Poco antes de salir al escenario, el músico se asomó a una puerta-balcón que carecía de balaustrada y cayó al vacío. Murió como consecuencia del golpe mientras el público esperaba su aparición.
Su muerte truncó una carrera que todavía estaba en pleno ascenso. Poco antes había sido destinado para dirigir la Banda Municipal de Madrid, el gran salto profesional que nunca pudo dar.
Cebrián fue enterrado inicialmente en Llíria, aunque años después sus restos regresaron a Toledo. Su música, sin embargo, nunca dejó de sonar. Más de ocho décadas después de su trágica muerte, cada Semana Santa las bandas vuelven a levantar la batuta y su nombre regresa a las calles convertido en melodía.