Castillo de Guadamur, Toledo
Juana la Loca y una cárcel secreta de la Inquisición en el castillo más imponente de Toledo
Por sus estancias también pasaron Felipe el Hermoso, Carlos V y el cardenal Cisneros antes de que la fortaleza cayera en la ruina y volviera a resurgir
Apenas trece kilómetros separan Toledo de una de las fortalezas más espectaculares de Castilla-La Mancha. Sobre el cerro de la Natividad, rodeado de olivares y pinos centenarios, el Castillo de Guadamur conserva entre sus muros más de cinco siglos de reyes, intrigas cortesanas, prisioneros y luchas por el poder.
Su imagen parece responder a la idea perfecta de un castillo medieval: torres circulares, almenas, foso, puente levadizo y una imponente torre del homenaje de 30 metros de altura. Sin embargo, esta fortaleza palaciega no es únicamente una joya arquitectónica. Sus estancias fueron testigo de algunos de los episodios y personajes más relevantes de la historia de España.
Un castillo para demostrar quién mandaba
El edificio fue mandado construir hacia 1468 por Pedro López de Ayala, primer conde de Fuensalida. Los trabajos se desarrollaron en diferentes fases y el conjunto fue ampliado alrededor de 1520, cuando los castillos comenzaban a perder parte de su función militar para convertirse en grandes símbolos del poder nobiliario.
El de Guadamur no fue concebido únicamente para resistir ataques. También debía impresionar. Su planta cuadrada, los torreones circulares, el doble recinto amurallado y la enorme torre del homenaje proclamaban la riqueza y la autoridad de sus propietarios sobre estas tierras.
Tras esa apariencia defensiva se escondía una auténtica residencia palaciega. El patio de armas organizaba las estancias interiores, concebidas para ofrecer comodidad a sus habitantes y servir como escenario de recepciones, encuentros políticos y celebraciones.
La construcción combina elementos del gótico tardío castellano con detalles renacentistas e influencias italianas. Su diseño representa la transición entre las fortalezas militares de la Edad Media y los palacios señoriales que comenzaron a extenderse durante el Renacimiento.
El paso de Juana la Loca
Uno de los capítulos más destacados se produjo en 1502, cuando Juana de Castilla y su esposo, Felipe el Hermoso, fueron recibidos en Guadamur después de haber sido reconocidos en Toledo como herederos de la Corona castellana.
Su paso quedó para siempre ligado a la historia del edificio. De hecho, durante una de las restauraciones posteriores se representó aquella visita en unos frescos de la planta noble.
La ficha oficial de Cultura de Castilla-La Mancha también sitúa entre sus ilustres visitantes al cardenal Cisneros y al emperador Carlos V. Durante décadas, la fortaleza permaneció estrechamente vinculada a la corte de los Reyes Católicos y de los primeros Austrias. Pero no todos los que atravesaron sus puertas lo hicieron como invitados.
Una cárcel secreta de la Inquisición
En 1590, durante el reinado de Felipe II, el Castillo de Guadamur fue utilizado como cárcel secreta de la Inquisición. Los mismos muros que habían acogido a príncipes, emperadores y cardenales pasaron a encerrar a presos cuya identidad y destino debían permanecer ocultos.
El calabozo que puede visitarse actualmente recuerda aquella etapa más oscura. La fortaleza dejó de ser únicamente un espacio de representación nobiliaria para convertirse también en un lugar de reclusión ligado al Santo Oficio.
De albergue para pobres a joya monumental
El paso del tiempo terminó castigando seriamente el edificio. A mediados del siglo XVIII algunas de sus dependencias ya estaban semiderruidas y, durante el XIX, el castillo se encontraba prácticamente arruinado.
En 1880 fue adquirido por tres vecinos de Guadamur, que utilizaron sus deterioradas estancias para alojar a pobres y necesitados. Su resurrección comenzó siete años después, cuando Carlos Morenés y Tord, barón de las Cuatro Torres, compró la propiedad y emprendió una profunda restauración.
El castillo volvió a sufrir daños durante la Guerra Civil, pero fue recuperado nuevamente. En 1964 fue declarado monumento histórico-artístico y en la actualidad está protegido como Bien de Interés Cultural.
Su espectacular apariencia también lo ha convertido en escenario de numerosas películas y series. Por sus patios, murallas y torres han pasado producciones como El Cid, Isabel, Águila Roja, El Ministerio del Tiempo o 30 monedas.
Entrar en el Castillo de Guadamur es atravesar más de cinco siglos de historia. Un viaje desde los salones frecuentados por la realeza hasta la cárcel secreta en la que la Inquisición ocultó a sus prisioneros.