El muro de la iglesia del monasterio de Guisando ha hecho de parapeto

El muro de la iglesia del monasterio de Guisando ha hecho de parapetoAgencia ICAL

El milagro de Guisando: el fuego arrasa el Cerro pero el monasterio y los toros se salvan de las llamas

«Mucha gente podría haber ayudado», se lamenta Julián un ingeniero de Montes que contempla totalmente desolado cómo se ha quemado el monte

Todos los que aman Ávila miran con desolación la destrucción que el fuego va dejando a su paso. Los intensos verdes que solían cubrir los valles del Tiétar y del Alberche se han tornado en desmoralizadores grises y negros que tardarán en desaparecer. Colores que hablan de devastación y ruina.

Pero afortunadamente, entre tanta devastación surgen 'pequeños-grandes' milagros que dan pie a la esperanza. Uno de ellos lo encontramos en el Cerro de Guisando, un paraje que hasta hace menos de una semana era todo un paraíso natural en el término municipal de El Tiemblo y que hoy, por desgracia, está totalmente arrasado.

Poca gente como Julián Juste conoce la zona. Y es precisamente él el que lanza ese pequeño rayo de luz entre tanta oscuridad al confirmar que tanto los Toros de Guisando como el Monasterio de San Jerónimo de Guisando han podido salvarse de las llamas. «Ha sido un milagro», tiene claro el propietario de ambos monumentos pero que recalca especialmente la situación del monasterio: un centenario monumento que, por otra parte, no es la primera vez que sufre un incendio: en 1521, 1808 y 1979 las llamas afectaron el entorno y el emblemático edificio.

Ahora, en pleno siglo XXI, el fuego ha querido atacar también el monasterio. Así que, al milagro de que las llamas no hayan afectado a su casa y a su ganadería (ubicadas ambas muy cerca del cerro y salvadas en gran medida, recalca Julián, al trabajo llevado a cabo por ellos mismos construyendo un pequeño cortafuegos) Julián suma el milagro del monasterio. «Todo el monte se ha quemado. Pero hemos tenido relativa suerte porque el incendió entró de norte a sur, desde la iglesia, hacia los claustros», comienza a explicar el desarrollo del fuego en el monte que tanto ama.

Iglesia del monasterio de Guisando

Iglesia del monasterio de GuisandoAgencia ICAL

De hecho, ha sido la iglesia, con su gran muro, la que ha logrado que el fuego no siguiera avanzando hacia el interior del monumento. «La iglesia ha hecho de parapeto del fuego. Sí que se ha quemado la preciosa hiedra que cubría el muro, pero se han salvado la obra nueva, los tejados…», se muestra aliviado Julián, que en el otro lado de la moneda sí que habla de cómo se ha quemado buena parte del jardín del claustro principal, el jardín de entrada al recinto, y los laberintos de boj. «El monasterio tiene algunos desperfectos estructurales, pero no son graves», quiere Julián quedarse con la parte positiva de la desgracia.

Habla Julián de la velocidad a la que se propagó el fuego. Esa rapidez y la dimensión de las llamas hicieron que prácticamente fuera imposible pararlo antes de llegar al monasterio. Aunque, eso sí, el cortafuegos que Julián tenía ya construido hace tiempo en torno al monasterio ayudó a que el mal fuera menor. «Sí que ha ayudado, pero es verdad que cuando el fuego de estas características lo salta lo protege sólo relativamente», reconoce Julián, que habla de cómo una pavesa incendiada pueda viajar por el aire hasta un kilómetro, accediendo a zonas que, en principio estaban protegidas.

«Para apagarlo tiene que haber gente arriba», dice, «pero a quien realmente sabe cómo hacerlo los echaron». Denuncia así Julián el que no se tuviera en cuenta ni la opinión ni la ayuda de la gente del terreno: hombres y mujeres como él que conocen muy a fondo la zona. «Mucha gente podría haber ayudado», se lamenta Julián un ingeniero de Montes que contempla totalmente desolado cómo se ha quemado el monte que, dice, conoce más por sus años y años de dedicación al mismo que por sus estudios universitarios.

Ahora, y aún con el fuego ardiendo alrededor y el humo entrando en casa, Julián está ya manos a la obra para devolver cuanto antes la normalidad a la zona. «Yo ya estoy viendo cómo vamos a salir de ésta», traslada totalmente convencido de que así va a ser. «Estoy viendo qué necesitamos; piquetas, tuberías, electricidad para el monasterio….», enumera el mucho trabajo que sabe que tiene ahora por delante. Pero lo hará con esperanza, porque también sabe que en el cerro han quedado «parches» sin quemar. «Se va a recuperar más rápido de lo que pensamos», se despide. Ojalá sea así, Julián.

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