Más allá del asombro, Fossilium persigue sembrar una conciencia. «Todo el mundo quiere tener un fósil en casa», advierte Gonzalo, formado en gestión de patrimonio. «Pero el mejor sitio donde puede estar es en el lugar donde se encuentra, y avisar a los servicios competentes. Si cada uno se lleva uno, al final lo destruimos». Fossilium es, ante todo, el legado de Rafael Martín. Una colección construida con paciencia y amor por la ciencia. «No es solo una colección de fósiles extraídos, intercambiados o comprados», subraya Gonzalo. «Es una parte de su herencia, de sus acciones, que ha quedado reflejada aquí».