Una de las sesiones del caso ataúdes de ValladolidLeticia Pérez

Los empleados de la funeraria del cambiazo de ataúdes en Valladolid arremeten contra quien destapó el escándalo

Aluden a la inquina hacia Ignacio Morchón para tratar de desvirtuar y poner en 'solfa' la credibilidad del citado Justo M.

Nuevos testimonios de extrabajadores del grupo funerario El Salvador han venido este lunes a presentar a Justo M., el empleado ya fallecido cuyo dosier de fotos y anotaciones constituye la principal prueba de cargo en el 'caso ataúdes', como una persona que tenía una «inquina» personal hacia el empresario Ignacio Morchón Alonso, también fallecido, y a quien parecía profesar una insana envidia por haber triunfado en la vida.

Siguiendo la tónica de las últimas declaraciones de otros testigos de las defensas, todos ellos exempleados y trabajadores aún en activo, las testificales de esta nueva jornada en la Audiencia de Valladolid han servido para tratar de desvirtuar y poner en 'solfa' la credibilidad del citado Justo M., al que todos los declarantes recuerdan como una persona «soberbia» que no se llevaba bien con ninguno de sus compañeros y a los que habitualmente echaba de las oficinas, «como si él fuera el mismísimo jefe».

Uno de estos testigos, Fernando R.P., jubilado hace 14 años pero que trabajó para el grupo desde 1985 como conductor y tramitador, ha llegado incluso a recordar conversaciones mantenidas con Justo en las que éste, tal y como ha asegurado, en declaraciones recogidas por Europa Press, aprovechaba la más mínima excusa para hablar de Ignacio Morchón, siempre de forma peyorativa.

«Su relación con Morchón era muy mala, siempre le criticaba y llamaba hijo de puta. No sé si era envidia o inquina por que el jefe había prosperado y tenía dinero. Creo que casi llegaron un día a las manos», ha apuntado Fernando R.P., quien ha añadido si Justo no fue despedido es porque, como así le había justificado su jefe, le quedaba ya muy poco para jubilarse.

El exempleado también ha sostenido que «en la vida» ha sido testigo o escuchado que dentro del grupo funerario se hubiera sistematizado el 'cambiazo' de ataúdes para su reutilización en sucesivos sepelios. De hecho, Fernando ha negado haber presenciado la salida de cajas vacías desde el cementerio de Santovenia, tras su supuesto 'reciclado', para ser trasladadas de nuevo al tanatorio con el fin de revenderlas y albergar los cuerpos de nuevos clientes.

Sí ha añadido haber sido testigo de la llegada de cajas nuevas a los almacenes de la empresa y que incluso a él le había tocado colaborar en las tareas de descarga de las mismas.

Quien mandaba era el patriarca

Fernando, al igual que luego han hecho otros exempleados como Santiago E.C., conductor y peón de albañil entre 2004 y 2014, y Agustina P.R., limpiadora, ha matizado que el verdadero jefe del grupo funerario era el ya fallecido Ignacio Morchón Alonso y ha explicado que su esposa y sus tres hijos, también encausados, mantenían un perfil muy bajo e incluso prácticamente insignificante, sobre todo en el caso de la pareja del magnate del féretro, Rosario.

Respecto de sus tres hijos, el extrabajador ha precisado que Ignacio «iba a figurar, se tomaba un café y se leía el periódico», mientras que sobre Rosi ha recordado que «tramitaba facturas» y respecto de Laura no ha concretado nada porque apenas la vio por las instalaciones.

La Audiencia de Valladolid en una nueva sesión del caso ataúdesEuropa Press

Lo que sí ha tenido que confesar el testigo, a preguntas del fiscal, es la relación personal que mantenía con Morchón Alonso, ya que una hermana de éste era cuñada suya, y también la profunda gratitud que le profesaba pues, no en vano, el empresario había contratado a esa cuñada, su esposa, un hijo y un hermano, mientras que también Agustina P.R., cuya declaración ha sido favorable a las tesis de las defensas, ha reconocido que varios de sus familiares cobraban nómina por cuenta del empresario.

Otro de los declarantes, David F.G., quien lleva más de 25 años en el grupo, ha sido igualmente tajante sobre la supuesta actividad delictiva investigada: «Nunca he visto nada, me parece todo muy extraño. Me enteré cuando saltó en la prensa».

El aún trabajador también ha corroborado las apreciaciones sobre la personalidad de Justo M. al presentarle como un hombre «muy poco sociable y amigable». A este respecto, ha manifestado haber escuchado un día a Justo amenazar con «joder un día» al jefe y, en la línea de lo manifestado por otros compañeros, ha asegurado de este último era el alma mater de la actividad empresarial hoy puesta en entredicho.

Aunque el fiscal ha pedido que se le exhibiera un comunicado de los trabajadores mandado en su día a Ignacio Morchón en el que le advertían de que o les pagaba los atrasos o harían público lo que estaba sucediendo en la empresa desde hacía años, en alusión a la materia ahora investigada, David F.G. ha alegado no recordar nada.

Tampoco su testimonio ha sido especialmente aclarativo cuando, igualmente a solicitud de la acusación pública, se le ha mostrado otro comunicado, firmado por UGT y CC. OO., en la que ambas organizaciones denunciaban que la empresa justificaba los impagos alegando problemas económicos.

Entre los testigos ha comparecido Diego A.L., marido de Laura Morchón Vaquero y extrabajador del grupo en labores de tramitador, para rechazar el 'cambiazo' de ataúdes y asegurar, en contra de lo dicho por los familiares de los difuntos, que «siempre se ofrecía la posibilidad de presenciar las incineraciones, aunque no es habitual que lo quieran ver».

Una «recadera»

El marido de Laura ha aprovechado para cimentar la tesis de que su esposa era una mera «recadera» de su padre, quien era el que le daba órdenes para que hiciera distintas funciones y cubriera sustituciones.

También, a propuesta de las defensas, han comparecido ante el tribunal Patricia H. y Mateo S., la primera exempleada de Ocaso y el segundo aún en activo en la citada compañía de seguros, quienes han negado haber tenido sospechas de nada y también han asegurado que nunca han tenido impedimento alguno para moverse por las instalaciones de El Salvador.

El juicio vivirá este martes y el miércoles otras dos jornadas más en las que está previsto el testimonio de otra veintena de testigos propuestos por los letrados defensores de las veintitrés personadas encausadas.