Venta Almadrones, KM-103 A-2
El camionero que dormía bajo su vehículo y levantó un gigante en el kilómetro 103 de la A-2
José Antonio Rebollo nació un 27 de agosto en Guadalajara y convirtió junto a Nieves Díaz una modesta venta de carretera en la actual Área 103
José Antonio Rebollo Bachiller sabía que el depósito estaba lleno cuando el agua comenzaba a caerle sobre la cara. Mientras la cisterna se cargaba, aprovechaba para dormir unos minutos debajo del camión. Cuando el líquido rebosaba, despertaba y emprendía de nuevo el camino.
Aquellas jornadas interminables ayudaron a construir uno de los establecimientos más reconocibles de la autovía A-2. El empresario que impulsó el actual Área 103 nació el 27 de agosto de 1930 en El Ventorro, un paraje situado entre Trillo y Azañón, en la provincia de Guadalajara.
Perdió a su padre cuando tenía cinco años y, después de la Guerra Civil, quedó al cuidado de un tío. A los 14 años se trasladó a Barcelona, donde trabajó en un taller y en una gasolinera. Dos años después se marchó a Lleida y comenzó a conducir camiones para Transportes Lepanto. En 1958 consiguió comprar su propio vehículo.
Una historia de amor en la carretera
Sus viajes entre Madrid y Barcelona le llevaron a detenerse con frecuencia en una pequeña venta de Almadrones. Allí conoció a Nieves Díaz Castillo.
El establecimiento tenía unas raíces mucho más antiguas. La historia familiar se remonta a 1889, cuando Celestina, bisabuela de Nieves, se hizo cargo de la Venta de Almadrones. El negocio fue pasando después por diferentes generaciones.
José Antonio y Nieves contrajeron matrimonio en 1961. Su punto de partida fue modesto: una pequeña venta, un camión y unos ahorros. Ella atendía el establecimiento mientras él continuaba recorriendo las carreteras para conseguir mercancías y abastecer el negocio, incluida el agua.
La vinculación con los transportistas nunca desapareció. Durante las grandes nevadas, José Antonio cargaba una furgoneta con bocadillos y bebidas para auxiliar a los camioneros que habían quedado bloqueados.
De una pequeña venta a las dos calzadas de la A-2
La actividad fue creciendo progresivamente. La familia incorporó servicios relacionados con el transporte, como el lavado de camiones, la venta de recambios y el taller de neumáticos. También abrió un pequeño alojamiento, salones para celebraciones y una capilla dedicada a los conductores.
La transformación de la antigua carretera en la autovía A-2 permitió extender el complejo a los dos sentidos de circulación. En 1989 abrió el nuevo restaurante en dirección Zaragoza, frente al establecimiento original situado en el sentido Madrid.
Hoy, Área 103 cuenta con cafeterías y comedores a ambos lados de la autovía, además de hotel con 48 habitaciones, gasolinera, aparcamiento, tienda, asistencia para vehículos y otros servicios. El negocio continúa en manos de la familia.
José Antonio Rebollo falleció en Guadalajara en 2006. Detrás dejó una historia que no puede explicarse únicamente con edificios o empresas. También está construida con los viajes de un joven camionero, el trabajo de Nieves detrás de la barra y aquellas noches en las que un poco de agua sobre el rostro indicaba que había llegado el momento de volver a ponerse en marcha.