A la derecha de la imagen, Mariano Díez Tobar, religioso burgalés e inventor del cinematógrafoArchidiócesis de Burgos

Mariano Díez Tobar, el olvidado cura burgalés que realmente inventó el cine y no los franceses

Este sacerdote de la Comunidad de San Vicente de Paúl y natural de Tardajos fue el creador del cinematógrafo, un invento del que posteriormente se llevaron el mérito los hermanos Lumière, considerados los «padres» del Séptimo Arte

Los franceses Auguste Marie Louis Nicolas Lumière y Louis Jean Lumière han pasado la historia como los «padres» del cine, ya que fueron quienes patentaron en 1895 el cinematógrafo, la máquina capaz de proyectar imágenes en movimiento. Sin embargo, los populares y reconocidos hermanos, quienes se llevaron el mérito, no fueron ni siquiera los primeros galos en construir uno; honor que recae en Léon Bouly, quien había patentado tres años antes un aparato con el mismo nombre y características, pero que perdió la patente por impago. La realidad, sin embargo, es que antes que ellos un olvidado cura burgalés ya había diseñado el primer cinematógrafo.

Se trata de Mariano Díez Tobar (Tardajos, 1868), nacido en el seno de una familia humilde dedicada a la agricultura y un personaje de especial relevancia histórica, aunque prácticamente desconocido para la mayoría de la gente, pese a los intentos por reivindicar su figura. En 2017, Ciudadanos pidió en el Pleno de la Diputación de Burgos que se lo reconociera; en 2018, el Ayuntamiento de su localidad natal instaló una placa en la casa donde nació y un monolito a la entrada del pueblo, con motivo del 150º aniversario de su nacimiento; y en 2019, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo elogió durante una visita al Instituto Tecnológico de Castilla y León, en Burgos.

Unos gestos que a todas luces se quedan cortos para su papel clave para el mundo de la tecnología y la cultura. Como apunta la Real Academia de la Historia, Díez Tobar, entregado a la vida religiosa desde muy joven, pronto mostró un gran interés por la ciencia. «Ya en 1889, siendo profesor de Ciencias en el colegio de Murguía (Álava) llama la atención por su genio creativo acerca de la cinematografía», afirman sobre el inventor, quien en 1982 pronuncia una conferencia que sería fundamental para el posterior desarrollo del conocido como Séptimo Arte.

Dio permiso para desarrollar su invento

En aquella intervención, «concedía su permiso para llevar a la práctica el contenido de la misma: el cinematógrafo, descripción del aparato por el que las imágenes de las personas, lo mismo que de las demás cosas, sea que en el acto existan, sea que ya no existan, aparecen al vivo y como si fueran la realidad, con sus colores, movimientos [...] ante nuestra vista», cita la Real Academia de la Historia. «Si él no adquirió la patente del invento, es seguro que el científico francés Lumière mantuvo conversación personal con el padre Mariano Díez, a quien invitó a la primera sesión de cine que diera en España, en 1895», abunda la ficha de la institución sobre este religioso, sobre el que zanjan que «su contribución al progreso de la ciencia es innegable».

Monolito a Díez Tobar, en Tardajos, donde aparece una ilustración de él junto a su cinematógrafoAyuntamiento de Tardajos

Desde la Archidiócesis de Burgos aportan más datos sobre cómo este invento, que bien podría haber sido oficialmente español, fue finalmente atribuido al país vecino. «Si bien el mundo científico se caracteriza por el secretismo y un anhelo por obtener la patente de sus inventos, hubo un personaje burgalés de finales del siglo XIX y principios del XX, que inclinado por las ciencias físicas y las matemáticas, propuso innovadores proyectos de forma abierta para que, quien quisiera, pudiera llevarlos a la práctica sin recelo alguno», explican desde el arzobispado burgalés, incidiendo en ese nulo interés de Díez Tobar por llevarse cualquier reconocimiento.

Resulta que la cuna del cinematógrafo no es Francia, ni los Estados Unidos, sino EspañaArtículo de 1911 de la revista 'El Mundo Científico'

De acuerdo con la Archidiócesis, que indica sobre el paúl que «algunos le atribuyen la invención del cinematógrafo», la revista de la época El Mundo científico publicaba más detalles sobre esa conferencia en la que desveló los entresijos del cinematógrafo. «El ingeniero francés A. Flamereau, representante en España de los hermanos Lumière, quien asistió en 1889 a la conferencia, inmediatamente mandó construir en París el aparato. De donde resulta que la cuna del cinematógrafo no es Francia, ni los Estados Unidos, sino España», resume el arzobispado sobre el artículo de aquella publicación.

Desde el portal Somos Vicencianos, rechazan, no obstante, esta versión, ya que «en el citado año el P. Díez era un simple estudiante de Teología en una época en que este tipo de conocimientos no entraban en el diseño de sus estudios». «Sería en Murguía, una vez ordenado sacerdote en 1892, donde dispuso de tiempo y posibilidades de acercarse al tema. En una de las veladas 'científico-literarias' del año 1892 se trata el tema siguiente: 'El Cinematógrafo'», detallan.

En todo caso, ya en 1985, los Lumière presentaron su cinématographe, después de que Bouly dejara libre una segunda patente de su máquina del mismo nombre, aunque cuidándose de introducir variaciones respecto al kinetoscopio que había patentado con anterioridad el estadounidense Thomas Edison. Y es que, pese al recelo que impera en muchas ocasiones entre los inventores, las ideas rara vez no fluyen y hoy se sabe que esas máquinas capaces de mover imágenes no fueron en absoluto obra exclusiva de los Lumière, sino el fruto de la investigación de otras figuras; en el caso del cura burgalés, casi completamente olvidadas.

Casa natal de Mariano Díez Tobar, en la localidad burgalesa de Tardajos, que suma menos de 900 vecinosTurismo Burgos

Mariano Díez Tobar, además, no se quedó solamente en aquel artilugio, sino que desarrolló hasta 15 inventos que no llegó a patentar y que sí hicieron otros con su consentimiento. Como recoge National Geographic, entre éstos se encuentra un aparato capaz de transformar la voz en texto a través de una máquina de escribir y cuyo mecanismo emplearía después la empresa de máquinas de escribir Olivetti. También un reloj de cuerda que se cargaba a través de la voz y los pasos de la gente y que estuvo una década colgado sobre la pizarra de un aula.

Creó un transcriptor de texto

«Este sacerdote vicenciano, visionario y curioso, también habló de lo que hoy podríamos denominar como el 'dictado de voz', herramienta común en teléfonos móviles y ordenadores. Lo describía como 'la nueva pluma autofonográfica', una máquina capaz de diferenciar los sonidos emitidos por la voz y dejarlos escritos», precisan desde la Archidiócesis de Burgos sobre este cura que llegó a ser considerado en su día un hereje por parte de algunos miembros de su orden, lo que produjo su traslado a Madrid, donde murió, en 1926.

Previamente, en Villafranca del Bierzo, León, había contribuido «de forma fundamental en la creación de un laboratorio de historia natural con más de 3.800 muestras y un laboratorio de física que actualmente es el Museo de Ciencias de los Padres Paúles», señalan desde Turismo Burgos. «Desgraciadamente, los originales del padre Mariano fueron destruidos» en aquella localidad de cuyo colegio fue superior y profesor durante las dos primeras décadas del siglo XX, según zanja la Real Academia de la Historia sobre este «sabio malogrado». Un matemático, físico e inventor autodidacta que en su día gozó de fama en el mundo científico y del que hoy no muchos se acuerdan.