Hotel ClaridgeIGNACIO EVANGELISTA

El hotel fantasma que la A-3 borró del mapa: la joya brutalista donde paraban miles de viajeros

El Claridge de Alarcón tenía 36 habitaciones, piscina y restaurante junto a la antigua N-III, pero cerró en 1998 y terminó saqueado y cubierto de pintadas

Durante décadas fue una parada casi inevitable para quienes viajaban entre Madrid y Valencia. Autobuses cargados de pasajeros llegaban cada día hasta sus puertas, los comedores permanecían llenos y desde sus terrazas se contemplaban las aguas del embalse de Alarcón. Hoy, aquella enorme mole de hormigón parece un decorado abandonado en mitad de la carretera.

Es el Hotel Claridge, una de las construcciones brutalistas más singulares de España y uno de los edificios más sorprendentes de Castilla-La Mancha. Se levanta en el kilómetro 184,6 de la antigua N-III, dentro del término municipal de Alarcón, en la provincia de Cuenca.

Hotel ClaridgeIGNACIO EVANGELISTA

El complejo fue promovido por Auto-Res, la compañía que explotaba el transporte de viajeros por carretera entre Madrid y Valencia. Su ubicación no era casual: se encontraba prácticamente a mitad de camino entre ambas ciudades, en un punto pensado para que los autobuses pudieran detenerse y los pasajeros descansaran durante un viaje que entonces podía prolongarse durante unas seis horas.

La Fundación Docomomo Ibérico, dedicada a documentar la arquitectura moderna, fecha el proyecto entre 1973 y 1975 y atribuye su diseño a los arquitectos Miguel Ángel Ortí Robles y Roberto Puig Álvarez.

Un «búnker» junto al embalse

El Claridge fue concebido como algo mucho más ambicioso que una simple venta de carretera. Disponía de 30 habitaciones dobles y seis individuales, restaurante, amplias zonas de descanso, aparcamientos, terrazas y una piscina exterior de 284 metros cuadrados cuyas formas orgánicas estaban inspiradas en el propio embalse.

Hotel ClaridgeIGNACIO EVANGELISTA

El edificio principal, construido en forma de L, contaba con 2.645 metros cuadrados interiores y otros 743 metros de porches. El presupuesto visado ascendió a 28 millones de pesetas, una cantidad considerable para la época.

Su hormigón desnudo, sus volúmenes contundentes y sus aristas redondeadas le proporcionaron una apariencia futurista. Un gigantesco búnker levantado frente al paisaje rural de La Manchuela, influido por el estilo internacional y por las ideas de Le Corbusier.

Durante sus mejores años, el establecimiento llegó a permanecer abierto las 24 horas del día. Miles de viajeros pasaron por sus salones, descansaron en sus terrazas o contemplaron desde allí el embalse y el castillo de Alarcón.

Pero la carretera que le había dado la vida terminó también condenándolo.

La autovía que lo dejó vacío

La construcción de la A-3 desvió progresivamente el tráfico de la antigua Nacional III. Los autobuses dejaron de pasar, los viajeros desaparecieron y el Claridge perdió su razón de ser. Finalmente, cerró sus puertas en 1998.

El abandono hizo el resto. Sus habitaciones fueron saqueadas, las instalaciones quedaron destrozadas y las fachadas se llenaron de pintadas. La piscina terminó vacía y los grandes salones por los que habían pasado miles de personas se convirtieron en espacios fantasmagóricos.

Hotel ClaridgeIGNACIO EVANGELISTA

Su inquietante aspecto atrajo a fotógrafos, aficionados a la exploración urbana e incluso al cine. Fernando León de Aranoa eligió el edificio para rodar algunas escenas de Un día perfecto, estrenada en 2015 y protagonizada por Benicio del Toro y Tim Robbins.

En febrero de 2025, Hispania Nostra incluyó el hotel en su Lista Roja del Patrimonio, alertando de su abandono, el vandalismo y la ausencia de una protección legal específica. La organización lo considera un ejemplo «único e inigualable» del brutalismo español.

Tras 27 años cerrado, el inmueble fue adquirido por Nueva Acrópolis, que anunció trabajos de limpieza y acondicionamiento para instalar allí una nueva sede. Sin embargo, todavía no existe una fecha conocida para su reapertura y el Claridge continúa oficialmente dentro de la Lista Roja.

Hotel ClaridgeIGNACIO EVANGELISTA

El futuro de esta mole de hormigón sigue siendo incierto. Mientras tanto, permanece junto a la antigua carretera como el último testigo de una España en la que viajar entre Madrid y Valencia exigía detenerse, descansar y cruzar necesariamente las puertas de aquel hotel que nunca parecía dormir. Como Madrid.