Imagen de un Siluro Glanis
Un pez capaz de devorar a un perro aparece en una zona de baño y pesca de Salamanca
Su introducción fuera de su hábitat preocupa porque esta especie está considerada uno de los grandes depredadores de agua dulce en Europa
La alarma saltó en el embalse de Santa Teresa, uno de los espacios recreativos más frecuentados del sur de Salamanca, cuando un pescador local capturó un ejemplar de siluro de 74 centímetros. La especie, considerada uno de los grandes depredadores de agua dulce en Europa y capaz de engullir desde aves hasta pequeños mamíferos, apenas había sido documentada en la provincia. Su irrupción en un lugar habitual para bañistas y pescadores ha encendido todas las alertas.
El hallazgo se produjo en agosto de 2025, cuando el pescador notó un tirón inusual en la línea. Al sacar la pieza, la sorpresa fue inmediata: un cuerpo alargado, mucoso, oscuro, con la característica cabeza ancha y los seis barbillones que identifican al Silurus glanis, una especie invasora cuya expansión preocupa desde hace años a los expertos en biodiversidad.
El siluro es el pez de agua dulce de mayor tamaño de Europa. En su hábitat óptimo puede alcanzar 2,5 metros y superar los 100 kilos, aunque en algunos ríos italianos se han registrado ejemplares de hasta 174 kilos. Su anatomía (cuerpo robusto, piel sin escamas, boca enorme y una aleta que recorre más de la mitad del cuerpo) lo convierte en un cazador extremadamente eficiente.
El embalse de Santa Teresa, en Salamanca
Su dieta es tan amplia como su tamaño: peces, anfibios, aves acuáticas, roedores e incluso perros que se acercan a la orilla en zonas donde la especie está muy asentada. Aunque el ejemplar capturado en Salamanca era todavía joven, su presencia confirma que el embalse podría estar siendo colonizado.
El siluro fue introducido en España en 1974 en el pantano de Mequinenza (Zaragoza), supuestamente por un particular. Desde entonces se ha extendido por el Ebro y sus afluentes, y también por embalses de Castilla y León, especialmente en Burgos y Soria. .
La especie prospera en aguas profundas, turbias y tranquilas, condiciones que Santa Teresa reúne sobradamente. Además, soporta bajos niveles de oxígeno y cierta salinidad, lo que le permite colonizar con facilidad nuevos entornos. Su carácter sedentario y su capacidad para invernar en zonas profundas complican aún más su detección.
Los adultos suelen alimentarse de noche, lo que dificulta observarlos. Su impacto ecológico es enorme: altera la cadena trófica, desplaza a especies autóctonas y puede provocar daños irreversibles en los ecosistemas donde se instala.
Santa Teresa es un enclave muy concurrido en primavera y verano, tanto para el baño como para la pesca recreativa. Aunque los expertos insistían en que el riesgo para las personas es bajo, la presencia de un depredador de gran tamaño en una zona de ocio generó cierta inquietud.
«Es un pez que puede comerse a un perro sin dificultad», señalaban entonces. «No es habitual que ataque a humanos, pero su sola presencia altera el equilibrio del embalse y puede afectar a especies como la carpa, el barbo o el cangrejo autóctono».
Control del siluro en los embalses
Castilla y León aprobó en 2024 un plan de control del siluro para los embalses donde su presencia ya estaba confirmada: Sobrón, La Cuerda del Pozo, Los Rábanos y el azud de Almarail. Salamanca no figuraba en esa lista, pero la captura en Santa Teresa confirma que las medidas deben ampliarse.
Los especialistas coinciden en que la erradicación total es prácticamente imposible. Las estrategias pasan por campañas de descaste, vigilancia continua y, sobre todo, por frenar las introducciones ilegales, una práctica que algunos pescadores realizan para fomentar la pesca deportiva del siluro, pese al enorme daño ambiental que provoca.
Desafortunadamente, en este mismo año 2026 ya se ha detectado algún siluro en el Tormes y todo apunta a que su llegada al río no responde a un proceso natural, sino a una introducción deliberada por parte de pescadores.
Su presencia en otros ríos ha demostrado que es una clara amenaza para la fauna local, como sucedería con la trucha del río Tormes, uno de sus mayores valores.