Desde Valladolid al mundo: la empresa que exporta sus máquinas de churros a 112 países
Ese impulso creativo tuvo un origen muy personal. Movido por el deseo de mejorar la calidad de vida de un amigo churrero con discapacidad, José Luis Blanco comenzó a diseñar y fabricar maquinaria que facilitara su trabajo diario
Cuando uno se enfrenta al fenómeno de la globalización, suele pensar en grandes estructuras tecnológicas, capitales transnacionales, foros económicos mundiales, macro-dimensiones financieras, complots o conspiraciones financieras, etc. No negamos la existencia de estas realidades, pero internet ha supuesto una gran oportunidad, al igual que el libre comercio en condiciones de mayor igualdad, como factor de desarrollo de pequeñas y medianas empresas locales, permitiéndoles «colocar» con éxito sus servicios y productos en el mercado internacional. Sin internet y la consiguiente globalización, ello no habría sido posible o, al menos, habría supuesto un esfuerzo, en algunos casos, inabarcable.
No es la primera vez que desde España se ha llevado a cabo un proceso de globalización cultural, política, religiosa y económica. Existe un magnífico documental de José-Luis López-Linares del Campo, España, la primera globalización (2021), que aborda la odisea de Juan Sebastián Elcano, marino español nacido en Guetaria (Guipúzcoa) en 1486. Elcano culminó la primera circunnavegación de la Tierra entre 1519 y 1522, al servicio del emperador Carlos I de España y V de Alemania, y dio origen a una de las rutas comerciales más trascendentes e importantes de la Historia durante siglos: el Galeón de Manila, también llamado Nao de China o Galeón de Acapulco, una ruta marítima clave para el desarrollo cultural y comercial de la globalización en el siglo XVI.
El servicio fue inaugurado en el año 1565 por el fraile agustino español Andrés de Urdaneta, OSA, nacido en Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa), militar, marino, explorador y religioso al servicio del rey Felipe II, tras el descubrimiento del tornaviaje, o ruta de regreso al virreinato de Nueva España (actual México) a través del océano Pacífico. El último barco zarpó de Acapulco en 1815. Se trató de una de las rutas comerciales más largas de la historia, generadora de un importante intercambio monetario —siendo el real de a ocho de la monarquía hispánica la moneda internacional de referencia—, así como de un intenso intercambio comercial y cultural entre Asia, América y España.
Con ese espíritu de globalización, salvando las distancias, encontramos una curiosa empresa de enorme éxito en Valladolid: Industrias José Luis Blanco S. L., ubicada en el barrio de las Flores, que proyecta internacionalmente su producción de maquinaria. ¡Exporta a 112 países de todo el mundo! Cuando uno entra en sus oficinas y contempla el mapa del orbe repleto de banderitas de sus destinos de exportación, queda asombrado por lugares tan exóticos como las islas Fiji o Uzbekistán, a donde envían su maquinaria.
Es una auténtica delicia escuchar a la admirada, polifacética e incansable viajera y multipremiada CEO de la empresa, Belén Blanco de la Cruz, segunda generación de la familia empresaria, explicar la historia de la compañía y los múltiples logros alcanzados por ella, su equipo y su familia en su actividad productiva.
Vamos a la narrativa empresarial. La empresa fue fundada en 1958 como un pequeño taller auxiliar que prestaba servicio a distintos sectores industriales, especialmente al de la automoción. En sus primeros años, compaginó esta actividad con la fabricación de componentes como culatas y bombas de agua para firmas de referencia como Pegaso o FASA Renault. Sin embargo, desde sus inicios existió una clara vocación por ir más allá y apostar por el desarrollo de un producto propio.
Ese impulso creativo tuvo un origen muy personal. Movido por el deseo de mejorar la calidad de vida de un amigo churrero con discapacidad, José Luis Blanco comenzó a diseñar y fabricar maquinaria que facilitara su trabajo diario. Así nacieron algunas de las primeras innovaciones de la empresa, como el caldero basculante para el amasado o una de las primeras churreras automáticas, sentando las bases de lo que acabaría convirtiéndose en la actividad principal de la compañía.
Los comienzos fueron tan humildes como ingeniosos: las primeras máquinas se diseñaban en el reverso de hojas de calendario, ya que no había recursos suficientes para adquirir el papel técnico que se utilizaba habitualmente. Esta etapa refleja el carácter emprendedor, práctico y resiliente que ha acompañado a la empresa desde entonces.
