Audacia y abandono es el binomio de palabras que puede venirnos en mente al recitar el elegante refrán «a Dios rogando y con el mazo dando». De ello me habló en concreto D. Juan Carlos, un sacerdote que me reconfortó y tranquilizó, al meditar conmigo estas ideas. Audacia como atrevimiento, osadía, emprendimiento e instrumento para afrontar situaciones arriesgadas y desafíos, mostrando decisión firme con voluntad imperturbable, forjada en la valentía, el coraje y el arrojo de quien decide confrontarse con una realidad compleja. Por ejemplo, la apuesta por una empresa, que se vuelve incierta en cuanto al resultado final. Es una capacidad especial de actuar de manera significativa y sorpresiva, sin miedo o temor alguno a los obstáculos, esperando alcanzar objetivos específicos.

Las ideas anteriores muestran la complejidad de la condición humana. Pero en el plano transcendente, al cual estamos orientados por naturaleza, Dios actúa como Señor de la historia, a través de la Divina Providencia. Esto es lo que significa abandono: dejarse llevar por la provisión de Dios, quien dirige y cuida de todas sus criaturas. La Providencia se manifiesta en la sabiduría y el amor de Dios, según el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC 303). El Padre celestial tiene cuidado de todo: desde las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia.

Hasta ahora hemos discurrido en un plano teológico, pero ¿dónde está el engarce con la actividad empresarial? La realidad de la actividad empresarial, como la de la vida misma, tanto en su comienzo como en su posterior desarrollo, está imbuida de riesgo e incertidumbre. A pesar de que esas dos coordenadas a priori «suenan» como sinónimos totales , podemos diferenciarlas de forma sutil cuando las aplicamos al mundo empresarial. Nada puede evitar la incertidumbre de los resultados en el mercado, pero sí que podemos y debemos controlar los riesgos. Instrumentos para esa última operativa no faltan: planes de negocio, planes estratégicos, estudios de mercado, control de costos, etc. Estas herramientas reducen y limitan el riesgo. Ante la incertidumbre, practiquemos el abandono según la acción de la Divina Providencia.

¡Qué palabras tan alejadas de la «jungla del mercado»! El papel todo lo soporta. Pues bien, no son ideas mías. Editada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), la revista La Antorcha (n.º 3, julio de 2023, p. 16, sobre el ocio y el negocio) ofrece un homenaje a uno de los mayores empresarios familiares de Italia, Michele Ferrero (1925-2015), en el 50.º aniversario de la fundación de su empresa. Se trata de una empresa chocolatera, que abarca marcas como Nutella, bombones Ferrero Rocher y Kinder. Michele afirmaba que «el éxito de Ferrero se lo debemos a la Virgen de Lourdes, sin ella podemos poco». Seguía con una cuestión social: «Mi única preocupación es que la empresa sea cada vez más sólida para garantizar a todos un puesto seguro», siendo la clave de las ventas «Valeria, la madre que hace todos los días la compra, ella es la CEO, la única que puede decidir sobre tu éxito o tu final».

De bombones y dulces va la cosa. En Valladolid podemos encontrarnos con unos grandes colegas de Michele. Conviven dos generaciones, su empresa familiar es gestionada por una familia magnífica, por su fe, su calidad y cualidades humanas. En esta empresa familiar se aúnan audacia y abandono. Son Maro, Matilde, Cristina, Roberto, Alfredo y Juan Miguel y sus respectivos cónyuges. Son las Confiterías Maro Valles. Salvando las distancias cuantitativas, que no cualitativas, es lo más parecido al estilo de los Ferrero que podemos encontrar en nuestra ciudad.

Los Valles Velázquez vallisoletanos aúnan muchas virtudes humanas en el obrador pastelero, en sus cinco confiterías y en su vida personal y familiar. Son un ejemplo de conciencia ética y valores materiales y espirituales, que proyectan, con trascendencia, el trabajo que realizan. Máxima calidad en el producto, esmerada atención a los clientes, respetuoso trato a los trabajadores, estricto cumplimiento de las normas, confianza en sus proveedores y deseos de proyección a sucesivas generaciones. Una vida alimentada por un clima de armonía familiar y empresarial: un ejemplo que seguir y conseguir.

Uno puede intuir que su labor empresarial se enmarca en los siguientes principios, entre otros tantos: «No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas» (Séneca, filósofo estoico): es decir, el trabajo perseverante se convierte en praxis espiritual. «Que en todo sea Dios glorificado» (Regla de san Benito, s. VI): tanto en la oración como en el trabajo manual, todo puede convertirse en ofrenda agradable a Cristo. El fraile dominico santo Tomás de Aquino (s. XIII) nos anima a «contemplar y dar a los demás lo contemplado». Si es sobreabundante, nuestra vida contemplativa se desborda en acción: en un elenco de buenas obras.

En fin… hoy, de postre, dulces.

Antonio-José Sastre Peláez es abogado, mediador familiar y empresario.