Joaquín Sorolla, «Vista de Toledo», 1912

El desconocido viaje de Sorolla por Toledo que terminó en una obra monumental en Nueva York

Lejos de sus famosas playas valencianas, el artista encontró junto al Tajo un paisaje de tonos ocres, puentes históricos y personajes que acabarían cruzando el Atlántico

Joaquín Sorolla murió el 10 de agosto de 1923 en Cercedilla, en la casa de su hija María. Tenía 60 años y llevaba tiempo apartado de los pinceles después de sufrir un ataque de hemiplejia. Este lunes se cumplen 103 años de la desaparición del artista que convirtió la luz del Mediterráneo, las playas valencianas y los reflejos sobre el agua en algunas de las imágenes más reconocibles de la pintura española.

Cuadro 'Las Covachuelas, Toledo', de Joaquín Sorolla

Sin embargo, existe otro Sorolla mucho menos conocido. Un pintor alejado del mar, de las velas blancas y de los niños corriendo por la arena. Es el Sorolla que recorrió Toledo con el caballete a cuestas y quedó atrapado por el Tajo, los Cigarrales, las Covachuelas y los grandes puentes de la ciudad. El maestro de la luz también encontró inspiración entre las piedras y los tonos ocres de Castilla.

El descubrimiento de Toledo

Sorolla visitó Toledo para pintar en dos momentos fundamentales de su carrera, en 1906 y 1912. Durante la primera estancia trasladó al lienzo algunos de los rincones que más le impresionaron, como las Covachuelas, el puente de Alcántara, los alrededores del Tajo o las calles del casco histórico.

De aquel viaje surgieron obras como Covachuelas, Toledo, Una calle en Toledo, El ciego de Toledo o diferentes vistas del río y de la ciudad. Las playas luminosas desaparecen y dejan paso a una pintura más sobria, dominada por la tierra, la piedra y los contrastes entre la luz y la sombra.

Una calle en Toledo, Joaquín SorollaWikipedia

Aquella estancia se produjo después de que Sorolla conociera directamente las nuevas tendencias pictóricas de París. Toledo se convirtió así en una especie de campo de pruebas en el que experimentó con encuadres, colores y pinceladas más modernas.

El comisario de la exposición que el Museo del Greco dedicó a esta etapa, Luis Alberto Pérez Velarde, llegó a describir la ciudad como el «laboratorio de Toledo» en el que el artista desplegó toda su capacidad de síntesis.

El gran encargo que le llevó hasta Nueva York

Sorolla regresó a la provincia en 1912 por un encargo que acabaría convirtiéndose en uno de los trabajos más ambiciosos de su vida. El hispanista estadounidense Archer Milton Huntington le había pedido que plasmara las distintas regiones españolas en una serie monumental destinada a la Hispanic Society of America de Nueva York.

El proyecto obligó al valenciano a recorrer buena parte de España en busca de paisajes, costumbres y personajes. En la provincia de Toledo pasó por Oropesa, Lagartera, Talavera de la Reina y la propia capital.

En Lagartera quedó fascinado por los trajes tradicionales y sus bordados. Allí pintó figuras de cuerpo entero y tamaño natural, prestando una atención especial a los rostros y a la indumentaria. De aquella estancia nacieron los conocidos Tipos de Lagartera, obras de enorme valor artístico y también antropológico.

Tipos de Lagartera o Novia lagarterana, Joaquín SorollaMuseo Sorolla

En Toledo realizó pinturas como San Juan de los Reyes y diferentes panorámicas tomadas desde los Cigarrales. Algunos de aquellos estudios estuvieron relacionados con Castilla. La fiesta del pan, el gigantesco panel que forma parte de la serie Visión de España, conservada en la Hispanic Society de Nueva York.

La Fiesta del Pan, SorollaWikipedia

Los paisajes y personajes que Sorolla había encontrado en la provincia terminaron así formando parte de una de las obras más monumentales de su trayectoria, al otro lado del Atlántico.

Una conexión especial con el Museo del Greco

La relación de Sorolla con Toledo fue más allá de sus cuadros. El artista mantuvo amistad con el marqués de la Vega-Inclán, impulsor del Museo del Greco, y participó en el patronato del centro durante sus primeros años.

En 2023, coincidiendo con el centenario de su muerte, el museo toledano recuperó esta vinculación mediante la exposición Viajar para pintar. Sorolla en Toledo. La muestra reunió doce paisajes de la ciudad, tres lienzos de tipos de Lagartera, fotografías y varias postales procedentes del Museo Sorolla y de su fundación.

Exposición Viajar para Pintar. Sorolla en ToledoMinisterio de Cultura

La exposición permitió contemplar una faceta alejada de la imagen más popular del valenciano: la de un viajero incansable que retrató la España de comienzos del siglo XX y encontró en Toledo uno de sus escenarios más poderosos.

Sorolla murió hace 103 años, pero entre las Covachuelas, los Cigarrales y las orillas del Tajo continúa escondido aquel otro maestro de la luz que cambió durante un tiempo el azul del Mediterráneo por los ocres de Castilla.