Tesoro de Guarrazar
El tesoro de los reyes visigodos que emergió del barro en Toledo y España dejó escapar a Francia
Una tormenta desenterró en Guadamur coronas de oro y piedras preciosas que terminaron despedazadas, vendidas a París y dispersas entre varios museos
Todo comenzó con un destello entre el barro y las piedras de una antigua tumba. Lo que apareció bajo la tierra de Guadamur, a pocos kilómetros de Toledo, no era un puñado de monedas ni una pequeña colección de joyas. Era un tesoro de reyes.
El 25 de agosto de 1858, la joven Escolástica Morales regresaba desde Toledo acompañada por su madre, María Pérez, y su padrastro, Francisco Morales. Una fuerte tormenta caída anteriormente había removido el terreno y desplazado varias losas en las Huertas de Guarrazar.
Entre la tierra sobresalía algo brillante. Cuando levantaron las piedras descubrieron una fosa repleta de coronas de oro, cruces, cadenas, cálices, perlas y piedras preciosas. Las piezas llevaban más de mil años ocultas.
La familia regresó posteriormente al lugar para extraer el resto. Pero no fue la única que encontró oro bajo aquel antiguo cementerio.
Al día siguiente —26 de agosto, según la reconstrucción más extendida—, el agricultor Domingo de la Cruz acudió a examinar el terreno y encontró un segundo depósito. Su contenido era todavía más espectacular: nuevas coronas, cruces y objetos litúrgicos vinculados a la monarquía visigoda.
Yacimiento Guarrazar
Acababa de salir a la luz el Tesoro de Guarrazar, considerado uno de los conjuntos de orfebrería más importantes de la Europa altomedieval.
Coronas que ningún rey llevó sobre su cabeza
Las coronas no estaban destinadas a ser utilizadas por los monarcas. Eran piezas votivas que los reyes entregaban a las iglesias como muestra de devoción y de su alianza con el poder religioso.
La más célebre de las conservadas es la de Recesvinto, fabricada en oro y decorada con zafiros, perlas, granates y otras piedras. De ella cuelgan unas letras que forman la inscripción latina «RECCESVINTHVS REX OFFERET»: «El rey Recesvinto la ofreció».
También apareció la corona de Suintila, otro de los grandes monarcas visigodos. Su historia, sin embargo, terminaría convertida en uno de los mayores misterios del patrimonio español.
La principal hipótesis sostiene que el tesoro perteneció a una importante basílica o complejo religioso ubicado en Guarrazar, posiblemente Santa María de Sorbaces. Las joyas habrían sido escondidas ante el avance musulmán hacia Toledo a comienzos del siglo VIII, aunque las circunstancias exactas de su ocultación siguen sin conocerse.
Fundidas y vendidas por los plateros
El descubrimiento fue seguido por un auténtico desastre patrimonial. Los halladores comenzaron a desmontar las piezas y a vender fragmentos de oro, perlas y piedras preciosas a diferentes plateros de Toledo. Parte del tesoro terminó fundida antes de que nadie comprendiera su verdadero valor histórico.
El francés Adolphe Hérouart, profesor en Toledo, consiguió adquirir las joyas que todavía conservaba la primera familia. Después entró en escena el diamantista José Navarro, quien recompuso algunas coronas y recuperó fragmentos que aún no habían sido destruidos.
Tesoro de Guarrazar
En 1859, ocho coronas y seis cruces fueron vendidas al Gobierno francés. España conoció la magnitud de la operación cuando la adquisición fue anunciada públicamente en Francia. Las posteriores reclamaciones diplomáticas no lograron recuperar entonces las piezas.
Parte de aquel primer lote continúa conservándose en el Museo de Cluny de París, mientras otras coronas regresaron posteriormente a España y se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional.
La corona que desapareció del Palacio Real
El segundo descubridor, Domingo de la Cruz, mantuvo su lote escondido durante más de dos años. En ese tiempo desmontó y vendió más de tres cuartas partes de las piezas, según la documentación reunida sobre el tesoro.
En 1861 decidió entregar a Isabel II lo poco que todavía conservaba. Entre aquellas joyas estaba la corona del rey Suintila, que quedó depositada en la colección real.
Corona de Suintila
Pero el 4 de abril de 1921 la corona fue robada del Palacio Real junto con otras piezas. A pesar de las investigaciones, nunca fue recuperada. Su paradero continúa siendo uno de los grandes enigmas de la arqueología española.
Hoy, los restos del Tesoro de Guarrazar están repartidos entre el Museo Arqueológico Nacional, el Museo de Cluny y las colecciones de Patrimonio Nacional. Lo conservado, sin embargo, representa únicamente una parte de lo que emergió del barro aquel verano de 1858.
El estudio publicado por el CSIC ha permitido reconstruir parcialmente la magnitud de la pérdida. Hubo coronas despedazadas, cruces fundidas, gemas vendidas y objetos cuyo aspecto solo puede imaginarse a través de antiguas declaraciones.
Puedes descargar el pdf desde aquí: Tesoro Perdido de Guarrazar
Guadamur había guardado durante más de mil años el tesoro de los reyes visigodos. Bastaron unos meses para que una parte desapareciera para siempre y otra terminara fuera de España.