Monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEEJavier Lizon

Argüello señala que la corrupción suele producirse por una «conjunción de codicia, lujuria y soberbia»

El arzobispo de Valladolid pide alquileres con un «precio adecuado» y el pago de «salarios justos» durante su homilía de San Pedro Regalado, que puede leer íntegra a continuación

El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha reclamado este miércoles el establecimiento de alquileres con un «precio adecuado» y el pago de «salarios justos» frente a una cultura de la «codicia» que fomenta la corrupción. Durante la homilía de San Pedro Regalado en la Catedral, el prelado ha instado a los propietarios de viviendas y a los empresarios a actuar bajo criterios de caridad y justicia, más allá de las reglas dominantes del mercado.

Argüello ha planteado preguntas directas sobre la gestión de los bienes en la sociedad actual. En concreto, ha cuestionado si los titulares de varias viviendas fijan las rentas solo por el mercado o si buscan un precio justo, y ha apelado a los empresarios para que no aprovechen la «gran reserva» de parados e inmigrantes sin papeles con el fin de ofrecer sueldos bajos o realizar pagos en negro, ya que, a su juicio, estas prácticas suponen una forma de vivir «contracorriente» necesaria para renovar la vida del mundo.

En el plano político, el arzobispo ha advertido sobre el riesgo de que el poder se convierta en un «fin en sí mismo» que deba conservarse «a toda costa» y ha asegurado que la corrupción política y económica suele producirse por una «conjunción de codicia, lujuria y soberbia», desde un sistema que ensalza el dinero y el empoderamiento individual. Por ello, ha pedido a quienes ostentan cargos públicos una «obediencia a la justicia» y a la Constitución que evite ver al adversario como un enemigo.

El prelado ha lamentado que el modelo cultural actual realice un «elogio permanente» de la sexualidad sin vínculos y del lucro injusto, lo que a menudo desemboca en abusos de poder que generan desesperanza. Frente a esto, ha propuesto el ejercicio de la «fraternidad» y la «entrega» como herramientas para transformar las tendencias a «tener más y pasarlo bien a costa de lo que sea», recordando que la santidad también se manifiesta en la vida cotidiana y en la relación con los bienes materiales.

Finalmente, Argüello ha invocado el ejemplo de Santo Toribio de Mogrovejo, defensor de los indígenas y de los derechos de los niños, para subrayar la importancia de proteger a los más vulnerables y ha concluido con un llamamiento a ensayar una «economía del compartir» y a alzar la mirada hacia una vida rica en la pobreza y plena en los vínculos sociales, en el marco del Año Jubilar diocesano dedicado a la santidad.