Juicio al acusado de maltrato animal en un criadero de perros en Melgar de Fernamental (Burgos).
El dueño de un criadero de perros de Burgos acusado de maltrato animal afirma que huyó por la presión de la Guardia Civil
Los veterinarios coinciden en el avanzado estado de abandono que presentaban los animales cuando fueron rescatados
El acusado de maltrato animal en un criadero de perros en Melgar de Fernamental (Burgos), D.O, ha asegurado que huyó y se escondió en zonas boscosas por la presión que sufrió de la Guardia Civil, que ha afirmado que le provocó sensación de inseguridad, por lo que decidió exiliarse a México, tras lo que acabó en Venezuela.
D.O, en la última sesión del juicio que ha quedado visto para sentencia, ha asegurado que sufrió una presión constante traducida en inspecciones continuas del Seprona en la que, en la mayoría de los casos, los agentes acudían para comprobar el estado de los animales, que siempre se encontraban en condiciones de salud, o para exigirle obras en las instalaciones que le terminaban denegando por la vía administrativa.
Lejos de resolverse por cauces formales, ha señalado que el clima de tensión escaló hasta derivar en múltiples incidentes con los agentes y ha denunciado que era interceptado sistemáticamente en cuanto los guardias civiles lo veían por la zona, lo que derivó en arrestos recurrentes, la mayoría fundamentados en acusaciones que posteriormente tumbaban los tribunales, según recoge Europa Press.
En esta línea, ha explicado que, tras acumular varias denuncias, todas ellas recurridas y ganadas en los juzgados, la presión se intensificó hasta el punto de dictarse una orden de búsqueda y captura contra él, una situación que le obligó a huir y a esconderse durante un tiempo en zonas boscosas.
Sin ahorros y con una sensación asfixiante de inseguridad, tomó la decisión de marchar al exilio rumbo a México para intentar rehacer su vida, aunque intentó regresar a España coincidiendo con la crisis sanitaria del covid-19. Sin embargo, ante la imposibilidad de retornar en ese momento, terminó desplazándose a Venezuela junto a su nueva pareja, donde fue arrestado e ingresado en una prisión del país caribeño en el que ha afirmado que sufrió torturas extremas y privaciones severas de agua y alimentos.
El acusado estaba huido de la justicia desde el 2020 y el pasado mes febrero fue detenido en Venezuela y extraditado para ser juzgado en España, algo que ha ocurrido seis años después de que la Guardia Civil desmantelara un criadero en el que había más de un centenar animales en condiciones higiénicas y sanitarias lamentables.
El juicio, que se inició el martes en el Juzgado de lo Penal número 2 de Burogs, ha finalizado este viernes con el mantenimiento de la petición de penas de la Fiscalía y la acusación particular, que solicitan entre 18 y 30 meses de prisión por presunto un delito de maltrato animal. Además, según el Ministerio Fiscal y la acusación, se enfrenta también a otro delito de alzamiento de bienes, con una petición de tres años por reincidencia del detenido, que ya había sido condenado a un año por maltrato animal en octubre de 2019.
Por su parte, la defensa del acusado ha solicitado «la absolución» de su cliente, al considerar que ha habido «vulneración de derechos fundamentales» al no haber dispuesto en todo momento de abogado y ha cuestionado el proceso de extradición desde Venezuela al no exisitir en el país delitos de este tipo.
Testimonio de los veterinarios
Además, a lo largo de la vista han declarado varios peritos veterinarios que han ratificado los testimonios recogidos en sus respectivos informes. Todos ellos han confirmado en el acto de juicio las «graves» patologías y «desnutrición» de los animales de la denominada 'criadero de los horrores' de Melgar de Fernamental.
Los informes forenses de los ejemplares detallan casos de «deshidratación severa, parásitos, lesiones crónicas» y signos compatibles con «hepatitis por agentes externos». Uno de los veterinarios ha expresado en el juicio que tras el examen individualizado sobre los animales se detectó un panorama crítico de salud.
Durante las diligencias, uno de ellos constató que los ejemplares, entre los que se encontraba un doberman, sufrían cuadros severos de desnutrición y deshidratación, además de parasitosis y diversas lesiones crónicas de carácter prolongado. En los testimonios, conforme a los informes técnicos que emitió en su día, ha detallado que varios de los animales presentaban también indicios compatibles con «enfermedades sistémicas».
En determinados casos, los especialistas observaron afecciones como hepatitis, cuyo origen podría vincularse tanto a la exposición a agentes externos como a un avanzado estado carencial derivado de las condiciones de mantenimiento.
Falta de cuidados «básicos»
La sesión judicial ha continuado con la declaración de una segunda perito veterinaria, centrada en esta ocasión en el análisis de dos de los animales afectados. A preguntas de la fiscal, la especialista detalló las condiciones en las que se encontraban los ejemplares, un diagnóstico que «demostró de forma evidente que no habían recibido los cuidados básicos» ni la atención que necesitaban.
Pese a la gravedad del cuadro clínico inicial, los animales atendidos consiguieron salir adelante y recuperarse favorablemente gracias a la administración de los tratamientos veterinarios oportunos. Interrogada sobre el posible desenlace de no haber mediado esta intervención, la experta fue categórica al advertir que, «de no haber contado con dicha asistencia a tiempo», los animales habrían acabado falleciendo.
Los informes de las 21 autopsias realizadas expuesta en el juicio ha sacado a la luz un escenario de «abandono extremo y maltrato animal» continuado. Los informes técnicos elaborados por el especialista detallan que las víctimas, cachorros de hasta siete meses de edad, presentaban «indicios inequívocos» de haber sufrido una privación prolongada de alimento, lo que desencadenó situaciones límite de desesperación dentro del recinto donde se encontraban.
Además, los análisis forenses sitúan el fallecimiento de los ejemplares entre diez y 25 días antes de la intervención oficial en el lugar. Durante este intervalo, el hambre extrema llevó a los animales a desarrollar conductas desesperadas como la coprofagia, evidenciada por la presencia de piedras en el estómago, y, tal como confirman los informes y las marcas de mordiscos, episodios evidentes de canibalismo entre los propios compañeros de cautiverio.
El cúmulo de lesiones traumáticas por agresiones cruzadas, unido a la caquexia y al total desamparo en el que vivían, configura pericialmente un panorama desolador de «desatención» sistemática que derivó en la muerte.