Los materiales hablan por sí solos: porcelana, cristal, plata, azulejo de Manises, madera, cemento, coral, hueso, ganchillo. Los hay hechos con cacahuetes, con conchas de mar, con papel de periódico. Algunos los han fabricado ellos mismos, Fernando y Gabriel, en madera y otros soportes. «Son originales», dice, quitándoles importancia, aunque reconoce que algunos son especialmente complejos. La colección incluye también belenes de Playmobil, de Pin y Pon, de Lego, de huevos Kinder. Platos decorativos de una colección portuguesa de Navidad. Piezas grandes y diminutas, algunas casi escondidas en una vitrina, otras ocupando un lugar central. En total, están repartidas en seis vitrinas, además de los grandes montajes que se instalan cada año. Calcular cuántas figuras hay en total resulta casi imposible. «No lo sé», reconoce. «La mayoría de los belenes tienen muchas figuras». Solo el belén principal reúne más de 60 en movimiento. Algunas de esas figuras son, además, las más grandes que tiene: alcanzan los 70 centímetros de altura. Llegaron de manera inesperada, regaladas por un amigo tras una reforma en una casa donde el antiguo dueño ya no las quería.