Carrera de Caracoles de Peroniel del Campo (Soria)A.Castaño / Ical

El pequeño pueblo de Soria que lleva 43 años celebrando la carrera más lenta

La carrera de Peroniel del Campo, ya célebre, nació para revivir el pueblo frente a la despoblación

Peroniel del Campo, pequeña pedanía de Almenar de Soria, ha vuelto a convertirse en un escenario tan pintoresco como entrañable con la celebración de sus fiestas patronales en honor a la Santísima Trinidad.

Entre verbenas, encuentros vecinales y el bullicio propio del verano, ha emergido estos días una cita que ya es marca de identidad, la célebre carrera de caracoles, una competición tan singular que cada año, desde hace 43, atrae a curiosos de toda la provincia dispuestos a presenciar cómo estos diminutos atletas se disputan la gloria local.

Lo que comenzó hace décadas como un juego improvisado entre vecinos se ha transformado en un campeonato perfectamente organizado, con reglamento, jueces y dos modalidades que ponen a prueba las habilidades (y la paciencia) de estos pequeños atletas gasterópodos.

Niños en la carrera de caracoles de Peroniel del Campo (Soria)A.Castaño / Ical

En Peroniel del Campo –36 vecinos censados en 2010–, la carrera de caracoles no es una excentricidad, es un símbolo de comunidad, humor y arraigo rural, una forma de reivindicar la vida en los pueblos desde la creatividad y el cariño por las costumbres.

La primera prueba, la más llamativa, es la cronoescalada vertical. Sobre una maqueta del castillo de la localidad, los caracoles deben ascender por sus muros como si fueran auténticos escaladores medievales. El público observa fascinado cómo cada competidor avanza milímetro a milímetro, dejando tras de sí un rastro brillante que marca su progreso.

En la imagen una de las participantes inscribe a su caracol para la pruebaFernando Santiago / Ical

La tensión es real: algunos caracoles se detienen a mitad de camino, otros parecen encontrar rutas inesperadas, y los más experimentados conquistan la cima con sorprendente determinación. La prueba, más que una carrera, es un espectáculo de resistencia y estrategia natural.

La segunda modalidad es la carrera en línea, donde la velocidad es la protagonista. Sobre una pista plana especialmente acondicionada, los caracoles compiten por ser los más rápidos en un recorrido recto que exige concentración y un buen ritmo de deslizamiento.

Uno de los niños muestra su caracol momentos antes de la carreraFernando Santiago / Ical

Los jueces, atentos a cada movimiento, cumplen una función esencial, refrescan a los competidores con pequeñas pulverizaciones de agua para estimular su avance y evitar que el calor ralentice la marcha. El público anima, comenta, ríe y se sorprende con los inesperados acelerones de algunos participantes, que parecen despertar de repente y lanzarse hacia la meta con una energía casi competitiva.

Más allá de la anécdota, la carrera de caracoles se ha convertido en un punto de encuentro intergeneracional. Niños que descubren la emoción de la competición, mayores que recuerdan ediciones pasadas, visitantes que se integran en la fiesta como si fueran del pueblo de toda la vida.

En Peroniel del Campo, cada verano los caracoles vuelven a ser protagonistas. Y mientras sigan despertando sonrisas y reuniendo a vecinos y forasteros alrededor de una pista diminuta, esta peculiar competición seguirá siendo uno de los tesoros festivos más queridos de la provincia de Soria.