El empresario José Fernández Alonso, durante una recreación de justas medievales, en su castillo de Villaralbo (Zamora)
Zamora
De vivir en un castillo a entrar en prisión: auge y caída del excéntrico empresario que puso a Villaralbo en el mapa
José Fernández Alonso ha sido condenado a 12 años de cárcel por fraude fiscal, dejando atrás una época en la que era elogiado por el mundo político y empresarial por su labor al frente de la empresa zamorana G. C. E.
Corría el año 2009 cuando una pequeña localidad zamorana de menos de 2.000 habitantes veía desfilar por sus calles al primer fichaje del FC Barcelona de la etapa de Josep Guardiola. La gente no daba crédito ante la presencia en la localidad del futbolista maliense Seydou Keita, que acababa de ganarlo todo con su equipo y ahora estaba allí, en Villaralbo, haciéndose fotos con todo el mundo que se lo pedía y cerrando un acuerdo junto con varias autoridades malienses para construir una pequeña ciudad ecológica con más de 7.000 viviendas en la capital del país africano. El 'culpable', José Fernández Alonso, un empresario gallego de origen humilde que desde que se asentó en ese pueblo se empeñó en ponerlo en el mapa.
Y lo consiguió, antes de caer en desgracia a golpe de una ambición excesiva y mal llevada. Fernández estaba al frente de la empresa General de Cuadros Eléctricos (G. C. E.), un negocio que pudo levantar de la nada gracias, entre otros, a sus viajes a China, donde pudo establecer contactos para producir allí sus cuadros eléctricos y bombas sumergibles, lo que le permitió internacionalizar la compañía. Nacido en 1964 en Vigo, pero criado en la parroquia de Sobrada, en el concejo pontevedrés de Tomiño, tras estar destinado en Zamora durante la 'mili', se prometió que volvería.
José Fernández (D.) muestra un aparato eléctrico al ministro de Energía y Agua de Camerún, Mickael Ngako Tomdio, en 2010
Una figura elogiada
Lo hizo años después, cuando montó en el polígono industrial de La Hiniesta un negocio que pronto se le quedó pequeño. Fue entonces cuando se mudó a Villaralbo, a seis kilómetros de la capital zamorana, el lugar desde donde se volvió una figura reconocida y, posteriormente, donde las cosas se torcieron, hasta ser condenado a una docena de años de prisión. Algo que en aquellos años no podía presagiarse: premiado por CEOE-Cepyme, elogiado por el entonces presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera (quien visitó sus instalaciones, donde había un busto del propio Fernández), el empresario gallego afirma en su libro Historia de un sueño incluso haber estrechado las manos del actual Rey Felipe VI cuando era Príncipe.
El presidente de la CEOE entre 2007 y 2010, Gerardo Díaz Ferrán, le entrega el premio Cecale 2006 a José Fernández Alonso
En aquel tomo autoeditado en español e inglés del que, cuentan, se llegaron a imprimir 10.000 copias y que hoy cogen polvo en una nave, aparecen figuras públicas alabando su perfil personal y profesional, tales como la entonces alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón, el en aquel momento presidente de la Diputación provincial, Fernando Martínez-Maíllo, o los periodistas deportivos Raúl Ruiz y Julio Maldonado 'Maldini', quien pasa temporadas en esta localidad zamorana de la que es natural la familia de su esposa, la exatleta Maite Zúñiga.
Mazmorras, justas y un récord Guinness
El excéntrico empresario vivía en un castillo de 5.000 metros cuadrados, el de Villaferga, y saltaba a los titulares de los medios nacionales. Los citados comunicadores realizaron un par de reportajes para Canal + en los que Fernández mostraba las mazmorras de su casa, la sala egipcia, la pirata, el «santuario» del Athletic Club o las justas medievales que recreaba en el peculiar inmueble que llamó también la atención de Trece TV. No era la primera vez que el industrial había querido saltar a la fama junto con su empresa y el pueblo que la albergaba. Apenas cuatro años antes de la visita de la estrella futbolística, había tratado de batir el récord Guinness con la mayor queimada del mundo, un reconocimiento que habían logrado con anterioridad algunos de sus paisanos.
Poco o nada más se supo después sobre este asunto, aunque quedarán para el recuerdo esos barriles cargados de alcohol con el que agasajó a los villaralbinos aquellas Fiestas de Nuestra Señora de la Asunción. Y gratis, como la carne a la parrilla con la que deleitaba, también sin coste alguno, a los vecinos otros años. Como otros empresarios, Fernández decidió intentar labrarse un nombre también a través del fútbol. Ya había sido vicepresidente del Zamora CF cuando decidió comprar el equipo del pueblo, rebautizado como G.C.E. Villaralbo, al que logró ascender a Tercera División.
El matrimonio de Chelo García, presidenta del Villaralbo, y José Fernández, del Tordesillas, en 2008, en un derbi en el que apostaron que quien perdiera dormiría en las mazmorras
Levantó un estadio que funcionaba con energías renovables bajo el nombre de Ciudad Deportiva Fernández-García, por el apellido de su mujer, Chelo, a quien cedió la presidencia del equipo para asumir las riendas del Tordesillas, en Valladolid. Bajo la gestión de la pareja, el pequeño equipo zamorano, a cuyos futbolistas empleaba en ocasiones en su fábrica, llegó a acariciar el ascenso a 2ªB. Sin embargo, al igual que ese sueño se truncó, pasó lo mismo a nivel empresarial.
Patio del Castillo de Villaferga, donde José Fernández Alonso tenía multitud de motivos medievales
Esa ambición con toques de megalomanía no salía gratis y con el tiempo comenzaron a aflorar las deudas y los impagos a los trabajadores de su fábrica, que comenzaron a organizar protestas y huelgas tras llevar tiempo sin cobrar. Una delicada situación que llevó a este peculiar hombre que se identificaba con «la prosperidad, la seriedad y la rectitud en los negocios», como recoge el mencionado libro, a desviarse del camino, hasta ser condenado a comienzos de este febrero a 12 años de cárcel por delitos de fraude fiscal por valor de más de un millón de euros por no pagar el IVA y el impuesto de sociedades en los años 2014 y 2015. A ello, se le suman, según la sentencia publicada por La Opinión de Zamora, otros cinco millones de euros que dejó sin abonar a la Seguridad Social.
Interior del Castillo de Villaferga, en Villaralbo (Zamora)
«Una pena»
Fernández, que denuncia que ha habido «una trama» de los trabajadores contra él, ha sido condenado junto con una de sus socias, N. S. R., quien, con la sociedad Microplus World Corporation, emitía facturas a la vez que G. C. E. para defraudar al fisco. Esta mujer ha sido condenada a ocho años de prisión, que cumplirá en Figueras, mientras que Fernández hará lo propio en la salmantina cárcel de Topas. El fin empresarial de un peculiar personaje que ha dejado huella en el pueblo por, o a pesar, de sus extravagancias. Y es que varios de sus vecinos no pueden evitar hablar de él con simpatía e incluso señalar que es «una pena» que haya acabado de esta manera alguien considerado «una buena persona» pese a las irregularidades cometidas.