Miguel de Unamuno, en la Universidad de Salamanca

Miguel de Unamuno, en la Universidad de Salamanca

Se cumplen 92 años de la última clase de Unamuno en Salamanca, a la que fue hasta el presidente de la República

La importancia del acto que marcó la jubilación del profesor vasco hizo que acudiera incluso el entonces Jefe de Estado, Alcalá-Zamora

Salamanca recuerda este miércoles el 92º aniversario de una escena que marcó su historia universitaria: la última clase que Miguel de Unamuno impartió en la Universidad de Salamanca, en un ambiente de homenaje nacional y con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá‑Zamora.

A finales de septiembre de 1934, la ciudad se transformó para despedir al rector y catedrático más emblemático de su claustro. La jubilación de Unamuno no fue un trámite administrativo, sino un acontecimiento sin precedentes. Durante dos jornadas, Salamanca se convirtió en escenario de celebraciones académicas, religiosas y populares. La tuna recorrió las calles, las instituciones se sumaron al homenaje y la ciudadanía acompañó al escritor en un tributo que trascendió lo local.

La mañana del 29 de septiembre, el presidente de la República, Niceto Alcalá‑Zamora, y el presidente del Gobierno, Ricardo Samper, llegaron a Salamanca acompañados de varios ministros. La visita subrayaba la dimensión nacional del acto. Entre las ceremonias oficiales destacó la celebrada en el Ayuntamiento, donde se descubrió una lápida en honor del intelectual vasco, símbolo de la gratitud de la ciudad que lo acogió durante décadas.

La relevancia del homenaje fue tal que el Gobierno decidió aplazar el inicio del curso académico en todas las universidades españolas, para permitir que los catedráticos del país acudieran a Salamanca. Se abrió además una suscripción económica en apoyo al escritor y se anunció la preparación de una edición completa de sus obras, gesto que buscaba reconocer su legado literario y filosófico.

Miguel de Unamuno, en Salamanca

Miguel de Unamuno, en Salamanca

El 30 de septiembre, Unamuno pronunció en el Paraninfo su discurso de despedida. Visiblemente emocionado, evocó su regreso del destierro y el recibimiento que le brindó la ciudad: «Aquí vine después de la vida de destierro y no olvidaré aquel entusiasmo del alma salamantina, que me recibió con regocijo inmenso porque retornaba a su casa».

Recordó también la proclamación de la República y la vibración cívica de la Plaza Mayor aquel día, «escenario de la civilidad salmantina y de la emancipación del espíritu de este pueblo».

Aquel discurso cerró una etapa y abrió otra, la del Unamuno ya jubilado, pero aún figura central en la vida intelectual española. Salamanca, 92 años después, sigue reconociendo la huella de aquel maestro que convirtió sus aulas en un espacio de pensamiento vivo.

Y es que su vínculo con la ciudad fue tan profundo que siempre regresó a una ciudad en la que falleció en 1936, solo dos años después de jubilarse.

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