Hasta finales de los años noventa del siglo XX convivieron la fabricación de maquinaria para churrería con la producción de componentes para automoción. La crisis industrial de los años ochenta del siglo XX, unida a la crisis del aceite de colza, provocó una fuerte caída de la actividad durante varios meses. Lejos de suponer un freno, esta situación se convirtió en un revulsivo: el tiempo sin carga productiva se aprovechó para diseñar nuevos modelos, ampliar la gama de maquinaria y reforzar la apuesta por el sector churrero.
A partir de los modelos más básicos de amasadoras y churreras, la oferta fue creciendo de forma constante hasta conformar, en la actualidad, un catálogo de unas cuarenta referencias de maquinaria, que cubren todas las fases de elaboración del churro: amasadoras, refinadoras, churreras, expulsores de porras y buñuelos, rellenadoras, entre otras. Paralelamente, la empresa siempre ha tenido como objetivo ofrecer un servicio integral a sus clientes. Por ello, además de la maquinaria, se comercializa una amplia gama de accesorios complementarios (escurridores, barreños, etc.), así como formación especializada para el correcto uso de las máquinas y la elaboración de los productos.
Nuevas instalaciones de Industrias José Luis Blanco en Valladolid
En los últimos años, esta oferta se ha completado con la venta de materias primas y consumibles del sector, como harinas, aceites, chocolate, bolsas y otros productos necesarios para el día a día del profesional.
A finales de los años noventa del siglo XX se incorpora la segunda generación de la familia, que se encuentra con una empresa sólida, bien asentada y con una reputación construida principalmente a través del boca a boca, gracias a una maquinaria de alta calidad y gran durabilidad, capaz de funcionar durante décadas. Conscientes del pequeño pero especializado nicho de mercado al que se dirigían, la estrategia se orientó a ampliar la gama de productos y servicios y a explorar de forma decidida la internacionalización.
En 1998, la empresa se adhiere al Plan PIPE 2000, iniciando así su expansión internacional. De un 5 % testimonial de exportación, se ha pasado a que dos tercios de la producción actual se destinen a mercados exteriores. De este volumen, aproximadamente la mitad se dirige a Europa, mientras que el resto se reparte entre países de todo el mundo. Este crecimiento ha ido siempre acompañado de una firme apuesta por la innovación y la digitalización, aspectos que han sido reconocidos con numerosos galardones en los últimos años.
Entre ellos destacan el Premio Nacional Pyme del Año, otorgado por las Cámaras de Comercio en la categoría de innovación y digitalización; el Premio Especial Empresario del Año 2024, concedido a su actual gerente, Belén Blanco de la Cruz, por la Facultad de Comercio de la Universidad de Valladolid; el premio CEOE en innovación; el premio a la Mejor Empresa de Valladolid, otorgado por Onda Cero; y el Premio a la Internacionalización, concedido recientemente por la Cámara de Comercio, entre otros reconocimientos.
En la actualidad, con la incorporación de la tercera generación, la empresa asegura su continuidad y proyección futura. Hoy, sus productos están presentes en 112 países, manteniendo intactos los valores que la vieron nacer: cercanía, compromiso con el cliente, innovación constante y una clara vocación por facilitar el trabajo de los profesionales del sector, así como por la generación de empleo, que ha pasado de siete a 30 trabajadores en la actualidad.
Dos hijos forman parte ya del proyecto: una ingeniera, Iris, que interviene en los procesos de fabricación de maquinaria y comparte con su madre la afición por los coros musicales; y un hijo, Jesús, con formación universitaria en Comercio, que participa en el desarrollo del producto y actúa como experto cocinero en la formación culinaria de los clientes de la empresa.
Me consta que Belén, en un viaje a las pirámides de Egipto, localizó un fresco milenario que testimoniaba que ya se freían churros en el Antiguo Imperio Egipcio, amén de haber elaborado estudios de nutrición que señalan al churro como un alimento con un perfil nutricional mejor y más sano de lo que solemos pensar, sin aditivos, colorantes ni conservantes. Muy natural.
Pura globalización.
- Antonio-José Sastre Peláez es abogado, mediador familiar y empresario.