Torcas de Lagunaseca, CuencaTurismo de Castilla-La Mancha

Ni la Luna ni «Armageddon»: el rincón de Cuenca sembrado de cráteres gigantes de hasta 500 metros

Las Torcas de Lagunaseca esconden un paisaje de ciencia ficción creado sin meteoritos: el agua, el hielo y millones de años hundieron la roca caliza

A primera vista, cuesta creer que ningún meteorito haya caído sobre este rincón de la Serranía de Cuenca. El terreno aparece salpicado de enormes depresiones circulares, algunas con cientos de metros de diámetro, que parecen las cicatrices dejadas por una lluvia de cuerpos celestes. Sin embargo, la explicación no se encuentra en el espacio, sino bajo tierra.

Son las Torcas de Lagunaseca, uno de los paisajes geológicos más sorprendentes y desconocidos de Castilla-La Mancha. Sus gigantescos hundimientos, de entre 30 y 500 metros de diámetro, convierten el entorno de este pequeño municipio conquense en un escenario que podría haber aparecido en Armageddon o en cualquier película ambientada en un planeta remoto.

Pero estos aparentes «cráteres» no surgieron de manera repentina ni fueron provocados por una colisión. Son el resultado de un proceso extremadamente lento en el que el agua ha modelado las rocas durante millones de años.

El agua abrió el suelo de Cuenca

Las torcas son grandes depresiones características de los paisajes kársticos. El agua se filtra a través de las grietas, disuelve progresivamente la roca caliza y crea huecos en el subsuelo. Cuando las capas superiores pierden su apoyo, el terreno termina hundiéndose y aparecen estas enormes cavidades.

Además, las bajas temperaturas de la Serranía Alta contribuyen a transformar el paisaje. El agua acumulada en las fisuras se congela, aumenta de volumen y rompe la piedra. Este fenómeno, conocido como gelifracción, continúa desprendiendo bloques de las paredes y ensanchando algunas torcas.

Torca de Las CabrasTurismo de Castilla-La Mancha

Las formaciones se levantan sobre rocas calizas depositadas hace aproximadamente 200 millones de años, cuando este territorio presentaba unas condiciones completamente diferentes. El resultado actual es un extraordinario conjunto de dolinas, uvalas, poljés y lapiaces considerado uno de los mejores ejemplos de modelado kárstico de la Serranía de Cuenca.

Una torca rectangular y otra de 30 metros de profundidad

Cada rincón del torcal tiene una forma diferente. Entre sus cavidades más conocidas se encuentra la Torca de Miguel Orea, una depresión en forma de embudo que alcanza aproximadamente los 30 metros de profundidad.

También aparecen la Torca Larga, las torcas de la Boca del Valle y la sorprendente Torca de las Cabras, cuya forma casi rectangular parece todavía más difícil de explicar. Sus líneas se deben a que el hundimiento siguió las fracturas perpendiculares de la roca.

El recorrido permite contemplar igualmente El Hoyazo, un enorme poljé: una depresión extensa, de fondo relativamente plano, en la que el agua desaparece a través de sumideros naturales.

El conjunto ocupa unas 188 hectáreas y está protegido como Monumento Natural desde 2003. Lejos de ser un paraje estéril, alrededor de las torcas crecen sabinas albares, pinares, arces, avellanos y cerezos silvestres. En el entorno también habitan gatos monteses, tejones, ciervos y aves como el águila calzada, la chova piquirroja o el chotacabras gris.

Una ruta gratuita de cuatro kilómetros

Las principales formaciones pueden descubrirse mediante un itinerario circular señalizado de aproximadamente cuatro kilómetros. La ruta comienza en el aparcamiento situado junto a la carretera que une Lagunaseca con Santa María del Val y coincide parcialmente con los senderos PR-CU-02 y GR-66.

El acceso es libre y gratuito durante todo el año, aunque primavera y otoño ofrecen temperaturas más agradables. Para llegar hay que circular por la CM-210 y tomar el desvío hacia Lagunaseca por la CM-2201, de acuerdo con la información turística oficial.

Conviene utilizar calzado apropiado, no abandonar los caminos y extremar la precaución al aproximarse a los bordes. Algunas grietas pueden quedar ocultas entre la vegetación y las paredes descienden abruptamente.

En Lagunaseca no impactó ningún meteorito ni hizo falta una catástrofe cinematográfica. La película la rodaron el agua, el hielo y el tiempo durante millones de años.