Incendio forestal en Fermoselle (Zamora)José Vicente

Ninguno de los incendios forestales sufridos por Castilla y León este mes han surgido por causas naturales

Los datos provisionales de la Junta de Castilla y León muestran que al menos la mitad de ellos fueron intencionados

Los incendios forestales siguen arrasando España un verano más. De hecho, la superficie quemada este año en nuestro país representa la friolera del 44,4 % del total de la Unión Europea, de acuerdo con los datos del Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea (EFFIS) de Copernicus. En el caso de Castilla y León, la Comunidad ha vivido alguno de los peores, como el de Fermoselle, en Zamora, y, especialmente, el de Burgohondo, en Ávila, uno de los más devastadores entre los que ha sufrido el territorio nacional.

Este último, que todavía no ha sido extinguido, aunque sí está controlado, tiene en su origen la mano del hombre, en una dinámica que se repite en la inmensa mayoría de los sufridos en la comunidad autónoma castellana y leonesa en las últimas fechas.

Y es que, aunque un aumento de las precipitaciones que aumente la masa forestal, unido a una posterior sequía que la convierta en combustible, son elementos necesarios para que un fuego se expanda virulentamente, las negligencias, los accidentes o, directamente, una acción deliberada por parte de pirómanos e incendiarios se convierte en la variable indispensable en la mayoría de los casos.

Los datos de INFORCYL, la plataforma pública de la Junta de Castilla y León para la comunicación a la ciudadanía de información en directo sobre incendios forestales, lo muestra a las claras. A fecha de este 17 de septiembre, el informe avance de causas y superficies de los fuegos en la Comunidad muestra que de los 12 que han tenido actividad a lo largo del mes, seis de ellos han sido intencionados.

Incendio en Burgohondo, ÁvilaRmestudios

Se trata de los originados en Suzana, en Miranda de Ebro (Burgos); el de Pendilla de Arbas, en León; el de Baltanas, en Palencia o el de Astudillo, en la provincia palentina. También, los de Moriscos y Santa Marta de Tormes, en la provincia de Salamanca.

Hay otros dos en los que las primeras pesquisas apuntan, asimismo, a la mano del hombre como origen: el mencionado de Burgohondo, que nació por una negligencia en el uso de maquinaria pesada –en unas fechas en las que estaba expresamente prohibido por el Gobierno autonómico– y el de Cigales, en Valladolid, al que INFORCYL atribuye un origen «Accidental (motores y máquinas)».

Hay, por último, otros tres incendios forestales que se encuentra todavía en investigación, por lo que aun no se puede determinar su verdadera causa y, por tanto, establecer que sus orígenes fueron las causas naturales: el de Cilleruelo de Bezana, en el burgalés Valle de Valdebezana; el de Sequera de Fresno, en la provincia de Segovia; y el de Galisancho, en Salamanca. En el caso del primero, hace tres años la Guardia Civil ya investigó a un hombre por otro fuego en el mismo lugar.