Un pinar donde se lleva a cabo una manera ancestral de gestionar los bosques
La costumbre medieval soriana que la Junta quiere llevar a León y Zamora para evitar los incendios forestales
El consejero del ramo ha indicado que el Gobierno castellanoleonés busca extender el eficaz «modelo Soria» al oeste de la región
este lunes, el consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León señaló en una reunión con representantes de la la Mesa Interprofesional de la Madera que el Gobierno autonómico lleva tiempo trabajando en implantar lo que denominó como el «modelo Soria» al oeste de la región, la zona más castigada cada año por los incendios forestales.
El objetivo de Juan Carlos Suárez-Quiñones es llevar a las provincias de Zamora y León, que este verano han sido especialmente dañadas por los fuegos, un modelo de gestión forestal que evite en la medida de lo posible estos episodios. El consejero apuntó a que el Ejecutivo de Alfonso Fernández Mañueco y, en concreto, su departamento, lleva tiempo trabajando para que así sea.
Pero, ¿en qué consiste exactamente ese «modelo Soria»?. Pues en el apoyo a los pequeños propietarios, en el fomento de su asociacionismo y en lograr que la gestión forestal tenga un interés económico, con una gestión sostenible de la madera. «Donde hay una buena gestión forestal, hay prevención y, por tanto, hay menos necesidad de actuar en extinción», recalcó.
La Suerte de Pinos
Este modelo no es ni mucho menos nuevo. Se asienta en una manera ancestral de gestionar los recursos forestales llamada Suerte de Pinos o derecho de suertes, que hunde sus raíces en las cartas pueblas concedidas durante la Edad Media en la comarca natural de Pinares, en las provincias de Soria y Burgos con las que se pretendía fomentar el asentamiento de la población. La idea era que, como a unas altitudes de aproximadamente 1.200 metros, unido al terreno de carácter abrupto, la agricultura de cereales no es apta, los vecinos vivían casi en exclusiva de los ingresos procedentes de la explotación de los recursos del monte. Y, en particular, del reparto equitativo de la distribución de los recursos.
La comarca de Pinares, considerada como el mayor pinar de Europa, que apenas sufre incendios
En 1288, Fernando III el Santo fue quien concedió estos derechos de explotación comunal a los vecinos de Duruelo de la Sierra que fueron a poblar el valle del río Gomiel. Con siete siglos de historia, esta práctica se llevaba tradicionalmente a cabo en septiembre, que es cuando se contaba el volumen de leña y troncos. Cada Ayuntamiento hacía tantos montones como vecinos tenían ese derecho a la Suerte de Pinos. Entonces, se llevaba a cabo el sorteo.
Esta manera de gestionar los bosques fue declarada el año pasado por la Junta de Castilla y León bien de interés cultural de carácter inmaterial y en 2017 una asociación intentó que la UNESCO la declarara Bien Inmaterial de la Humanidad. Pero ahora, más allá de simbolismos, podría ser la clave para evitar que decenas de miles de hectáreas vuelvan a ser arrasadas por las llamas, como ha ocurrido este agosto a cientos de kilómetros de allí.
Una exposición que ensalza la Suerte de Pinos
El presidente de la Mesa Intersectorial de la Madera de Castilla y León, Roberto Bravo, abogó en el encuentro con Suárez-Quiñones por establecer mecanismos para incentivar la unión de los pequeños propietarios forestales para ayudarles a gestionar sus parcelas y a mantenerlas sanas y limpias y sacarlas del estado de abandono que presentan en muchos casos. «Tenemos que dar la vuelta a eso», indicó, a la vez que defendió que cuando un monte está vivo y está en uso «la preparación que tiene con respecto a los incendios es mucho mayor».
Por este motivo, ha llamado a facilitar y a incentivar la puesta en valor de las pequeñas parcelas forestales para que se mantengan «mucho más fuertes con respecto a los incendios». «Todos los pequeños propietarios forestales de Castilla y León tenemos esa sensación de que tenemos más un problema que un beneficio», apuntó Bravo, quien llamó a construir «alternativas de gestión conjunta» que permitan unir superficies y que éstas den una rentabilidad y eficacia. Una eficacia como la que hace que en las provincias de Soria y Burgos, que comparten el que está considerado como el mayor pinar de Europa –esa comarca natural–, no haya apenas que lamentar incendios forestales.