Este convento carga, en sus destruidos y castigados pilares, con una gran historia a sus espaldas. Está situado en Cuenca de Campos, en Valladolid, y representa un ejemplo de convento de clausura femenino asentado sobre un edificio que perteneció, nada más y nada menos, que a Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro y Condestable de Castilla. Su iglesia se construyó en la segunda mitad del siglo XV.
Sin embargo, a pesar de su prolongada historia, durante la época de las desamortizaciones y el fin de los señoríos, el monasterio entró en un lento pero imparable declive. Durante muchos años se permitió que fuera desmembrado, vendiéndose muchas de sus partes. Un ejemplo de ello es la techumbre del coro alto, que fue adquirida en 1930 por el arquitecto norteamericano Arthur Byne, afincado en Madrid. A pesar de estar cerca de su trágico final, en los últimos años, gracias a la iniciativa de la Fundación Re-Habitar, se han acometido diversos trabajos de consolidación y restauración.