El presidente de la Conferencia Episcolpal, Luis Argüello, durante la inauguración del XX encuentro Ítalo-Español de derecho constitucional de la Uva sobre la controversia de Valladolid
Argüello alerta de un cambio de paradigma: «La democracia parece precisar vivir como si Dios no existiera»
«Muchas de las iglesias occidentales, al aceptar la separación Iglesia-Estado como algo bueno, hemos metido nuestras referencias intelectuales en el armario», lamentó el arzobispo de Valladolid y presidente e la Conferencia Episcopal Española
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, dijo este viernes que «estamos viviendo un cambio de paradigma en el mundo», en el cual «la democracia parece precisar vivir como si Dios no existiera». Así lo apuntó durante su intervención en el XX Encuentro Italo-Español de Derecho Constitucional, una cita organizada por la Universidad de Valladolid, que reúne al ‘Grupo de Turín’, una red compuesta por unos 80 juristas y académicos de ambos países, con la mirada puesta en las raíces de los Derechos Humanos y su fragilidad en el contexto actual.
El eje central del encuentro de este año ha sido el 450 aniversario de la Controversia de Valladolid (1550-1551), un acontecimiento que enfrentó posturas sobre los límites del poder imperial y la protección de la población indígena, cuando, por primera vez en la historia, un imperio detuvo su expansión para reflexionar sobre la moralidad de sus actos.
Para Argüello, la Controversia de Valladolid no se explicaría sin el Tratado de Tordesillas de 1494, por el cual España y Portugal se repartieron el mundo conocido, y sin el testamento de Isabel la Católica y su codicilo, o sin conocer la Escuela de Salamanca y el «acontecimiento Guadalupano de 1531, que supuso “un antes y un después en el avance de la evangelización».
En declaraciones recogidas por Ical, Argüello que en el mundo «multipolar» contemporáneo, «en la mayoría de los polos hay referencias espirituales con más o menos fortuna». En ese sentido, aludió al caso de a China post Mao, el mundo islámico o la situación en India, Rusia («con Putin bendiciendo las armas de sus soldados») o Estados Unidos, donde aseguró que se producen «debates dramáticos para la unidad de los cristianos». «Evidentemente en muchas ocasiones ese cultivo de lo espiritual es politiquero, está llevado de intereses, pero ahí está», reflexionó.
Para él, «lo hondo de la controversia es preguntarse por la condición humana, por el ser humano, por la dignidad humana», un debate en el cual emerge, a su juicio, «una pregunta sorprendente para la metafísica, tanto para la precistiana como para la iluminada por el acontecimiento pascual: ¿qué significa decir que somos cuerpo y alma?».
En su intervención, recordó la invitación lanzada por el papa Francisco hace dos años durante la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa, en un encuentro con universitarios, a los que animó a «ahondar en las relaciones entre antropología, economía y política, poniendo la cuestión antropológica en el centro de la doctrina social de la Iglesia».
«En la nueva situación de la Iglesia en el mundo no podemos reivindicar un modelo de relación propio de la cristiandad, pero lo que nos está ocurriendo a muchas de las iglesias occidentales es que aceptando el principio de la separación Iglesia-Estado como algo bueno, hemos decidido meter nuestras propias referencias intelectuales en el armario», aseguró sobre una situación que conlleva «un desafío grande»: «La cristiandad ha pasado, pero la presencia de la Iglesia en la plaza pública, no. El coloquio entre fe y razón, no».
Para Argüello, el testamento de Isabel la Católica y su codicilo fueron decisivos en «la expansión tan sorprendente que tuvo el cristianismo en América», al recoger que «la principal intención de la reina fue la evangelización y conversión de los nativos de las Indias occidentales a la fe católica (…) y que no reciban agravio, sino que sean bien y justamente tratados», concluyó.