El secretario de Organización de Podemos, Pablo Fernández, en Valladolid
Perfil
Pablo Fernández, el quiosquero leonés que hundió a Podemos en Castilla y León y ahora busca trabajo en Madrid
El secretario de Organización de los 'morados' busca acomodo en el Ayuntamiento de la capital tras reducir al partido a la mínima expresión en su tierra
Podemita de primera hora, Pablo Fernández (León, 1976) pretende devolver al partido morado a las instituciones madrileñas. Después de darle la vuelta al eslogan guerracivilista de «Madrid será la tumba del fascismo» –en realidad, Madrid, o su Asamblea, fue la tumba de Podemos en la Comunidad–, el partido neocomunista quiere «asaltar» de nuevo el Ayuntamiento de la capital, de donde se marchó por la puerta de atrás tras el Gobierno de Manuela Carmena dentro de las habituales guerras intestinas de la izquierda.
El «quiosquero de Podemos», por su etapa como autónomo al frente de un negocio de prensa en la capital leonesa es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, si bien su trayectoria profesional se ha centrado principalmente en la política. Desde los orígenes de Podemos, en 2014, Fernández ha formado parte del núcleo duro de la formación fundada por Pablo Iglesias, dentro del «Consejo ciudadano» y formando parte de su equipo legal.
Solo un año después, en 2015, se convierte en el secretario general de la organización en Castilla y León y ejerce de candidato a las elecciones autonómicas en 2015, 2019 y 2022. Fruto de estos comicios, primero es procurador por León y en 2022, por Valladolid. Sus resultados electorales en la Comunidad sirven para escenificar el auge y caída de Podemos, en general, y de Podemos Castilla y León, en particular.
En las elecciones autonómicas anteriores a la llegada de Podemos, la izquierda radical obtuvo algo más de 75.000 votos, con casi 70.000 para Izquierda Unida y el resto para los animalistas de PACMA. Cuatro años después, un Podemos disparado al calor de las tertulias se convertía en tercera fuerza en las Cortes, donde logró diez escaños fruto de las 163.637 papeletas que recabó. En 2019, los castellanos y leoneses fueron de nuevo llamados a las urnas y entonces ya se constató que, como muchos analistas vaticinaban, ese Podemos que llegó a acechar la Moncloa era, en efecto, flor de un día.
Sacaron 68.787 votos y se tuvieron que conformar con apenas dos escaños que los relegaban al grupo Mixto, pero ello no fue óbice para que el partido lo eligiese como coportavoz, en 2021. En 2022, pese a ir de la mano de IU, la historia electoral se repetía y los 'morados' incluso perdían peso: 61.290 sufragios y un solo procurador: él, aunque haciendo mucho ruido y prodigándose con cada vez mayor frecuencia por las tertulias televisivas, donde protagonizaba –y lo sigue haciendo– broncos enfrentamientos y faltas de respeto hacia quienes no pensaban como él. Mientras sus competidores de Sumar se iban fraguando a base de sonrisas, las caras con gesto agrio y las voces en grito de Podemos se iban traduciendo en cada vez menos votos.
Pablo Fernández, discutiendo en una de sus últimas sesiones plenarias en Castilla y León
Entre tanto, Fernández iba ganando peso en Madrid y a mitad de Legislatura en Castilla y León los 'morados' lo eligen como nuevo secretario de Organización, en un cargo que a día de hoy aun ostenta. En su tierra natal, sin embargo, poco a poco iba haciéndose a un lado, hasta el punto de que en 2025 renuncia a seguir llevando la coordinación autonómica, que recae en Miguel Ángel Llamas, a la postre candidato electoral en 2026. Los 'morados' quedaron fuera del parlamento castellano y leonés tras los comicios de marzo, al conseguir apenas 9.225 votos en coalición con Alianza Verde.
Y, así, medio año después, Fernández decide hacer definitivamente las maletas y poner rumbo a Madrid para intentar arrebatarle el bastón de mando de la Villa y Corte al 'popular' José Luis Martínez-Almeida. O, al menos, a seguir pudiendo vivir del erario una temporada más. Y eso que los primeros estatutos de Podemos hablaban de estar no más de dos legislaturas, ocho años, en un cargo público. Ahora, Fernández anhela permanecer, al menos, hasta 2031. Y es que, como apuntaba a finales de 2025, cuando se despidió de las Cortes de Castilla y León, «el tiempo pasa, estos diez años y medio se me han pasado como un suspiro».