Al fondo, imagen del muro de hormigón que retiene las aguas del Esla y el parador de Riaño antes de su demolición

Al fondo, imagen del muro de hormigón que retiene las aguas del Esla y el parador de Riaño antes de su demoliciónIsabel de la Calle

El Parador que sucumbió bajo las aguas de un embalse: un gigante de piedra en la «Suiza española»

Su fama trascendió fronteras y los reyes de Bélgica, Balduino y Fabiola, eligieron aquel mirador natural para celebrar su luna de miel

Antes de que el agua borrara su silueta, Riaño era un pueblo ganadero de referencia y una de las zonas trucheras más importantes de Europa. Con un paisaje tan imponente de prados rodeados de picos de piedra, muchos lo llamaban la 'Suiza española' antes del pantano. Los fiordos leoneses lo llaman ahora.

Allí, en lo alto de un promontorio a 1.067 metros, se levantaba el Parador Nacional de Turismo de Riaño, inaugurado el 7 de julio de 1951. Un edificio de piedra caliza labrada, madera y mármol de Besande que dominaba el valle. Su presencia marcó un antes y un después en la comarca, convirtiéndose en el primer parador verdaderamente rentable de la red, según se repetía entonces.

Luna de miel de los Reyes de Bélgica

El establecimiento contaba con 36 habitaciones, tres plantas para huéspedes y dos sótanos destinados a mecánicos y chóferes. Su plantilla de treinta trabajadores mantenía el hotel operativo todo el año, y su fama trascendió fronteras, de hecho, en 1960, los reyes de Bélgica, Balduino y Fabiola, eligieron aquel mirador natural para celebrar su luna de miel. Esta visita aún se recuerda hoy en día durante el recorrido que los barcos turísticos realizan por el embalse.

Sentarse en su terraza era, según cuentan quienes lo vivieron, «el mayor lujo de los años cincuenta».

Sin embargo, la vida del parador fue tan brillante como efímera, ya que apenas tuvo 18 años de actividad plena. A partir de 1961 comenzaron las aperturas parciales por la climatología adversa durante el invierno.

Imagen de los Reyes de Bélgica en el Parador de Riaño

Imagen de los Reyes de Bélgica en el Parador de Riaño

En 1963, el llamado Anteproyecto del Embalse de la Remolina reactivó la vieja idea de construir una gran presa en el valle del Esla. Tres años después, el Decreto 2.755 aprobó medidas para el desarrollo económico y social de Tierra de Campos, y las obras del muro comenzaron. La sombra del pantano empezó a avanzar sobre Riaño.

El cierre antes de la demolición

El parador cerró definitivamente en 1969. Oficialmente, por problemas de viabilidad económica. Extraoficialmente, muchos sostienen que su clausura formó parte de la «trama» para preparar a la comarca para el sacrificio del valle. Ver desde sus terrazas la belleza que iba a desaparecer era, dicen, demasiado elocuente.

La presa se terminó en otoño de 1976, pero el drama final llegó más tarde. Entre 1986 y 1987, los derribos de los nueve pueblos del valle (Anciles, Escaro, Hueldes, La Puerta, Vegacernega, Pedrosa del Rey, Burón, Riaño y Salio) se sucedieron entre protestas, detenciones y resistencia vecinal.

Nuevo pueblo de Riaño, junto al embalse

Nuevo pueblo de Riaño, junto al embalseIsabel de la Calle

El 31 de diciembre de 1987 se cerró la presa y el agua comenzó a subir. Bajo ella quedaron casas, recuerdos, huertas, iglesias y también el parador, que había sido demolido previamente. Con él desapareció un símbolo de prosperidad y orgullo para la Montaña Leonesa.

Hoy, bajo el embalse de Riaño duerme un parador que en los años 50 y 60 fue motor económico y escaparate de la comarca y que ahora es un recuerdo sumergido.

El Ayuntamiento de Riaño reclama desde hace años la construcción de un nuevo parador, una promesa lanzada en 1969 y nunca cumplida.

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