Laguna Grande de El Tobar, CuencaViajes por Castilla-La Mancha

La increíble laguna de Cuenca con agua dulce en la superficie y tres veces más salada que el mar en el fondo

La Laguna Grande de El Tobar, en Cuenca, alberga dos masas de agua que nunca se mezclan y posee un extraordinario interés científico mundial

Cuando se habla de grandes paisajes acuáticos en Castilla-La Mancha, todas las miradas suelen dirigirse hacia las Lagunas de Ruidera. Sin embargo, en plena Serranía de Cuenca se esconde una laguna aparentemente tranquila que alberga bajo su superficie uno de los fenómenos naturales más sorprendentes de España.

Se trata de la Laguna Grande de El Tobar, situada entre los municipios conquenses de Beteta y Masegosa. Sus aguas esconden una extraordinaria particularidad: son dulces en la superficie, pero extremadamente saladas en el fondo, donde la salinidad puede llegar a triplicar la del agua del mar.

Este enclave cobra especial protagonismo cada 27 de agosto con motivo del Día Mundial de los Lagos, una jornada promovida por Naciones Unidas para recordar la importancia de estos ecosistemas, su extraordinaria biodiversidad y las amenazas que afrontan en todo el planeta.

Dos aguas que nunca se mezclan

La explicación de este fenómeno se encuentra en la denominada meromixis, una característica poco frecuente por la que las diferentes capas de agua de una laguna permanecen separadas y no llegan a mezclarse completamente.

La capa superior de la Laguna Grande está formada por agua dulce procedente del arroyo del Masegar y de varios manantiales cercanos. Sin embargo, en la zona más profunda se acumula agua salada procedente de filtraciones subterráneas cargadas de cloruro sódico.

La enorme diferencia de densidad entre ambas masas impide que se mezclen. De esta forma, el visitante contempla desde la orilla una lámina de agua dulce y de tonalidades verdes y azuladas, sin imaginar que, varios metros más abajo, permanece encerrada otra masa de agua mucho más salada que el propio mar.

Según el Instituto Geológico y Minero de España, las aguas situadas por encima de los once metros presentan una salinidad muy baja. En cambio, entre los 15 y los 18 metros de profundidad, la concentración de cloruro sódico aumenta de manera extraordinaria.

El organismo científico considera que esta acumulación de agua extremadamente salina en el fondo de una cubeta kárstica posee un «extraordinario interés científico a nivel mundial».

Una laguna nacida de la roca

El conjunto lagunar de El Tobar se originó hace miles de años por la disolución de la roca caliza. Este proceso creó varias depresiones naturales que terminaron llenándose de agua y dando forma a la Laguna Grande y la Laguna Pequeña.

Además de su singularidad geológica, el paraje constituye un importante refugio para aves acuáticas y otras especies vinculadas a los humedales. En sus alrededores crecen pinares, sabinas, encinas, chopos y nenúfares blancos, que durante el comienzo del verano cubren parte de las orillas.

La laguna está incluida en el Inventario Nacional de Zonas Húmedas, forma parte de la Red Natura 2000 y cuenta con la protección de Refugio de Fauna.

Una ruta sencilla para descubrirla

La mejor manera de conocer este desconocido tesoro conquense es recorrer el sendero SL-CU 04, una ruta circular señalizada que comienza en la localidad de El Tobar.

El itinerario tiene aproximadamente cinco kilómetros, presenta una dificultad baja y atraviesa antiguos cobijos ganaderos, zonas boscosas y pequeños miradores desde los que observar el conjunto lagunar y las paredes calizas que lo rodean.

El acceso es gratuito y existe un aparcamiento en las inmediaciones. También está permitido el baño, aunque no hay entradas acondicionadas al agua, por lo que las autoridades recomiendan extremar la precaución y no alejarse de la orilla.

Un rincón todavía desconocido para muchos que demuestra que Castilla-La Mancha también esconde bajo sus aguas algunos de los fenómenos naturales más insólitos de España.